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Fragmento N°1

«Lee la historia de El Llamado del Ocaso a partir de aquí, espero lo disfrutes, buen viaje. Si eres nuevo en la historia, te sugiero visitar previamente la sección «¿Cómo Leer?» para sacar el máximo provecho de la lectura.

El efecto prologando del sol despierta sensaciones confusas en el cuerpo de un hombre. La exposición prolongada genera fastidio en una fase temprana, similar al que genera una mosca al revolotear alrededor, luego uno no comprende si es el calor abrasador o una fiebre interna lo que comienza a generar un malestar que distrae al vigía de su labor.

Para colmo, estaban abandonando las Antillas, y la brisa que suele recorrer los recodos y orillas de las islas e islotes abriéndose pasos entre la vegetación costera , dio paso al mar abierto, interminable, y para mal de Coise, que se encontraba en la cofa cumpliendo su ronda, también dio paso a la calma. Fue como si alguien obstruyera el fuelle que les brindaba esa adictiva y ocasional, pero refrescante brisa.

Lo que inquietaba al capitán Gregor, es el cansancio que culmina al final de una ronda de guardia en el palo mayor, el agotamiento genera que los hombres se distraigan, que quieran hacer lo posible para cumplir su turno y descender a reposar para que otro marinero asuma la guardia. Necesitaba que Coise estuviese alerta, ya que su situación no era la mejor de todas.

Después de 7 meses guerreando y pillando en las Antillas, la corona española le había puesto un precio a su cabeza, a la cabeza de sus hombres, y a su barco. Hubiese preferido hacer los preparativos necesarios para partir, pero la codicia le jugó una mala pasada, y la búsqueda de una nueva víctima los hizo estacionarse mas de lo requerido en esas aguas.

Su plan era regresar con su último botín al páramo (así le decían sus hombres a la bahía escondida detrás de bancos de arena y ciénagas, que usaban para repostar) recoger el fruto de esos 7 arduos meses y llevarlo al enclave que poseían cerca de Ozouri, en la costa occidental de África.

Pero sus cálculos no contemplaron que el opulento de Felipe III declarara la guerra a las provincias unidas, Inglaterra y Francia, luego de 12 años de paz. Para su pesar, él no era completamente inglés, era mitad escocés, pero su tripulación era una maraña de ingleses, franceses, e incluso algunos de sus hombres eran provenientes de la región del puerto de Naarden.

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Fragmento N°280

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Tal vez fueron las cicatrices sobre su cuerpo, o los restos de vendaje aún húmedos por la sangre y el pus, pero Elizabeth quedó impactada por la apariencia del nativo. Su semblante era algo espectral, su cabeza estaba levemente inclinada hacia la izquierda, se encontraba sentado de manera firme, con sus manos reposando sobre sus muslos mientras la observaba. Las heridas aún recientes marcaban su rostro y torso, algunas semi cubiertas por trozos de venda que se encontraban manchados de tonalidades grises y amarillentas.⠀

Cuando habló, Elizabeth se sobresaltó:—Me alegra que se encuentre bien Srta Hein.— dijo Edahi

Cuando emergieron sus palabras, al principio fue de manera tosca y grave, resquebrajándose, pero luego se estabilizo hasta sonar habitual cuando finalizó. «Tal vez sufrió alguna herida en su tráquea.» pensó ella. ⠀

Mnyma, notando que estaba perdiendo protagonismo en la escena, tomó a Elizabeth del brazo diciendo:—Favre me ha encargado el cuidado de Edahi.—⠀

El nativo acotó:—Has realizado un excelente trabajo, moriría de sed o de aburrimiento si no fuese por ti pequeño.—⠀

Mnyma giró y se dirigió nuevamente hacia la litera donde Edahi se encontraba, sosteniendo la mano de Elizabeth tiró de ella para forzarla a seguirlo. Al acercarse, ella se percató de otro detalle espeluznante, un hedor sutil a putrefacción rodeaba al nativo, apenas perceptible pero capaz de calar en lo profundo de sus sentidos con cada inhalación de sus pulmones.⠀

Edahi volvió a hablar:—Debo agradecerle Srta Hein, según tengo comprendido su colaboración ha sido de gran importancia. Probablemente no me encontraría aquí si no fuese por usted, o por este niño.—⠀

Mnyma esbozó una sonrisa amplia, cada ocasión en la que destacaban su participación alimentaba su orgullo.⠀

—Aunque lamento las pérdidas que hemos sufrido en el proceso.— prosiguió Edahi.⠀

Antes de que ella pudiera acotar, la voz de Favre sorprendió a los tres.⠀

El galo se encontraba en la entrada de la tienda, manchones de sudor decoraban su camisa. Dijo:—Creo que omití decirle que Edahi se ha recuperado considerablemente desde que hemos desembarcado.—⠀

Favre se adelantó y aproximándose a la litera dijo:—Mnyma, puedes ir a buscar el almuerzo para Edahi, Arthur te indicará.—⠀

De mala gana Mnyma aceptó, sospechaba que el galo quería hablar a solas con Edahi y Elizabeth, odiaba la idea de que lo excluyeran de la charla. Refunfuñando, se retiró por el umbral de la tienda desapareciendo en la ardiente playa.⠀

Antoine prosiguió:—Veo que se ha recuperado Srta Hein, me reconforta verla de pie nuevamente. Ahora debo informarla de algunos sucesos que han ocurrido mientras usted se encontraba recuperándose.—⠀

Ella observó confundida, no comprendía las intenciones de Antoine ni la dimensión de lo que iba a informarle.⠀

—En primer lugar , luego de que desembarcamos, debimos rendir homenaje a todos aquellos que han caído en batalla. Tanto a tripulantes de El Retiro como holandeses, incluyendo a su padre.—⠀

Favre hizo una breve pausa para estudiar la reacción de ella, luego prosiguió:—Para evitar enfermedades debimos improvisar un camposanto unos minutos al norte de aquí. Allí podrá encontrar el lugar de descanso de Gregor, así como la tumba de su padre.—⠀

Elizabeth asintió en silencio, su mirada estaba perdida en un punto intermedio entre Edahi y Favre, mientras el galo continuaba.⠀

—Si gusta puedo acompañarla hasta la ubicación, aunque comprenderé perfectamente si desea ir sola.—⠀

Finalmente Favre dijo:—Y perdóneme si sueno inoportuno, pero debo insistir en que vea al Sr Jameson. Sospecho que su ausencia comienza a inquietar a los holandeses, y no estamos en condiciones de afrontar más problemas, mucho menos un motín.—⠀

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

Fragmento N°279

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Aún confundida, Elizabeth dejó la carta a un lado, guardó el guardapelo y el collar en uno de sus bolsillos y se puso de pie junto a la litera. Su cuerpo se encontraba entumecido y rígido, caminó algunos pasos en dirección hacia el umbral de la tienda para estirar sus piernas. Al llegar al extremo, corrió levemente con su mano a lona para observar hacia el exterior. El sol abrasador del caribe la encandiló durante un instante hasta que su vista comenzó a acostumbrarse.⠀

Mientras sus ojos se adaptaban a los rayos de sol, su piel comenzó a percibir el calor ardiente ecuatorial típico del medio día. Lo primero que notó, fue que El Retiro se encontraba fuera del agua, repostando sobre la arena húmeda de la costa, sostenido por varios pilotes de madera y cuerdas que remataban en estacas. Varios hombres se encontraban rodeando la nave, montando algunos andamios a su alrededor, manipulando pertrechos y realizando varias tareas de reparación.⠀

Expuesto fuera del agua, Elizabeth pudo apreciar el timón de El Retiro, tomando dimensión del daño ocasionado. Durante la batalla, algunos proyectiles impactaron apenas por encima de la línea de flotación en la popa, alcanzando al timón e inmovilizándolos. Al ver los destrozos pensó: «Es un milagro que la nave siguiera a flote».⠀

Sin salir completamente al exterior, quedando semi oculta en el umbral de la tienda, dedujo que necesitaran al menos un mes para reparar a El Retiro. Recorrió con su vista el resto de la playa, pudo reconocer al galo junto a otros marineros debajo de la popa examinando los daños. Un grupo de hombres apiñados a cierta distancia de la nave llamó su atención.⠀

Allí comprendió porque Antoine necesitaba que hablara pronto con los holandeses capturados para apaciguarlos. Los prisioneros estaban sentados en la arena bajo un gran toldo improvisado para protegeros del sol. Se encontraban subdivididos en dos grupos más pequeños y eran custodiados por marineros armados.⠀

Elizabeth pudo reconocer rápidamente la figura de Umbukeli, el somalí montaba guardia en uno de los extremos del toldo, y podía apreciarse a la distancia que llevaba consigo un mosquete. También llegó a divisar al oficial Jameson sentado en un extremo de uno de los grupos.⠀

Pero las voces que habían llamado su atención provenían de un lugar mucho más cercano. Al dar un paso al exterior y quedar completamente bajo el sol, advirtió que otra carpa se encontraba junto a la de ella, y que las voces provenían de allí dentro.⠀

Apenas algunos pasos separaban ambas entradas y caminó hasta el umbral de la tienda contigua. Se detuvo antes de ingresar y lentamente corrió la lona para ver en su interior.⠀

Mnyma, que se encontraba de pie junto a una litera, notó el movimiento y giró para descubrir de qué se trataba. Al verla, gritó exaltado:—¡Srta Hein!—⠀

El pequeño corrió rápidamente hasta ella y se abalanzó sobre sus caderas abrazándola. Mientras el niño estrangulaba su cintura, ella se percató que sollozaba levemente. ⠀

Elizabeth dijo mientras sonreía:—Me alegra mucho verte Mnyma, pero si no dejas de abrazarme temo que me desvaneceré nuevamente.—⠀

El niño, liberó su cuerpo y alzó su rostro para observarla con sus ojos vidriosos. Ella acarició su cabeza diciendo:—¿Te encuentras bien?—⠀

Mnyma respondió mientras refregaba sus ojos con su puño para ocultar las lágrimas contenidas:—Si, pero estaba preocupado, Favre no me ha dejado entrar en su tienda, me ha indicado que debo quedarme aquí con Edahi.—⠀

Al oír al niño, ella se percató que la litera del extremo derecho de la tienda estaba ocupada. Al observar, su mirada se encontró con la de Edahi. ⠀

En silencio, el nativo se encontraba sentado, apoyando su espalda sobre uno de los parantes de la tienda, mirándola fijamente.

Procesando…
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Fragmento N°278

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Lo primero que llamó su atención de la nota enviada a su hermano, es que estaba fechada algunos días luego de que ella se separara de su padre y marchara rumbo a Europa junto al Sr Du Toit. El trazo era prolijo, pero la forma de escribir era sustancialmente diferente.⠀

En el destinatario aclaraba: «Teniente Hein Cees. Última posición confirmada, baluarte de Bergen op Zoom.».⠀

Elizabeth dijo en voz baja:—Sigues en casa.— aunque para sus adentros pensó que al menos se encontraba sustancialmente más cerca de casa que ella en ese momento.⠀

Con delicadeza abrió la carta, el contenido no era muy extenso pero leyó lentamente cada palabra, moviendo sus labios sin emitir sonido, reproduciendo lo que yacía sobre el amarillento trozo de papel.⠀

Iniciaba con un tono cordial: «Querido Cees. Las circunstancias que debo transmitirte no son del todo favorables para nuestros objetivos. Contra todo pronóstico, el destino ha decidido colocarse en nuestra contra y ahora nuestras intenciones corren peligro.»⠀

El siguiente párrafo continuaba: «La niña y la llave fueron interceptadas por un aparente ataque aleatorio a manos de un corsario escocés denominado El Celta. La inteligencia de la compañía me ha informado que el último avistamiento de su nave fue por parte de un navío de la flota española, en el borde exterior de las Antillas. Nuestro infiltrado en las fuerzas hispanas confirman la zona como el cuadrante habitual donde opera este corsario.»⠀

Elizabeth se detuvo un instante. Comprendía las habilidades de la inteligencia holandesa, pero aún no lograba como era que su padre había logrado encontrarla a ella y a sus captores en la inmensidad del Atlántico.⠀

El siguiente párrafo era algo confuso y extremadamente corto: «Confío en que podremos revertir el destino, pues no hay destino sin ambos, no hay futuro en el pasado.»⠀

Finalmente, concluía del siguiente modo: «Sin más información, debo partir con suma urgencia para lograr dar con el paradero de la niña, garantizar nuestro futuro y proteger el nombre de nuestra familia. Deseando que estas palabras te encuentren en las mejores condiciones. Tu padre, Hein Piet.» ⠀

En pocos minutos, volvió a leerla varías veces. Cada vez que repasaba las líneas, parecía arribar a la misma conclusión, y una frase carecía de sentido, como extraía de otra narración y depositada allí.⠀

Volvió a leer pero esta vez en voz suave y pausada:—Confío en que podremos revertir el destino, pues no hay destino sin ambos, no hay futuro en el pasado.—⠀

Reflexionó mientras repetía las últimas palabras:—…no hay futuro en el pasado.—⠀

En su mente, se preguntó, «¿Qué es lo que intentas decir?»⠀

El golpeteo de la lona contra el parante de la carpa la distrajo, y volvió a observar hacia el exterior. Absorta de lo que ocurría a su alrededor, trataba de encontrarle sentido a esas palabras.⠀

Tomó el guardapelo de su padre y observó nuevamente la diminuta pintura. Con el pulgar recorrió el borde del recuadro mientras repetía:—… pues no hay destino sin ambos, no hay futuro en el pasado.—⠀

Mientras más observaba la silueta de su madre, algo en su interior emergía con fuerza, como si tuviese sentido repetir esas palabras mientras observaba el guardapelo.⠀

Voces lejanas hicieron que escapara del trance en el cual se encontraba.⠀

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Fragmento N°277

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Decidió dejar en último lugar la carta destinada a su hermano Cees. Comenzó por las demás que estaban remitidas y firmadas por Piet Hein.⠀

En primer lugar tomó la que estaba dirigida a Johannes de Laet, un director de la Compañía. Al comenzar a leerla, pudo detectar el tono formal de su padre dirigiéndose a un superior, las palabras elegantes trazadas sobre el papel, y varios adjetivos como «excelentísimo» o «eminencia». El trato servil de la nota se debía a que en sus líneas el Vicealmirante Hein exponía la situación de la flota de la compañía en ese cuadrante del Atlántico. ⠀

Dirigiéndose al directorio de la WIC por medio de Laet, Hein imploraba más recursos destinados a sostener su cruzada contra los portugueses y españoles en el caribe, advirtiendo que la situación se estaba tornando insostenible por diversos motivos. Entre ellos una vulnerable línea de suministro desde las Provincias Unidas hacia las posiciones holandesas en el Atlántico, y por otro lado los numerosos frentes que debía contener un pequeño número de tropas holandesas en esa región. A criterio de Piet Hein, la presencia portuguesa, inglesa, francesa y española no había alcanzado su máxima expresión, y esto desembocaría en un conflicto aún más grande que el actual.⠀

En sus últimas líneas, Piet Hein imploraba a Laet: «Las rivalidades y alianzas actuales no son más que un mero anticipo de lo que luego ocurrirá si la corona no se decide por realizar una expansión rápida y contundente en los territorios descubiertos. Pronto, nuestros enemigos tendrán colonias junto a nuestros territorios, y seguirán siendo fieles a su tradición rivalizando con nosotros como lo han hecho durante los últimos trescientos años al menos. Y nuestros aliados, que también han sabido ser nuestros históricos adversarios, sacarán provecho del caos para colonizar zonas inexploradas, y luego descubrirán que nuestra posición es débil e insostenible en todos los frentes en simultaneo.» ⠀

La carta era bastante extensa, proseguía.⠀

Para finalizar, daba un cierre a su postura diciendo: «El desgaste de tamaño conflicto, será imposible de sustentar con los actuales recursos y la guerra transcurriendo en Europa continental. Por ello imploro, que de manera preventiva y contundente, dejemos en claro que nuestra posición en el nuevo mundo es definitiva y duradera. Espero logré comprender mi postura, y trasmitirle a la cámara el ímpetu y la gallardía con la cual mis hombres y yo combatimos a los enemigos del imperio. Aguardo con ansias su próxima respuesta, y espero que en ella logremos superar nuestros diferentes puntos de vista y avanzar en los detalles de las nuevas tropas que deben enviarse con suma urgencia.» ⠀

No pudo evitar sentir un poco de admiración. La forma en la cual esas palabras eran desplegadas, las sutiles provocaciones escondidas en cada párrafo, y el amplio dominio de temas geopolíticos y bélicos desplegados, despertó respeto y veneración hacia su padre.⠀

Al finalizar la lectura y ver la firma al pie, la última imagen que tenía de él resurgió en su mente. Recordó sus últimas palabras: «…eres igual a tu madre…»⠀

Un escalofrío hizo que dejase la carta de lado. Respiró profundamente y luego continuó con las demás.⠀

Otro documento contenía una serie de directivas a un oficial establecido en Nueva Ámsterdam, indicándole realizar una serie de incursiones más al norte de la desembocadura de un río cercano a la colonia. La otra carta tenía algunas indicaciones a otro oficial destacado en la misma colonia, pero las órdenes para este eran fortificar la zona y dar un informe sobre la seguridad de enclave.⠀

Finalmente tomó la carta dirigida a Cees. Antes de abrir el sobre, recordó las líneas que había logrado leer en la última carta dirigida a Cees. «una vez que tengas la llave en tu poder, mata a la niña, acaba con la maldita bastarda, antes de que sepa la verdad de la llave y de su madre»⠀

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Fragmento N°276

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Inconscientemente Elizabeth frunció el ceño, con curiosidad examinó el saco que Favre sostenía en su mano.⠀

El galo se aproximó hasta quedar junto a su litera, y extendió el pequeño costal mientras decía:—En la confusión y el caos de las llamas, logré encontrar esto a último momento.—⠀

Ella lo tomó y comenzó a examinarlo mientras Favre continuaba:—Al parecer, es la correspondencia que esperaban despachar en el próximo puerto, una vez que anclaran.—⠀

Elizabeth introdujo su mano y extrajo un puñado de cartas, todas en perfectos sobres, cubiertos con el flamante sello de la Compañía Holandesa. Antoine prosiguió:—Debo admitir que me he resistido a la tentación de leerlas yo mismo.—⠀

Al revisar el sello, ella se percató que efectivamente parecía perfectamente intacto, sin haber sido vulnerado aún.⠀

—Confío en que luego de leerlas conversaremos sobre el contenido, y sobre otros asuntos también.—Favre giró para retirarse, pero se detuvo en el umbral de la carpa para voltear y mirarla nuevamente.⠀

—Algo antes de retirarme. Es de suma importancia para todos que logre recuperarse y hablar con el oficial holandés. Contándola a usted, al niño y a los heridos, somos unos treinta tripulantes, y tenemos casi la misma cantidad de prisioneros. Si nuestros huéspedes deciden tomar el control, no podremos hacer mucho para contenerlos.—⠀

Elizabeth habló:—Comprendo, debo hablar con Jameson para que puedan confiar en nosotros.—⠀

Favre se encogió de hombros:—Necesitamos la mayor cantidad de hombres para reparar la nave y salir de aquí. Con que no quieran acabar con nosotros mientras dormimos me basta, pero si confían en nosotros mejor aún.—⠀

Luego Antoine sonrió y salió por la abertura frontal de la tienda.⠀

Al quedar sola, giró el costal para derramar su contenido sobre sus piernas. Una docena de documentos se desparramaron sobre ella y la litera. Inmediatamente uno llamó su atención al reconocer la firma de Piet Hein en el remitente al dorso. La carta estaba destinada al un director de la compañía llamado Johannes de Laet. Elizabeth escudriñó rápidamente cada carta, separándolas según sus remitentes. Por un lado todas aquellas firmadas por su padre, y en otro grupo aquellas que pertenecían a otros miembros de la tripulación.⠀

Del total, unas ocho pertenecían a diferentes miembros de la tripulación holandesa. Solo cuatro eran remitidas por Piet Hein, tres de las cuales iban destinadas a diferentes miembros del directorio de la compañía.⠀

Pero una en particular llamó su atención, una que estaba destinada a su hermano, Cees Hein.⠀

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Fragmento N°275

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Un golpeteo constante hizo que despertara. El viento se filtraba por la abertura de la carpa, y generaba que la lona del techo repiqueteara contra los pilotes de madera que conformaban la estructura principal. Al despertar, Elizabeth se sobresaltó, incorporándose sobre la litera y quedando sentada sobre la misma. Un paño que se encontraba sobre su frente cayó en su regazo, y al tomarlo se percató que aún se encontraba húmedo.⠀

Entrecerró sus ojos para acostumbrarse a la luz radiante, era claro que estaban a plena luz del día y no en un oscuro camarote. Recorrió su alrededor para dilucidar dónde se localizaba. Intuyó que se encontraba en una tienda de campaña improvisada, compuesta de un esqueleto de madera rectangular cubierta de lona. Sobre un margen yacía la litera en la cual estaba recostada, a su lado un pequeño cajón funcionaba como soporte para un jarrón de agua. Junto al jarrón se encontraban dos pequeños objetos, un collar de perlas y una cadena de plata con un guardapelo. ⠀

Elizabeth Hein estiró su brazo para tomar el guardapelo, al tocar el objeto metálico pudo sentir el grabado sobre su forma redonda. Examinó con cuidado, girándolo, buscando apreciar sus detalles. Era una pieza discreta pero fina, a pesar de sus detalles minimalistas podía intuirse que era un objeto de gran valor y alguien había prestado mucha atención en sus detalles. Al abrirlo, nuevamente observó la diminuta pintura de su madre, Victoria.⠀

A lo largo de toda su infancia, apenas tenía recuerdos de pinturas o retratos de su madre. En contraposición, había sido habitual para ella ver recuadros de su abuelo paterno, o incluso de su propio padre. La voz de Favre hizo que se sobresaltara una vez más , cerrando el guardapelo.⠀

—Es una mujer hermosa, ¿es tu madre?— dijo el galo.⠀

Al estar inmóvil sentado en una silla en un extremo de la carpa, había pasado desapercibido para ella. Giró para observarlo, y notó algunos detalles en su rostro.⠀

La parte izquierda de su cara se encontraba enrojecida y la piel de esa sección estaba blanca. El pelo de Favre era notoriamente más corto en el hemisferio de su cabeza que se encontraba chamuscado. Al notar que Elizabeth observaba estos detalles, Antoine dijo:—Debo admitir que yo me he llevado la peor parte, las llamas del barco no han sido tan piadosas conmigo.—⠀

Fugazmente todo volvió a su mente, y pudo revivir en un instante todo lo que había transcurrido mientras intentaban abandonar El Mercurio en llamas. Al volver a sentir el golpeteo de la lona, Elizabeth observó por la apertura de la tienda y logró vislumbrar la arena y más allá las olas golpeando la costa.⠀

Favre volvió a hablar:—Ordené desembarcar casi de inmediato. Por varios motivos, entre ellos reparar el timón sin el cual no iremos a ningún lado.—⠀

Mientras ella observaba la arena que cubría las inmediaciones de la carpa, mantenía en su mano el guardapelo de su madre. ⠀

Antoine prosiguió:—Por otro lado, creo que en tierra todos podremos reponernos mejor de nuestras heridas, incluso usted.—⠀

Elizabeth respondió:—Sí, es mi madre, su nombre era Victoria.—⠀

Favre se puso de pie, y se acercó a ella diciendo:—Me alegra que haya podido rescatar ese recuerdo de ella, pero lamento que el incendio devorara cualquier otro objeto de valor que le permita encontrar respuestas.—⠀

Ella inclinó su cabeza decepcionada al recordar que tan solo tenía el guardapelo y el collar de perlas. Disimuladamente pasó su mano por su cabello, para validar que el prendedor seguía allí.⠀

El galo prosiguió:—Tal vez pueda encontrar alguna pista en esto, logré tomarlo antes de huir del camarote.—⠀

En su mano, Antoine contenía un pequeño saco.⠀

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Fragmento N°274

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Durante un instante se debatió por dentro antes de responderle a Favre, luego dijo:—Correspondencia , anotaciones… incluso su diario.—⠀

Antoine se acercó a Elizabeth y consultó:—No sabemos qué es lo que buscamos, ¿verdad? —⠀

Mientras ella intentaba abrir uno de los cajones del escritorio, respondió:—No, no sé dónde están las respuestas que busco.—⠀

Favre hizo una mueca de fastidio y giró para revisar los documentos que se encontraban desperdigados por el suelo. Con la punta de su sable, giraba los papeles chamuscados sobre los tablones para leer rápidamente sus inscripciones, al no encontrar nada de valor, continuaba con el siguiente libro o trozo de pergamino.⠀

Del otro lado del escritorio, Elizabeth improvisaba una palanca con un trozo de madera para forzar el cajón cerrado. Al dejar caer todo su peso sobre uno de los extremos del trozo de madera, el extremo opuesto hizo estallar la abertura del cajón dejando un orificio del tamaño de un puño. Ella introdujo su mano y extrajo lo primero que logró tocar. Sus dedos sintieron el contacto con un objeto redondo, de superficie limpia y lisa. A tirar de el, un collar de perlas emergió por la abertura del cajón. Lo miró con extrañeza, pero el ruido de las llamas consumiendo todo hicieron que no reparara mucho en las joyas y las guardó en su bolsillo para revisarlas luego. ⠀

Al introducir su mano nuevamente, esta logró sentir un objeto más pequeño y delicado. Al cerrar su puño, logró sacar una frágil cadena plateada. Enredado entre los eslabones, se encontraba un guardapelo modesto, con algunos dibujos y líneas grabadas sobre la plata. El habitáculo colapsaría en cualquier momento, pero a pesar de la urgencia, abrió el guardapelo.⠀

Un portarretrato diminuto yacía en el interior, al ver la imagen de su madre recordó las últimas palabras de Piet Hein antes de morir. Una nueva lágrima emergió, pero se evaporó casi instantáneamente a causa del calor abrasador.⠀

Observó durante un segundo la imagen de su madre Victoria, le costaba recordar recuadros o portarretratos de ella. Pero al ver esa minúscula pintura, rememoró todo lo que tenían de similar ambas. Un ruido sobre el techó del camarote hizo que cerrará el guardapelo y lo colocara en su bolsillo junto a las perlas. Podía percibir el calor sobre la cubierta superior a punto de destrozar el techo del camarote donde se encontraban.⠀

Volvió a meter su brazo por la abertura del cajón y tocó otro objeto, esta vez era diferente, era el lomo de un libro. Al recorrer con sus dedos el objeto, intuyó que había encontrado lo que buscaba, gritó para que Favre la oyera:—¡Antoine ayúdame!, ¡tengo el diario!—⠀

El galo corrió hacia ella. Al llegar a su lado, sacó su sable y lo uso para forzar el cajón por completo. Mientras trataba de destrozar el escritorio para sacar el diario de Piet Hein, un ruido hizo que se detuviesen. Repentinamente una superficie completa de la cubierta superior colapsó, destrozando gran parte del techo del camarote donde se encontraban. Una viga de madera ardiendo cayó sobre el escritorio haciendo que este se hiciera añicos.⠀

Ambos saltaron hacia atrás para no ser alcanzados por las llamas y los trozos chamuscados que caían desde la abertura del techo. El impacto provocó que el cajón se abriera y todo su contenido quedara desparramado y expuesto a las llamas. Numerosos documentos y el diario de Piet Hein quedaron diseminados junto al fuego. ⠀

Elizabeth intentó tomar el diario, pero otra sección del techo se derrumbó y cayó junto al escritorio ardiendo. Favre la tomó del brazo y gritó:—Debemos irnos o nos hundiremos con esta nave.—⠀

Ella intentó liberarse del galo, pero Antoine la tomó nuevamente mientras la empujaba hacia la puerta que conducía al corredor de salida. Favre gritó:—Rápido, corra, no mire hacia atrás.—⠀

Esta vez, al cruzar el corredor, las llamas habían consumido los mamparos y ambos sintieron el calor alcanzando sus cuerpos mientras corrían hacia la escalinata. Al llegar al primer escalón, este cedió por completo cuando Favre lo pisó, era más un trozo de carbón que un escalón. Antes de caer, ambos usaron todas sus fuerzas para saltar al exterior y emergieron por la escotilla.⠀

La cubierta de El Mercurio era un infierno, no había rastros del palo mayor ni de las velas, el fuego había tragado todo. El calor era tal que había consumido parte de las botas que llevaban puestas y los pies les ardían al avanzar. ⠀

Ambos corrieron a toda velocidad y saltaron por sobre la borda holandesa para caer sobre la cubierta de El Retiro. Al aterrizar, la voz de Arthur se oyó:—Rápido, corten los cabos, liberémonos antes de que las llamas nos consuman.—⠀

Favre se acercó a ella y dijo:—Srta Hein, ¿Se encuentra bien?—⠀

Elizabeth intentó responder, pero su garganta se encontraba seca, y solo pudo toser expulsando parte del humo contenido en sus pulmones.⠀

Lo ultimó que oyó fue la voz de Favre gritando:—Necesito agua, ¡arrójensela sobre sus quemaduras!—⠀

Luego, al sentir el contacto con el agua fría, se desmayó.⠀

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Fragmento N°273

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Observando las llamas consumir la nave de su padre, Elizabeth dijo:—Antes debo hacer algo, necesito apenas unos minutos.— luego ella giró para entregarle el sable de Gregor a Favre.⠀

Antoine tomó el arma confundido mientras decía:—No comprendo Srta Hein.—⠀

Ella se aproximó al borde de la barandilla de El Retiro, y posando sus manos sobre el extremo respondió:—Necesito algunas respuestas, tal vez las encuentre entre las pertenencias de mi padre.—⠀

El galo se acercó a ella y tomándola por el brazo insistió:—¿Qué intentas hacer? es una locura, la nave está en llamas a punto de hundirse. Si algo te llegase a ocurrir todo será en vano.—⠀

Ella le dirigió una mirada compasiva diciendo:—Las respuestas que necesito, son las que determinarán si todo esto fue o no en vano.—⠀

Antoine liberó su brazo mientras Elizabeth indicaba nuevamente:—Solo unos minutos, ante la más mínima señal de riesgo corta los ganchos de abordaje, estaré bien.—⠀

Luego colocó su pie sobre la barandilla y saltó hacia la cubierta holandesa. Al aterrizar sus manos tocaron los tablones del suelo y pudo percibir el calor abrasador irradiado por la madera, las llamas estaban consumiendo el interior de la nave. Rápidamente se puso de pie y trató de acostumbrar su vista, los destrozos y escombros por doquier provocaban que se perdiera cualquier referencia útil para ubicarse. Al avanzar un paso, Elizabeth notó que el suelo era sutilmente inestable, la estructura de El Mercurio estaba colapsando.⠀

El humo invadió sus pulmones y debió tapar su boca y nariz con su camisa para evitar ahogarse. Antes de que pudiese dar otro paso hacia adelante, un ruido tras ella llamó su atención.⠀

Al girar, Favre estaba allí de pie. El galo dijo:—Juré protegerla, y si eso implica adentrarnos en esta carcasa en llamas, pues que ese sea el comienzo.—⠀

Antoine se acercó y luego ordenó:—No hay mucho tiempo Srta Hein, usted guía, ¿por dónde?—⠀

La reconfortaba de una manera sobrenatural la presencia de el galo, hubiese deseado abrazarlo pero comprendía que cada segundo era vital si quería lograr su cometido.⠀

Sin emitir una palabra, ella giró y pudo apreciar la silueta del palo mayor emergiendo entre las llamas, y a partir de allí avanzó en dirección hacia el alcázar. Al dar algunos pasos logró divisar la escotilla que permitía adentrarse en el interior de la nave. Por la apertura emanaba humo copiosamente, al asomarse pudo ver el reflejo de las llamas consumiendo los mamparos, pero el corredor que conducía a los camarotes parecía seguir firme. Alzando su vos para que Antoine pudiese oírlo dijo:—Por aquí.—⠀

Avanzando a toda velocidad llegaron al extremo del corredor donde se encontraba el habitáculo del capitán. La temperatura era sofocante y aumentaba con cada paso que se adentraban en el galeón holandés. Al llegar a la puerta, Elizabeth intentó empujarla para abrirla, pero apenas logró que la madera crujiese. ⠀

—¡A un lado!— gritó Favre, pateando con todas sus fuerzas la entrada, impactando con su pie justo al lado del picaporte. Las bisagras estallaron y la puerta cayó derrumbada hacia adentro. Al ingresar, Elizabeth pudo comprobar que el camarote de su padre aún se encontraba notoriamente intacto a pesar del daño estructural de toda la nave. Los muebles habían sido volteados y todo estaba desperdigado por el suelo. Pero a pesar del caos las llamas no habían consumido esa sección completamente.⠀

Ella de dirigió directamente al escritorio que ocupaba el extremo opuesto de la habitación, mientras Favre revisaba unos libros que se encontraban en el suelo. El galo dijo gritando para hacerse ir sobre las llamas:—¿Qué buscamos?—⠀

En ese instante, ella se percató que Antoine desconocía por completo la existencia del prendedor que se encontraba sujeto en su cabello, y de cómo ese pequeño objeto les había arrojado muerte y desgracia a todos ellos.⠀

Procesando…
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Fragmento N°272

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Al ver que los holandeses arrojaban las armas, Favre dijo:—Umbukeli, toma algunos hombres, recojan las armas y escolten a los sobrevivientes a las cubiertas inferiores.—⠀

Al oír esto, Jameson se sorprendió y dirigió una mirada alarmante a Elizabeth. Ella interpretó el alarmismo en el rostro del oficial, pero antes de que pudiese objetar, Favre se adelantó diciendo en voz baja:—Si tan solo uno de estos hombres que acaban de rendirse se arrepiente, todos lo seguirán, será nuestra perdición.—⠀

Esta vez inclinó la cabeza hacia Jameson para hablar directo al oficial. El galo indicó:—Usted y sus hombres serán tratados adecuadamente, pero no puedo darme el lujo de correr riesgos innecesarios.—⠀

Jameson asintió, luego intentó ponerse de pie pero su cuerpo tambaleó al intentar incorporarse y volvió a colocar una rodilla en el suelo para evitar caer. Antoine dijo:—Recuéstese , en cuanto nuestro médico se libere le pediré que lo revise y a cualquiera de sus hombres que necesite asistencia.—⠀

Mientras el oficial holandés se recostaba sobre la cubierta, Umbukeli junto a otros cinco tripulantes armados de El Retiro formaban un círculo alrededor de los marineros de Hein. Algunas protestas se hicieron oír entre el tumulto, pero lentamente todos los holandeses descendieron a la cubierta inferior de la nave escoltados por el somalí y el puñado de guardias.⠀

Favre giró para observar dónde se encontraba Fausto. El médico se encontraba revisando la herida en el hombro de Arthur, el joven sollozaba mientras Fausto trataba de detener la hemorragia en la parte superior de la clavícula. El galo se acercó y dijo:—El oficial holandés necesita que le eches un vistazo. Lo necesitamos con vida si queremos controlar a los nuevos tripulantes.—⠀

Fausto asintió y liberó la presión sobre el hombro de Arthur. Antoine sonrió observando al joven:—No es que tu vida valga menos que la del holandés Arthur, pero este hombro esta maldito.—⠀
Arthur intentó reír, pero en su lugar liberó una mueca de dolor al intentar moverse. Favre improvisó un cabestrillo sobre el hombro que unas semanas antes había sido vendado a causa de su herida anterior durante la tormenta:—Luego Fausto lo revisará con detenimiento, pero por ahora bastará.— dijo mientras se ponía de pie.⠀

Luego se acercó a Elizabeth y se colocó a su lado, ambos quedaron contemplando el cuerpo de Gregor que se encontraba recostado delante de ellos. Favre colocó una mano sobre el hombro de Elizabeth y dijo:—Una parte de mí quiere rendirse, quiere que esto acabe aquí.—⠀

Ella giró para observarlo directo a los ojos, y se sorprendió al verlo cubierto de lágrimas que recorrían su cara dejando claras marcas en su piel cubierta de sangre y suciedad.⠀

—Pero otra parte…— un nudo tensó la garganta del galo, y debió hacer una pausa.⠀

Prosiguió:—Otra parte de mí, hizo que hiciera una última promesa, y que jurara protegerla hasta que usted decida prescindir de mi compañía o muera.—⠀

Ella sonrió conmovida, pero antes de que pudiese responder, Favre dijo:—Ya habrá tiempo para aclarar las cosas, pero ahora debemos cortar los ganchos de abordaje si no queremos que lo que queda de El Retiro se hunda o incendie junto con los restos del galeón holandés.—⠀

Ella asintió y alzó su vista para observar a El Mercurio, su estructura desfigurada y chamuscada ardía cada vez más fuerte. En el palo mayor una bandera de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales flameaba orgullosa mientras las insignias de la WIC se convertían en cenizas.

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Fragmento N°271

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Atemorizada, Eizabeth Hein cubrió con su vista a los hombres de su padre y dijo:—Nadie más debe morir en mi nombre ni por mi causa. ¡Les suplico que acaban con esto aquí y ahora!—⠀

Algunos holandeses se movían nerviosamente, nadie era capaz de realizar el próximo movimiento, y un murmullo generalizado cruzó las filas enemigas mientras se debatían por como proceder.⠀

Ella continuó:—He navegado con ustedes, se lo que han atravesado, pero puede terminar. ¡Se los suplico, dejen sus armas, nadie más morirá.—⠀

Favre se encontraba aún cubriendo a Gregor, el galo se hizo a un lado y dejo cuidadosamente el cuerpo de Greg para ponerse de pie junto a Elizabeth, listo para rechazar el ataque y morir de pie luchando. Ella hubiese querido girar para observar el rostro de Antoine, pero percibía que si desviaba su vista de los marineros holandeses, estos se lanzarían sobre ellos. Por tal motivo no pudo ver las lagrimas aún húmedas cubriendo la mirada de Favre.⠀

Temiendo lo peor, volvió a insistir, pero esta vez en voz más baja e insegura:—¡Por favor!¡No más muerte!—⠀

Un nuevo murmullo y algunos movimientos surgieron entre los holandeses. Esta vez un marinero de mediana edad que se encontraba frente a ella habló:—Concuerdo en que la muerte ha tenido demasiado trabajo por hoy.—⠀

El sujeto tambaleó al dar un paso a frente, al emerger de entre las filas holandesas, Elizabeth pudo reconocerlo.⠀

—Oficial Jameson.— dijo ella al distinguir al marinero.⠀

Jameson caminó algunos pasos hacia adelante, se movía lentamente arrastrando la pierna derecha, esforzándose por sostener el peso de su espada. Su muslo derecho tenía un corte largo y abierto que recorría el cuádriceps desde un poco más arriba de la rodilla hasta casi la cintura. Al llegar a un cuerpo de distancia de ella, el oficial holandés se detuvo y dijo:—He perdido a mi capitán, nuestra nave se consume por el fuego, solo puedo conservar mi honor si protejo la vida de lo que queda de mis hombres.—⠀

Elzabeth se mantuvo tensa, aún dudaba de las intenciones del oficial y continuaba manteniendo el sable de Gregor en su mano.⠀

Jameson inclinó su pierna herida, apoyando la rodilla sobre el suelo. Luego extendió ambas manos hacia adelante exhibiendo su arma mientras decía:—En usted confío mi vida, y solicito que resguarde así también la de mis hombres.—⠀

Elizabeth extendió su mano libre, y tomó la espada de Jameson. Al tomar el sable del oficial, pudo percibir el esfuerzo que este se encontraba haciendo por sostener el arma, sus manos temblaban mientras sostenía el fino sable en alto. Luego un ruido metálico similar al un tintineo se oyó, alertándola a ella y a Favre. Otro chasquido metálico surgió, proveniente de las filas holandesas, luego otro, hasta que repentinamente el ruido de las armas cayendo al suelo cubrió los restos de la cubierta mientras la tripulación de Piet Hein se rendía ante ella.⠀

El silencio volvió a cernirse sobre todos, interrumpido ocasionalmente por el ruido de las llamas que consumían a El Mercurio.⠀

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