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Fragmento N°1

«Lee la historia de El Llamado del Ocaso a partir de aquí, espero lo disfrutes, buen viaje. Si eres nuevo en la historia, te sugiero visitar previamente la sección «¿Cómo Leer?» para sacar el máximo provecho de la lectura.

El efecto prologando del sol despierta sensaciones confusas en el cuerpo de un hombre. La exposición prolongada genera fastidio en una fase temprana, similar al que genera una mosca al revolotear alrededor, luego uno no comprende si es el calor abrasador o una fiebre interna lo que comienza a generar un malestar que distrae al vigía de su labor.

Para colmo, estaban abandonando las Antillas, y la brisa que suele recorrer los recodos y orillas de las islas e islotes abriéndose pasos entre la vegetación costera , dio paso al mar abierto, interminable, y para mal de Coise, que se encontraba en la cofa cumpliendo su ronda, también dio paso a la calma. Fue como si alguien obstruyera el fuelle que les brindaba esa adictiva y ocasional, pero refrescante brisa.

Lo que inquietaba al capitán Gregor, es el cansancio que culmina al final de una ronda de guardia en el palo mayor, el agotamiento genera que los hombres se distraigan, que quieran hacer lo posible para cumplir su turno y descender a reposar para que otro marinero asuma la guardia. Necesitaba que Coise estuviese alerta, ya que su situación no era la mejor de todas.

Después de 7 meses guerreando y pillando en las Antillas, la corona española le había puesto un precio a su cabeza, a la cabeza de sus hombres, y a su barco. Hubiese preferido hacer los preparativos necesarios para partir, pero la codicia le jugó una mala pasada, y la búsqueda de una nueva víctima los hizo estacionarse mas de lo requerido en esas aguas.

Su plan era regresar con su último botín al páramo (así le decían sus hombres a la bahía escondida detrás de bancos de arena y ciénagas, que usaban para repostar) recoger el fruto de esos 7 arduos meses y llevarlo al enclave que poseían cerca de Ozouri, en la costa occidental de África.

Pero sus cálculos no contemplaron que el opulento de Felipe III declarara la guerra a las provincias unidas, Inglaterra y Francia, luego de 12 años de paz. Para su pesar, él no era completamente inglés, era mitad escocés, pero su tripulación era una maraña de ingleses, franceses, e incluso algunos de sus hombres eran provenientes de la región del puerto de Naarden.

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Fragmento N°314

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Sin dubitar un segundo, Hein afirmó de manera rápida y clara:—En tierra, un número muy cercano a cien capitán.—

—¿Y sus defensas?— insistió Van Noort.

Nuevamente, en un tono claro y acelerado, el oficial Hein dijo:—Disponen de varios cañones, llegué a contar doce. Todos apuntando en dirección al mar, presumo que cargados con proyectiles y no con metralla.—

—Esperemos que su presunción sea correcta oficial Hein.— arrojó Van Noort.

—Hay un tema más capitán.— dijo tibiamente el joven oficial.

Con un gesto de su cabeza, Olivier Van Noort le indicó que continuara.

—La nave de los ingleses se encuentra fondeada en la bahía, justo frente al campamento, podría darles cobertura en caso de que la necesitaran. Y en un duelo en igualdad de condiciones contra el Mauritius, presumo que será un hueso duro de roer.—

Asintiendo, el capitán Van Noort afirmó:—Usted mismo lo dijo oficial, en un duelo en igualdad de condiciones. Pero si hay doce cañones en tierra, eso quiere decir que faltan doce cañones sobre la cubierta de esa nave, lo cual inclina la balanza a nuestro favor.—

Mientras la conversación transcurría, la noche cayó sobre ellos. Como si fuera una obra de teatro coordinada hasta el más mínimo detalle, las lanchas del Mauritius llegaron a la playa en cuanto oscureció.

—¿Eso es todo oficial?— insistió Van Noort.

Hein asintió en silencio mientras observaba cómo los hombres que llegaban en silencio, se organizaban en el límite de la jungla donde la espesura evitaba que sean vistos incluso desde dónde ellos estaban.

—Pues bien, la información que nos trae no cambia los planes. Usted coordinará el grupo que se adentrará en la jungla y los atacará por detrás. Yo coordinaré el grupo principal que irá por el frente, los hombres que restan se mantendrán en el Mauritius e intentarán doblegar al galeón inglés, evitando que escapen.—

Durante varios minutos, Van Noort repasó el plan con Hein y los demás oficiales.Había varios detalles cruciales que debían darse para que el plan funcionara, pero a grandes rasgos todos quedaron satisfechos con las probabilidades de éxito.

Mientras el oficial Piet Hein se preparaba para la incursión, en su mente se arremolinaban diferentes ideas. Por un lado, sabía que reinaba cierto aire de optimismo y que eso era bueno para los hombres. Pero en gran medida ese optimismo se debía a que de la nada misma, se habían topado con la oportunidad de obtener una ganancia mínima en el último tramo de la travesía nefasta que habían emprendido.

Para Van Noort especialmente, no había muchas opciones. Al llegar a Rotterdam, con solo una nave sobreviviente de toda la flota que le fue asignada, y sin ningún tipo de mercancías de valor luego de recorrer todo el globo, los acreedores saltarían sobre él en cuanto pusiera un pie sobre tierra. Aunque pudiera afrontar sus deudas de una manera milagrosa, caería en la deshonra absoluta y jamás volvería a ser contratado como marino, y todos los tripulantes del Mauritius correrían la misma suerte. Un detalle no menor, era que a su vez jamás lograría que alguien le prestara dinero nuevamente. Ambas consecuencias combinadas, provocaban que la idea de morir en un intento de piratería contra una tripulación bien armada y descansada, no fuera tan descabellada.

Mientras revisaba su cinturón y constataba que su daga y sable se encontraban bien sujetas, Hein pensó: “En lo que respecta a mi, puedo alegar que obedecía órdenes, tal vez escapar a alguna colonia española si todo eso termina de manera indeseada…”

Un susurró interrumpió sus pensamientos, los hombres a su alrededor intercambiaban palabras en voz baja, hasta que el sujeto que se encontraba a su lado repitió el mensaje:—Una hora.—

Hein observó el cielo, algunas nubes dispersas decoraban el firmamento, la luna era casi imperceptible, apenas una fina rebanada de su figura total. Al inspeccionar la noche a su alrededor asintió: “Sí, casi una hora para la medianoche”.

Antes de erguirse, movió sus pies para sentir el suelo bajo sus botas. Respiró profundamente, y extendió una mano para tomar un puñado de arena. Comenzó a frotar las palmas de sus manos, cubriéndose de una fina capa. Le generaba serenidad ese pequeño ritual, a pesar de que la empuñadura de un sable tiene una superficie rugosa que permite un correcto agarre incluso cuando está mojado o cubierto de sudor o incluso sangre.

—Es hora.— dijo en voz baja.

A su alrededor, veinte siluetas que se encontraban sentadas sobre el suelo se pusieron de pie.

A paso firme, Hein giró y se dirigió a un grumete delgado y pequeño que se encontraba en el extremo más alejado del grupo y dijo:—Enséñanos el camino que rodea el campamento inglés.—

El grumete era de una contextura similar a la de un niño de gran porte, su piel era oscura, pero sin llegar a parecer a la de un nativo africano. Su padre era holandés, pero el color de su piel y los rasgos de su cuerpo provenían de su madre, seguramente una mujer nativa de alguna de las tantas colonias neerlandesas fundadas por la compañía alrededor del globo, tal vez Batavia . Su característica de poseer sangre mixta lo condenaban a la jerarquía más baja en la tripulación, tal vez de por vida.

En un acento extraño, el diminuto sujeto dijo:—Por aquí….en silencio.—

Procesando…
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Batavia

Batavia (Indias Orientales Neerlandesas)

Batavi, también llamada Betawi en el idioma local de la ciudad, era la capital de las Indias Orientales Neerlandesas. El área corresponde a la actual Yakarta. Batavia puede referirse a la ciudad propiamente dicha, así como a sus suburbios y al interior.

Batavia, año 1780. De Tropenmuseum, part of the National Museum of World Cultures, CC BY-SA 3.0,

¿Dónde se encuentra Batavia?

El área corresponde a la actual Yakarta. El establecimiento de Batavia en el sitio de la ciudad arrasada de Jayakarta por los holandeses en 1619 condujo a la colonia holandesa que se modernizó Indonesia tras la Segunda Guerra Mundial. Batavia se convirtió en el centro de la red comercial de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en Asia.

Batavia se encuentra en la costa norte de Java, en una bahía protegida, sobre un terreno llano formado por pantanos y colinas, y entrecruzado por canales. La ciudad consistía en dos centros: Oud Batavia, la parte más antigua de la ciudad; y la ciudad relativamente nueva situada en el terreno más alto al sur.

Batavia fue una ciudad colonial durante unos 320 años, hasta que en 1942 las Indias Orientales Neerlandesas cayeron bajo la ocupación japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. Durante la ocupación japonesa y de nuevo después de que los nacionalistas indonesios declararan su independencia el 17 de agosto de 1945, la ciudad pasó a llamarse Yakarta. Después de la guerra, la ciudad siguió siendo reconocida internacionalmente bajo su nombre neerlandés, hasta que en 1949 se logró la independencia total de Indonesia, de ahí que la ciudad pasara a llamarse Yakarta.

Batavia y la Compañía de las Indias Orientales Neerlandesas

Los mercaderes de Ámsterdam se embarcaron en una expedición al archipiélago Indias Orientales en 1595, bajo el mando de Cornelis de Houtman. La expedición llegó a Bantén, capital del Sultanato de Banten, y Jayakarta en 1596 para comerciar con especias. El primer viaje de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales en 1602, comandado por Sir James Lancaster, llegó a Aceh y zarpó hacia Bantam. Allí se le permitió construir un puesto de comercio que sirvió como centro del comercio inglés en Indonesia hasta 1682.1​:29.

El gobierno holandés concedió un monopolio sobre el comercio asiático con la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en 1602. Un año más tarde, el primer puesto comercial permanente de los Países Bajos en Indonesia se estableció en Bantam, Java Occidental. En 1610, el príncipe Jayawikarta concedió permiso a los comerciantes holandeses para construir una godown de madera y casas en la orilla este del río Ciliwung, frente a Yakarta. Este puesto se estableció en 1611.

A medida que el poder neerlandés aumentaba, Jayawikarta permitió a los ingleses construir casas en la orilla oeste del río Ciliwung, así como un fuerte cerca de su puesto en la aduana, para mantener las fuerzas equilibradas.

Las tensas relaciones entre el príncipe Jayawikarta y los holandeses se intensificaron en 1618, y los soldados de Jayawikarta asediaron la fortaleza holandesa, que contenía a los almacenes Nassau y Mauricio. Una flota inglesa de 15 barcos llegó bajo el liderazgo de Sir Thomas Dale, un comandante naval inglés y exgobernador de Virginia. Después de una batalla marítima, el recién nombrado gobernador neerlandés, Jan Pieterszoon Coen, escapó a las Molucas para buscar apoyo. Los holandeses ya habían tomado el primer fuerte portugués en 1605. Mientras tanto, el comandante de la guarnición holandesa, Pieter van den Broecke, junto con otros cinco hombres, fue arrestado durante las negociaciones, ya que Jayawikarta creía que había sido engañado por los holandeses. Más tarde Jayawikarta y los ingleses formaron una alianza.

El ejército neerlandés estaba a punto de rendirse a los ingleses cuando, en 1619, Banten envió un grupo de soldados para convocar al príncipe Jayawikarta. El acuerdo de amistad de Jayawikarta con los ingleses fue sin la aprobación previa de las autoridades bantennesas. El conflicto entre Banten y el príncipe Jayawikarta, así como la tensa relación entre Banten y los ingleses, presentó una nueva oportunidad para los holandeses. Coen regresó de las Molucas con refuerzos el 28 de mayo de 1619 ​ y arrasó Jayakarta el 30 de mayo de 1619, expulsando así a su población.

El príncipe Jayawikarta se retiró a Tanara, lugar de su muerte, en el interior de Banten. Los holandeses establecieron una relación más estrecha con Banten y asumieron el control del puerto, que con el tiempo se convirtió en el centro de poder neerlandés en la región.

Fragmento N°313

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“Al correr la cortina, tu madre me recibió recostada con una leve sonrisa. Tu parto no fue sencillo, luego de que llegaras a este mundo la fiebre invadió el cuerpo de Megan, y a pesar de que con el correr de los días parecía recuperarse, cada mejora era seguida de periodos de fiebre intensa. Jamás pudo abandonar su lecho y ese era uno de los motivos por el cual nos vimos obligados a repostar en el cabo.

—¿Cómo te encuentras querida?— pregunté de manera pausada y clara.

Ella sonrió nuevamente, esta vez de manera más intensa, pero luego sus ojos se cerraron y volvió a caer en un sueño profundo.

—Estuvo consciente algunos minutos a primera hora de la mañana capitán, y desde ayer no ha tenido más fiebre.— comentó Fausto a mis espaldas mientras acomodaba un paño húmedo sobre la frente de Megan.

Detrás de mí escuche pasos, al girar Favre se encontraba de pie en la entrada de la tienda.

—¿Mandó a llamarme capitán?— consultó el galo.

—Así es, ¿has terminado con el oficial holandés?— pregunté.

En silencio Antoine asintió.

—¿Cuáles te han parecido sus intenciones Antoine?— 

Favre respondió sin dudarlo:—La mirada de ese tal Hein dice mucho más de lo que sus palabras permiten entender. Si bien mostró interés por las provisiones y la ayuda que podemos brindarle, sus ojos parecían más preocupados por examinar nuestras armas, el perímetro y nuestros hombres.—

Maldiciendo por dentro dije:—Como lo sospechaba.—

—Intentó hacer algunas preguntas respecto a la cantidad de hombres que podrían ayudar a cargar las provisiones al Mauritius, pero al ver que comenzaba a sospechar sus intenciones, abandonó rápidamente el tema y volvió a hacer preguntas triviales sobre la cantidad de agua dulce y alimentos que podríamos disponer.— completó el galo.

—¿Qué opinas?— consulté.

Encontrándose de hombros, Antoine cruzó sus brazos y dijo:—Estos hombres están desesperados capitán, hay algo de verdad en ello, desconozco el motivo pero veo hambre y angustia en sus miradas. Por algún motivo. se encuentran al borde de sus recursos, y temo que la desesperación pueda hacer que cometan un acto de estupidez.—

—Ve al punto Antoine.— arrojé.

El galo suspiró profundamente, luego dijo:—En fin, sospecho que nos atacarán si les damos un momento de vulnerabilidad, y si fuera ellos aguardaría a dos momentos cruciales. O bien puede ser en cuanto debamos desmantelar nuestras defensas para cargar los cañones de tierra a El Retiro, o en cuanto hagamos el intercambio de provisiones. Probablemente de noche para compensar la inferioridad numérica, si es que es verdad que son solo sesenta tripulantes, cosa que dudo mucho capitán—

Pensativo dije:—Imaginaba algo similar.—

Comencé a caminar por la tienda mientras pensaba en nuestras próximas decisiones.

—Antoine, ¿cuánto crees que tardaríamos en volver a cargar todo a bordo si de ello dependiera nuestra vida?— consulté.

Favre abrió su boca para responder, pero antes de que una palabra emergiera lo interrumpí.

—Comienza a cargar las provisiones en cuanto anochezca, sin antorchas, todo debe ser en el más absoluto silencio y oscuridad. Comienza por el té, las especias y todo lo que hicimos descender para reacomodar la bodega. Deja para el final los cañones, puede que los necesitemos en algún momento de la noche.— 

El galo asintió diciendo:—Creo que es la mejor decisión capitán, solo en caso de que hayamos malinterpretado los movimientos de nuestros vecinos, podemos dejar las provisiones prometidas en tierra al momento de partir. Y de ese modo no faltaríamos a nuestra palabra.—

—Correcto, procede de ese modo. Una cosa más Antoine, te necesito en El Retiro para cubrirnos en caso de que sea necesario, y para cuidar de Megan y Aidan mientras yo dirijo a los hombres aquí en la playa.—

—Delo por hecho capitán, impartiré las órdenes e iré inmediatamente a El Retiro para tomar el control del mismo.—

—Perfecto, si ves a Umbukeli llámalo, quiero hablar con él lo más pronto posible.— dije para concluir.

Favre asintió y giró para salir de la tienda.

Mientras meditaba rápidamente sobre el estado de la situación, la voz de Fausto volvió a interpelarme.

En voz baja el médico se dirigió a mí—Capitán, en este estado la Srta Megan necesitará reposo en tierra rápidamente, su condición se deteriorará si debiera pasar una o dos semanas en altamar.— 

—Lo sé, en cuanto cambiemos rápidamente de posición podremos volver a tierra algunos días. Por lo pronto necesitaré que prepares el traslado de Megan y Aidan a mi camarote en la nave.—

—Como ordene capitan.— afirmó Fausto.

Mientras ayudaba al médico a preparar la camilla para el traslado de Megan, Umbukeli ingresó en la tienda diciendo:—La mitad de los cañones se encuentran cargados con metralla y apuntan tierra adentro capitán. Favre me ha indicado que desea verme.—

—Así es, necesito que tú y Edahi hagan una pequeña tarea en cuanto oscurezca. Deben montar guardia en las inmediaciones del campamento de los holandeses e informarme de cualquier movimiento extraño, trata de averiguar cuántos son y cualquier información relevante.—

—Cómo ordene capitán.— sin más palabras el somalí giró y salió a paso acelerado de la tienda.»

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A medida que se acercaba de nuevo al Mauritius, Piet Hein repetía constantemente en su cabeza los datos de vital importancia que acababa de memorizar.

A unos cien pasos, logró ver que ya habían desembarcado varios de sus compañeros y que sobre la jungla costera se estaba montando un improvisado campamento. Justo en el perímetro de la vegetación, se encontraba de pie el capitán Olivier Van Noort discutiendo con otro de sus oficiales.

Al verlo aproximarse, interrumpió la charla con el oficial y giró para enfrentar a Hein, sin ningún preámbulo preguntó:—¿Y bien? ¿Cuántos hombres tienen esos malditos?—

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Fragmento N°312

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Sin creerlo, Elizabeth volvió a leer colocando su dedo índice sobre las palabras trazadas en papel

— …oficial Hein….— repitió en voz pausada e incrédula.

Absorta, continuó la lectura narrada por Edward en ese desgastado manuscrito:

 “Me dirigí al joven y extendí mi mano para saludarlo diciendo:— Francis Edward Gregor, a su servicio.— 

El muchacho extendió la suya y al estrecharla dijo:— Piet Hein, primer oficial del Mauritius.— un claro acento holandés acompañó sus palabras mientras se expresaba en inglés.

Lo observé detenidamente, el sujeto era muy joven, rozaba los diecisiete años. Su contextura era amplia y rígida, sus hombros y brazos anchos denotaban su habilidad para manipular la espada. Durante ese segundo que demoré en inspeccionarlo, noté que me miraba firmemente a los ojos, algo peculiar se ocultaba en su mirada.

Luego liberé su mano indicando:—El oficial Favre le indicará qué provisiones puede tomar y cuándo recogerlas.—

—Estaremos eternamente agradecidos.— se limitó a acotar el muchacho.

Favre indicó:—Por aquí oficial, necesito un detalle de cuántos hombres dispone en su nave para poder organizar los víveres.—

En ese momento me quedé observando al holandés alejarse junto a Favre. Sus pasos eran elegantes y firmes, avanzaba mirando a su alrededor, parecía más interesado en inspeccionar el campamento que en oír qué cantidad de provisiones dispondría su tripulación.

Mientras el joven se alejaba, me detuve un instante para mirar la línea costera y los sucesivos cañones emplazados en dirección a la bahía. Entre tanto aguardabamos para zarpar, la mitad de los cañones de El Retiro fueron retirados de sus posiciones y llevados a tierra para ser colocados en posición defensiva sobre el perímetro del campamento mirando en dirección hacia el mar. Se habían cavado trincheras alrededor de cada culebrina junto a una empaladiza de sacos de arena para facilitar su protección y la de los hombres que manipulaban los cañones en caso de recibir fuego enemigo.

Giré hacia Edahi y Umbukeli:—Al anochecer, necesito que la mitad de los cañones sean girados en dirección al interior de la jungla, no solo en dirección a la costa. Preparémonos para recibir visitas desde tierra.—

Umbukeli fue el primero en hablar:—A mi también algo me huele mal.—”

Elizabeth volvió a sorprenderse, Edward había transcrito palabras dichas por el somalí. Ella recordaba que por algún tipo de promesa o juramento que desconocía, Umbukeli no hablaba y por este motivo prácticamente nadie conocía su voz.

Continuó:” —Si las intenciones de nuestros visitantes no son las correctas, hemos cometido un grave error. Ahora tienen dos vías de ataque, pueden usar su nave y a su vez flanquearnos por tierra.— dije.

Edahi comentó:—En un combate directo, El Retiro destrozaría a su nave.—

—Es verdad, si contara con todos sus cañones. La mitad está en tierra, y en el momento que queramos subirlos a bordo necesitaremos medio día para ello al menos, y allí es cuando seremos más vulnerables. Presiento que ahora ellos son conscientes de ambas cosas.— aclaré.

Comencé a caminar hacia el campamento principal mientras el nativo y el somalí iban a mi lado. Antes de ingresar a mi tienda ordené:—No solo giren la dirección de los cañones, refuercen la guardia en cuanto el oficial holandés abandone el campamento, informarle a Favre que debo verlo de inmediato en cuanto se desocupe.—

Asintiendo al mismo tiempo Edahi y Umbukeli se retiraron hacia el perímetro del campamento. En ese instante giré e ingresé a la tienda.

A pesar del calor abrasante de la mañana, el interior era fresco y amplio. En el centro, se encontraba una cama cubierta por una estructura de troncos sobre la cual pendían unas finas cortinas que evitaban que los insectos ingresaran.

Fausto se yacía de pie junto a la litera, sobre sus brazos, agitaba sutilmente como si fuese un saco con pólvora, a un pequeño capullo de lino que te envolvía completamente Aidan. Con apenas dos meses de vida, eras un pequeño bribón regordete que cabía en una cesta.  

Al acercarme, Fausto dijo:—Creo que ya se lo suficiente como para tener uno.—

Mientras Megan, tu madre, se encontraba aún recuperándose del parto. Fausto cumplía la doble tarea de cuidar de ella y de tí.

Con delicadeza para no despertarte, corrí sutilmente un trozo de lino para revelar tu rostro, te encontrabas particularmente calmado y dormido ese día. 

—No tengo nada más que palabras de agradecimiento viejo amigo, duermes a este niño mejor de lo que su padre pudiera hacerlo.— dije mientras me aproximaba a la litera de tu madre.

Con cautela, desplacé la cortina para verla a ella.”

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Fragmento N°311

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Ella volvió a leer la última frase y se preguntó: “¿La verdad?”. Pero su ansiedad fue más fuerte y se vio obligada a cambiar de página rápidamente.

El libro era sumamente delicado a causa del tiempo transcurrido, cada vez que giraba una página parecía que iba a desprender por completo un trozo de papel de la hoja.

El siguiente párrafo comenzaba: “Todo comenzó en mayo del año 1601 de nuestro Señor. Nos encontrábamos apostados en el Cabo de Buena Esperanza, aprovisionándonos antes de retomar nuestro viaje a Inglaterra. La mañana del 3 de mayo, una nave entró a la bahía, se trataba de un galeón desvencijado, de apariencia descuidada, aparentemente castigado por alguna tormenta o marejada que había exigido al extremo sus aparejos.

El Cabo era una buena zona para estacionarse y acondicionar una nave antes de hacer el trayecto final a Europa. Pero era visitado por numerosos piratas en busca de presas fáciles. Por esa razón habíamos montado un campamento en tierra firme mientras hacíamos algunas reparaciones y llenábamos los toneles de agua dulce.

Esa mañana, al entrar a la bahía, la nave pasó lejos de El Retiro, al menos lo suficientemente lejos del alcance de sus cañones. Por el largavista pude ver el nombre que se exhibía en su casco, se llamaba Mauritius. Una bandera desgastada de las provincias unidas flameaba en lo alto del palo mayor.”

Inmediatamente Elizabeth reconoció de que nave se trataba, la historia del Mauritius era parte de la cultura popular de las provincias unidas, había sido la primera embarcación neerlandesa en circunnavegar el globo.

Su curiosidad aumentó y continuó leyendo: “No planeábamos estar demasiado tiempo en Buena Esperanza, nuestro plan era partir a la mañana siguiente, pero esas veinticuatro horas fueron decisivas para lo que sucedería luego.

La nave neerlandesa amarró en el extremo opuesto de la bahía. Yo me encontraba preparándome para comenzar la jornada y ultimar los detalles que restaban antes de que zarpáramos, aún restaba cargar algunos pertrechos antes de que diéramos por finalizada nuestra estadía en el Cabo. Habíamos aprovechado la calma para hacer descender algunas provisiones y acomodar mejor el espacio de la bodega.

Como todas las mañanas, me dirigí a mi tienda para despedirme de Megan, tu madre. Odiaba alejarme de ella cada día, pero tu parto no fue fácil Aidan, y Fausto nos recomendó con énfasis que tu madre debía hacer reposo en la playa, sin hacer movimientos bruscos.

Luego de despedirme de ambos, regresé a la playa, allí se encontraba de pie Edahi, Favre y Umbukei. Favre fue el primero en hablar esa mañana:—Algo me huele mal capitán.— fueron sus palabras.
Solo por precaución ordené:—Que todos los hombres se alisten, no queremos sorpresas de nuestros nuevos visitantes.—

Inmediatamente, una pequeña lancha se desprendió del Mauritius y se dirigió hacia tierra.

Llegó a la costa a varios cientos de pies de donde nos encontrábamos, pero pude ver con claridad a los tres hombres que luego de tocar tierra comenzaron a caminar hacia nosotros.

Al verlos de cerca, tuve una primera impresión, tal vez algo apresurada. Puede notar el rostro de agotamiento y desesperación que lucían esos hombres.

En cuanto estuvieron lo suficientemente cerca como para oírme, grité:—¿El mar los ha maltratado al parecer?—

El que parecía ser su capitán respondió en perfecto inglés:—Si tan solo fuera el mar.—

Comencé a caminar hacia ellos, frené a unos cinco pasos de distancia diciendo:—¿Mal viento?¿Piratas?— consulté.

El capitán dijo:—Es una historia larga, que con gusto contaré si me invita un trago.—

—Creo que es lo menos que puedo hacer por usted.— dije, en ese momento no sonaba una mala idea, pero ello conllevaría terribles consecuencias.

Hice traer unas sillas y nos sentamos junto a ellos bajo la sombra de los arbustos costeros, el sujeto se sentó frente a mí y junto a sus dos oficiales. Edahi, Favre y Umbukeli se sentaron a mí lado, enfrentando a los dos oficiales que acompañaban al capitán neerlandés.

Extendí una jarra de cerveza, era demasiado temprano para mi, pero el sujeto tomó la jarra y dijo: —Capitán Olivier Van Noort a su servicio.— acto seguido bebió la mitad del líquido espeso y amarillento.

Francis Edward Gregor, para servirle. — me presenté.

En muy pocos minutos me contó gran parte de su historia, en realidad era parte de una flota de cuatro naves, y el Mauritius era la única sobreviviente. Formaba parte de una expedición que buscaba circunnavegar el globo y se encontraba en su último trayecto rumbo a Rotterdam. Pero desde que el viaje comenzó, las penurias habían azotado a la flota, y luego de diferentes motines, ataques de piratas y nativos, apenas habían sobrevivido unos sesenta tripulantes de los casi trescientos originales.

La expedición tampoco había logrado beneficio comercial alguno, sus bodegas estaban vacías, habían agotado sus suministros, municiones, pólvora hace semanas. Y se habían visto obligados a vender las pocas mercancías obtenidas en los mercados de Asia y Oriente.

Recuerdo sus palabras finales, con su voz temblorosa y entrecortada dijo:—Tal vez una tormenta que nos envíe al fondo del mar sea lo mejor que pueda pasarnos. En cuanto lleguemos a Rotterdam, nuestros acreedores pedirán mi cabeza por los resultados obtenidos.—

—A no desesperar hombre, la buena fortuna sonríe cuando uno menos lo espera.— fue lo único que pude decir en ese momento. Luego Olivier Van Noort vació su jarra y se puso de pie diciendo:—Agradezco la invitación Edward, si no le molesta, debo permitirles a mis hombres bajar a tierra y aprovisionarme de agua dulce antes del último tramo hasta Rotterdam.—

Me erguí y dije:—No será molestia para nosotros darles algunas raciones de nuestra bodega, estamos cubiertos para lo que resta de nuestro viaje, y al parecer a usted le vendrán mejor en este momento.—

Olivier Van Noort estrecho su mano diciendo:—Estaré más que agradecido, jamás podré compensarle el gesto, es usted un gran caballero Edward.—

En neerlandés extendió su mano hacia uno de sus oficiales diciendo:—Puede contar con el oficial Hein para coordinar la carga, yo debo regresar con mis hombres.—”

Elizabeth frenó abruptamente la lectura y volvió a leer estupefacta: ”…oficial Hein…”

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Olivier van Noort

Greensleeves – Canción Inglesa

También conocido en español como Oliverio van Noort; nacido en Utrecht en1558. Falleció en Schoonhoven, el 22 de febrero de 1627. Fue un navegante y pirata neerlandés del siglo XVII, el primero de su país en circunnavegar el mundo.

Olivier van Noort: Navegante, explorador y pirata; primer neerlandés en circunnavegar el mundo.

La vuelta al mundo de Olivier van Noort

La vuelta al mundo de Olivier comenzó como una expedición organizada por la Magelhaensche Compagnie, de Peter Van Beveren, Huyg Gerritz y John Benninck y cofinanciada por los comerciantes de Róterdam, van Noort fue elegido para dirigir uno de los primeros viajes de los Países Bajos hacia las Indias.

​Este era un veterano de las campañas contra los españoles. Van Noort tenía 30 años y si como navegante tenía cierta pericia, como comerciante era nulo. La expedición constaba de cuatro naves, el Mauritius (de 275 toneladas), el Hendrik Frederick (de 375 toneladas), y dos yates de cerca de 50 toneladas cada uno, el Endracht y el Esperance.

En total , había 248 hombres bien provistos. Los críticos de la expedición observaron que estos barcos estaban mal equipados, sobre todo en cuanto a armamento, y que la tripulación estaba desorganizada y carecía de experiencia.4

Van Noort se embarcó en el Mauritius como almirante; Claazs abordó el Henry Frederick, como vicealmitante; Peter de Lint comandaba el Endracht y John Huidecooper el Esperance.​ Todas estas tripulaciones estaban registradas en el Concilio del Almirantazgo de Róterdam, siendo conformadas como tales el 25 de junio de 1598 bajo el Artykel-brief.​

La travesía de Olivier van Noort

La flota partió de Goeree, Róterdam, el 13 de septiembre de 1598.2​ Casi inmediatamente después de la salida, la conducta arrogante del vicealmirante Jacob Klaasz Ilpendam (Jacobo Claaz de Ulpenda) provocó descontento entre la tripulación y 7 hombres abandonaron en dos chalupas. Al parar en el puerto de Plymouth tomaron a bordo a un piloto llamado Mellish, que había navegado con Thomas Cavendish alrededor del mundo (1586–88).

Siguieron la costa occidental de África en diciembre y llegaron a la isla Príncipe, al oeste de Gabón, frente a la costa de África, donde perdieron algunos hombres en combate con los portugueses mientras se aprovisionaban de agua dulce. Entre las bajas estaba Cornelio Van Noort, el piloto Melis, Daniel Goerritzs y Juan de Bremen.​ Sólo escapó el capitán Pedro Esías.1​ Van Noort desembarcó un mayor número de hombres solo para ser rechazados por los bien fortificados portugueses, por lo que Van Noort decidió huir sin haber podido vengar la muerte de su hermano y sus 12 hombres.​ Tras un intento de rebelión, Van Noort el 25 de diciembre de 1598 abandonó en la costa africana al piloto Hans Volkerts de Heligoland, en una playa de tierra firme al frente de la Isla Príncipe.

Pocos días después, el 5 de enero de 1599 avistan la isla de Annobón, por lo que enderezan la ruta y comienzan el cruce del océano Atlántico, y asomaron a la barra de la bahía de Guanabara, en la capitanía de Río de Janeiro, el 9 de marzo y de nuevo, fueron rechazados por los portugueses. Se dirigieron a la isla de Santa Clara, en la costa brasileña, dispuestos a pasar el invierno. El Eendracht fue quemado porque no estaba en condiciones de navegar y en la isla encontraron suficiente fruta que ayudó a la tripulación a recuperarse del escorbuto.

Reanudaron el viaje el 2 de junio de 1599 y después de un viaje con mal tiempo llegaron el 20 de septiembre a Puerto Deseado, en la costa de la Patagonia, donde anclaron para reparar los daños y reponer provisiones. Cazaron pingüinos y focas los que conservaron en sal. Permanecieron allí durante más de un mes y también perdieron 3 hombres en combates con los nativos mientras hacían incursiones en el interior.2​Además murió el capitán Jacobo Ianzs Huydecooper. Peter Lint, capitán del viejo Concordia fue nombrado capitán del Esperance, siendo este nombrado Concordia.

El estrello de Magallanes

El 4 de noviembre la flota llegó al estrecho de Magallanes, con mal tiempo. Después de varios intentos, finalmente la flota logró internarse por el estrecho el 23 de noviembre. A poco andar fondea en Puerto del Hambre donde no había ni siquiera restos del antiguo emplazamiento español.

La flota desembarcó en la costa norte del estrecho, siendo atacados por los indígenas y sufriendo graves pérdidas. Poco después, anclaron entre las islas Penguin, y descubrieron sucesivamente las bahías de Olivier, Mauricio y Hanry, pero no pudieron explorar esta última a causa del hielo. En la isla de los Pingüinos se encontraron con un grupo de indígenas y mataron a casi todos los adultos, hombres y mujeres, mientras que se llevaron a algunos niños. El segundo de Van Noort, Jacob Claasz trató de desertar pero fue sorprendido por sus propios hombres siendo sometido a Consejo de Guerra, que fue llevado a cabo inmediatamente y condenado a ser abandonado en la playa de Puerto del Hambre, sentencia cumplida el 26 de enero. Nunca más se supo de Claasz. Lambert Biesman, primer oficial fue nombrado interinamente vicealmirante. Una vez abandonado Claazs en la playa, Peter de Lint fue nombrado Vicealmirante en forma oficial.

El 16 de diciembre se encontraron con el buque comandado por Sebald de Weert, de la flota del almirante Jacobo Mahu. Sebald de Weert, sin poder obtener provisiones de Van Noort y a causa del mal tiempo, había perdido el contacto con la flota y había pasado 5 meses en el estrecho. Intentó unirse a la flota de van Noort pero fracasó y más tarde navegó de vuelta a los Países Bajos.

Rumbo al Pacíico

Luego e abandonar Sudamérica sin mucho resultado tras atacar Arica a mediados de 1600 y el Callao, donde capturaron 5 naves y obtuvieron un botín de 60 toneladas, la flota​ zarpó hacia las Islas Ladrones (hoy Kiribati), donde llegaron en septiembre de 1600.​ Siguieron por la isla de Guam y las islas Filipinas, que alcanzaron el 16 de octubre.

Mientras la escuadra de Van Noort fondeaba en Filipinas la escuadra española enviada a perseguirle regresaba al Perú.2​ Era entonces gobernador de Filpinas Francisco Tello de Guzmán.2​ Después de haber perdido dos barcos en este punto en una tormenta, el Endracht fue hundido en un combate con un barco español en la bahía de Manila en las Filipinas, ya que el gobernador Francisco de Meneses Brito había enviado la escuadra del Mar del Sur a apresarle. Otra nave más fue capturada por la armada, al tiempo que los neerlandeses lograron hundir el galeón San Diego, de trescientas toneladas, la principal nave de bandera española, cuyos restos fueron encontrados en 1995, con un tesoro de monedas de oro y porcelanas, pereciendo también el general don Juan Velazco, hijo del virrey. Los neerlandeses cometieron graves y crueles actos en sus desembarcos contra españoles, chinos y portugueses en las Filipinas.2​

El 7 de noviembre de 1600 capturaron un sampan chino de 100 toneladas cuyo capitán, un chino de Guandong que sabía español y portugués, les informó acerca del movimiento comercial de la bahía de Manila.​ Cada año se esperaban 4 grandes buques desde Chincheo, China, con seda y otros productos.​ El 9 de noviembre anclaron en una isla llamada Banklingle.​ El 3 de diciembre de 1600 capturaron un barco japonés con hierro. Su capitán se llamaba Jamasta Cristissamundo. Van Noort les solicitó provisiones que le fueron entregadas y les proporcionó a cambio mosquetes y munición.​ El 14 de diciembre de 1600, cuando los neerlandeses pasaban frente a Cavite, en la bahía de Manila, la flota de Antonio de Morga les cerró el paso.​ Los dos navíos españoles se enfrentaron al Mauritius y al Endracht. Cuando el patache San Antonio tenía casi rendido al barco de Van Noort, se incendió en forma accidental, hundiéndose. Los neerlandeses, además de perder el Concordia con sus 25 tripulantes sufrieron otras treinta bajas. Al terminar la contienda, se dedicaron a asesinar a los marinos españoles del San Antonio que estaban en el agua reventándoles los cráneos con los remos. Este hecho está claramente descrito en las memorias de Van Noort.

Después de saquear las Filipinas, pusieron rumbo a Borneo para reponer los destrozos de la batalla de Cavite. A los pocos días partía para la isla de Java, donde llegaron a Djaratan o Joartan, sobre el río del mismo nombre, el 29 de enero de 1601. En la ribera oeste del río esta la actual ciudad de Gresik.​ En la isla de Java cargaron especias.

Tras rodear el cabo de Buena Esperanza el 3 de mayo, estaban de vuelta en Róterdam, el 26 de agosto de 1601, tras un viaje de casi tres años y con un único barco, el Mauritius y sólo 45 de los 248 marineros que lo acompañaban en la salida.

La aventura es poco conocida y los resultados económicos fueron relativamente pobres, ya que la empresa no tuvo ni ganancias ni pérdidas.

Fragmento N°310

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Ella leyó nuevamente las líneas que se encontraban ante sus ojos. Las palabras sonaban extremadamente profundas, repasó una vez más ese pequeño párrafo antes de continuar. 

Al girar la página, el mismo trazo delicado y prolijo comenzaba junto al margen diciendo:

«𝘌𝘭 𝘥𝘦𝘴𝘵𝘪𝘯𝘰 𝘦𝘴 𝘢𝘭𝘨𝘰 𝘤𝘢𝘱𝘳𝘪𝘤𝘩𝘰𝘴𝘰, 𝘯𝘰 𝘦𝘴 𝘱𝘰𝘴𝘪𝘣𝘭𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘳𝘰𝘭𝘢𝘳𝘭𝘰, 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘪𝘯 𝘦𝘮𝘣𝘢𝘳𝘨𝘰 𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘦𝘮𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘵𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘱𝘦𝘲𝘶𝘦ñ𝘢𝘴 𝘢𝘤𝘤𝘪𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘳𝘦𝘢𝘭𝘪𝘻𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘶𝘯 𝘪𝘮𝘱𝘢𝘤𝘵𝘰 𝘯𝘰𝘵𝘢𝘣𝘭𝘦 𝘦𝘯 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘧𝘶𝘵𝘶𝘳𝘰. 𝘈𝘭 𝘮𝘦𝘯𝘰𝘴 𝘢𝘴í 𝘭𝘰 𝘱𝘦𝘳𝘤𝘪𝘣𝘰, 𝘢𝘩𝘰𝘳𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘦𝘯𝘤𝘶𝘦𝘯𝘵𝘳𝘰 𝘢𝘨𝘶𝘢𝘳𝘥𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘮𝘪 𝘧𝘪𝘯𝘢𝘭 𝘦𝘯 𝘶𝘯𝘢 𝘢𝘱𝘦𝘴𝘵𝘰𝘴𝘢 𝘤𝘦𝘭𝘥𝘢.»

Un ruido llamó la atención de Elizabeth, al girar observó que el pequeño Edward refregaba su rostro con sus pequeñas manos mientras emitía leves sonidos. Luego de girar y acomodarse, el niño siguió durmiendo. Para su fortuna, Victoria permanecía inmutable a los movimientos de su hermano.

Al observar al pequeño, por primera tomó la real dimensión del nombre que llevaba, en quien estaba inspirado, y que pronto conocería más sobre él.

Prosiguió con el siguiente párrafo:

«𝘛𝘰𝘥𝘰 𝘩𝘢 𝘴𝘶𝘤𝘦𝘥𝘪𝘥𝘰 𝘵𝘢𝘯 𝘳á𝘱𝘪𝘥𝘰 𝘺 𝘥𝘦 𝘮𝘢𝘯𝘦𝘳𝘢 𝘵𝘢𝘯 𝘱𝘰𝘤𝘰 𝘱𝘳𝘦𝘷𝘪𝘴𝘪𝘣𝘭𝘦, 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘤𝘶𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘩𝘪𝘭𝘢𝘳 𝘭𝘰𝘴 𝘮𝘰𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘭𝘭𝘦𝘷𝘢𝘳𝘰𝘯 𝘩𝘢𝘴𝘵𝘢 𝘢𝘲𝘶í. 𝘗𝘦𝘳𝘰 𝘦𝘯 𝘷𝘪𝘴𝘵𝘢 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴 𝘱𝘳𝘰𝘣𝘢𝘣𝘭𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘢𝘥 𝘯𝘰 𝘴𝘦𝘢 𝘳𝘦𝘷𝘦𝘭𝘢𝘥𝘢, 𝘮𝘦 𝘷𝘦𝘰 𝘰𝘣𝘭𝘪𝘨𝘢𝘥𝘰 𝘢 𝘶𝘵𝘪𝘭𝘪𝘻𝘢𝘳 𝘮𝘪𝘴 ú𝘭𝘵𝘪𝘮𝘰𝘴 𝘮𝘪𝘯𝘶𝘵𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯 𝘷𝘪𝘥𝘢 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘢𝘳 𝘭𝘰 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪𝘥𝘰.  𝘛𝘢𝘭 𝘷𝘦𝘻 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘴 𝘱𝘢𝘭𝘢𝘣𝘳𝘢𝘴 𝘵𝘢𝘮𝘣𝘪é𝘯 𝘴𝘦𝘢𝘯 𝘰𝘭𝘷𝘪𝘥𝘢𝘥𝘢𝘴 𝘺 𝘫𝘢𝘮á𝘴 𝘷𝘦𝘢𝘯 𝘭𝘢 𝘭𝘶𝘻, 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘮𝘦 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘯𝘧𝘰𝘳𝘵𝘢 𝘦𝘭 𝘮𝘰𝘷𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘱𝘭𝘶𝘮𝘢 𝘦𝘯 𝘮𝘪𝘴 𝘮𝘢𝘯𝘰𝘴, 𝘺 𝘭𝘢 𝘤𝘭𝘢𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭𝘭𝘰 𝘮𝘦 𝘣𝘳𝘪𝘯𝘥𝘢, 𝘥𝘦 𝘤𝘢𝘳𝘢 𝘢 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘢𝘱𝘳𝘰𝘹𝘪𝘮𝘢.»

Un nudo en la garganta de Elizabeth le impidió continuar, su mente imaginaba vívidamente la escena que se estaba dando en un oscuro calabozo, en alguna parte del mundo, hace ya varios años. Mientras una pobre alma aguardaba su destino.

El texto continuaba:

«𝘌𝘭 𝘪𝘯𝘪𝘤𝘪𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘧𝘪𝘯 𝘧𝘶𝘦 𝘤𝘢𝘴𝘪 𝘱𝘰𝘳 𝘤𝘢𝘴𝘶𝘢𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥, 𝘴𝘪 𝘦𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘢 𝘤𝘢𝘴𝘶𝘢𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘦𝘹𝘪𝘴𝘵𝘦. 𝘜𝘯 𝘢𝘤𝘵𝘰 𝘧𝘰𝘳𝘵𝘶𝘪𝘵𝘰, 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘭𝘰𝘤ó 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘭𝘶𝘨𝘢𝘳 𝘪𝘯𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘤𝘵𝘰, 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘮𝘰𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘪𝘯𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘤𝘵𝘰, 𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢𝘴 𝘪𝘯𝘤𝘰𝘳𝘳𝘦𝘤𝘵𝘢𝘴. 𝘚𝘰𝘭𝘰 𝘮𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘯𝘵𝘢 𝘦𝘭 𝘩𝘦𝘤𝘩𝘰 𝘥𝘦 𝘲𝘶é 𝘢𝘲𝘶𝘦𝘭𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘮á𝘴 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘳𝘰 𝘴𝘦 𝘦𝘯𝘤𝘶𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘢 𝘴𝘢𝘭𝘷𝘰, 𝘭𝘦𝘫𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘦𝘤𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪𝘳á, 𝘢𝘭 𝘳𝘦𝘴𝘨𝘶𝘢𝘳𝘥𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘵𝘳𝘢𝘪𝘤𝘪ó𝘯 𝘺 𝘭𝘢 𝘮𝘦𝘯𝘵𝘪𝘳𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘩𝘦 𝘱𝘳𝘦𝘴𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢𝘥𝘰.»

Esta vez sin dudarlo, Elizabeth giró la página para proseguir, algo en su interior la alimentaba a continuar, como si entre esas páginas se encontraran las respuestas que ella buscaba:

«𝘓𝘢 𝘭𝘶𝘯𝘢 𝘴𝘦 𝘧𝘪𝘭𝘵𝘳𝘢 𝘭𝘦𝘷𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘢 𝘥𝘪𝘮𝘪𝘯𝘶𝘵𝘢 𝘷𝘦𝘯𝘵𝘢𝘯𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘦𝘯𝘤𝘶𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘢 𝘷𝘢𝘳𝘪𝘰𝘴 𝘤𝘶𝘦𝘳𝘱𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘢𝘭𝘵𝘶𝘳𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘴𝘶𝘦𝘭𝘰 𝘥𝘦 𝘮𝘪 𝘤𝘦𝘭𝘥𝘢. 𝘘𝘶𝘪𝘴𝘪𝘦𝘳𝘢 𝘷𝘦𝘳 𝘭𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘵𝘳𝘦𝘭𝘭𝘢𝘴 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘱𝘢𝘳𝘵𝘪𝘳, 𝘦𝘴𝘢 𝘩𝘶𝘣𝘪𝘦𝘴𝘦 𝘴𝘪𝘥𝘰 𝘮𝘪 ú𝘭𝘵𝘪𝘮𝘢 𝘷𝘰𝘭𝘶𝘯𝘵𝘢𝘥, 𝘳𝘦𝘢𝘭𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘰 𝘷𝘦𝘳 𝘦𝘭 𝘧𝘪𝘳𝘮𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰 𝘢𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘵𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘦. 𝘗𝘦𝘳𝘰 𝘴é 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘰𝘭𝘰 𝘱𝘰𝘥𝘳é 𝘴𝘢𝘭𝘪𝘳 𝘶𝘯𝘢 𝘷𝘦𝘻 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘮𝘢𝘯𝘦𝘻𝘤𝘢 𝘺 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘴𝘦 𝘦𝘯𝘵𝘰𝘯𝘤𝘦𝘴 𝘭𝘢 𝘷𝘪𝘴𝘵𝘢 𝘯𝘰 𝘴𝘦𝘳á 𝘵𝘢𝘯 𝘱𝘪𝘯𝘵𝘰𝘳𝘦𝘴𝘤𝘢.

𝘌𝘯 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘵𝘰 𝘦𝘭 𝘴𝘰𝘭 𝘴𝘢𝘭𝘨𝘢, 𝘱𝘰𝘤𝘰 𝘩𝘢𝘣𝘳á 𝘲𝘶é 𝘩𝘢𝘤𝘦𝘳, 𝘴𝘰𝘭𝘰 𝘮𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘶𝘦𝘭𝘢 𝘴𝘢𝘣𝘦𝘳 𝘵𝘦 𝘢𝘭𝘦𝘫𝘢𝘴 𝘥𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘈𝘪𝘥𝘢𝘯. 𝘕𝘰 𝘮𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘦𝘴, 𝘫𝘢𝘮á𝘴 𝘮𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘦𝘳á𝘴. 𝘕𝘶𝘯𝘤𝘢 𝘱𝘰𝘥𝘳é 𝘳𝘦𝘨𝘢ñ𝘢𝘳𝘵𝘦 𝘱𝘰𝘳 𝘵𝘶𝘴 𝘵𝘳𝘢𝘷𝘦𝘴𝘶𝘳𝘢𝘴, 𝘵𝘶 𝘫𝘢𝘮á𝘴 𝘱𝘰𝘥𝘳á𝘴 𝘥𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘵𝘢𝘳𝘮𝘦 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘢 𝘯𝘰𝘤𝘩𝘦 𝘢 𝘤𝘢𝘶𝘴𝘢 𝘥𝘦 𝘵𝘶𝘴 𝘱𝘦𝘴𝘢𝘥𝘪𝘭𝘭𝘢𝘴. 𝘗𝘦𝘳𝘰 𝘦𝘯 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘵𝘰 𝘭𝘦𝘢𝘴 𝘦𝘴𝘵𝘰, 𝘴𝘦𝘯𝘵𝘪𝘳á𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘰𝘺 𝘢 𝘵𝘶 𝘭𝘢𝘥𝘰, 𝘺 𝘮𝘦 𝘷𝘦𝘳á𝘴 𝘢𝘭𝘭í 𝘦𝘯 𝘭𝘰 𝘢𝘭𝘵𝘰, 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘷𝘦𝘻 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘶𝘦𝘥𝘢𝘴 𝘷𝘦𝘳 𝘦𝘭 𝘧𝘪𝘳𝘮𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰.» 

En su cabeza, Elizabeth elaboraba demasiadas preguntas como para poder organizarlas y priorizar cuáles eran las más urgentes de encontrar respuesta. Pero su sed de conocer la historia que se encontraba en sus manos aplacaba cualquier ansiedad. Siguió leyendo:

«𝘕𝘪 𝘴𝘪𝘲𝘶𝘪𝘦𝘳𝘢 𝘩𝘦 𝘵𝘦𝘯𝘪𝘥𝘰 𝘵𝘪𝘦𝘮𝘱𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘳 𝘤𝘢𝘭𝘤𝘶𝘭𝘢𝘳 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘵𝘢𝘴 𝘱á𝘨𝘪𝘯𝘢𝘴 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦 𝘦𝘭 𝘱𝘦𝘲𝘶𝘦ñ𝘰 𝘭𝘪𝘣𝘳𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘩𝘢𝘯 𝘥𝘢𝘥𝘰, 𝘵𝘢𝘭 𝘷𝘦𝘻 𝘮𝘪 𝘮𝘢𝘺𝘰𝘳 𝘮𝘪𝘦𝘥𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘰𝘮𝘦𝘯𝘵𝘰, 𝘦𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘴𝘦𝘢𝘯 𝘪𝘯𝘴𝘶𝘧𝘪𝘤𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴.

𝘌𝘴𝘵𝘢 𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘢 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘢𝘴 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢𝘴. 𝘌𝘴 𝘭𝘢 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘨𝘶𝘴𝘵𝘢𝘳í𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘦𝘯𝘨𝘢𝘴 𝘱𝘳𝘦𝘴𝘦𝘯𝘵𝘦, 𝘭𝘢𝘴 𝘢𝘯é𝘤𝘥𝘰𝘵𝘢𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘫𝘢𝘮á𝘴 𝘱𝘰𝘥𝘳é 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘢𝘳𝘵𝘦, 𝘭𝘢 𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘮𝘪 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰 𝘱𝘰𝘥𝘳á𝘴 𝘢𝘱𝘳𝘦𝘤𝘪𝘢𝘳. 𝘗𝘦𝘳𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘵𝘰𝘥𝘢𝘴 𝘭𝘢𝘴 𝘤𝘰𝘴𝘢𝘴, 𝘦𝘴 𝘭𝘢 𝘩𝘪𝘴𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘦𝘣𝘦𝘳á𝘴 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘳𝘥𝘢𝘳, 𝘴𝘰𝘣𝘳𝘦 𝘭𝘢 𝘯𝘢𝘵𝘶𝘳𝘢𝘭𝘦𝘻𝘢 𝘥𝘦𝘭 𝘩𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦, 𝘴𝘶 𝘩𝘢𝘣𝘪𝘭𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘦𝘯𝘨𝘢ñ𝘰, 𝘺 𝘥𝘦 𝘤ó𝘮𝘰 𝘢𝘭𝘨𝘶𝘯𝘢𝘴 𝘮𝘦𝘯𝘵𝘪𝘳𝘢𝘴 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘮𝘢𝘺𝘰𝘳 𝘱𝘰𝘥𝘦𝘳 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘪𝘭 𝘤𝘢ñ𝘰𝘯𝘦𝘴.

𝘓𝘰𝘴 𝘮𝘢𝘯𝘶𝘴𝘤𝘳𝘪𝘵𝘰𝘴 𝘵𝘢𝘭 𝘷𝘦𝘻 𝘯𝘢𝘳𝘳𝘦𝘯 𝘥𝘦 𝘮í 𝘶𝘯𝘢 𝘷𝘦𝘳𝘴𝘪ó𝘯 𝘱𝘰𝘤𝘰 𝘱𝘰é𝘵𝘪𝘤𝘢, 𝘱𝘦𝘳𝘰 𝘱𝘰𝘤𝘰 𝘮𝘦 𝘪𝘮𝘱𝘰𝘳𝘵𝘢 𝘴𝘪 𝘭𝘰𝘨𝘳𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘵𝘶 𝘈𝘪𝘥𝘢𝘯, 𝘴𝘦𝘱𝘢𝘴 𝘭𝘢 𝘷𝘦𝘳𝘥𝘢𝘥.»

Procesando…
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Fragmento N°309

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Las primeras semanas fueron algo confusas para Elizabeth, por momentos transitando el caos de una madre primeriza con mellizos, pero en algunas ocasiones la invadía la soledad y monotonía de su aislamiento.

Las indicaciones de Fausto implicaban un estricto reposo en su litera, las heridas del parto preocupaban al médico, y este regresaba cada mañana para examinarla.

Mientras tanto, ella procuraba cuidar de los pequeños y aprender constantemente de su labor como madre. Para esta tarea no se encontraba completamente sola, ya que Mnyma, junto a Arthur y los demás tripulantes, se mostraban a gusto cada vez que debían colaborar en cualquier tarea que implicara pasar unos minutos con Victoria o Edward.

A los pocos días de dar a luz, Favre debió partir río arriba en una nueva incursión comercial, adentrándose en el territorio de los nativos. Antes de partir, el galo cumplió su promesa, e hizo descender de El Retiro un número considerable de libros, pergaminos, anotaciones y documentos que formaban parte de las posesiones personales de Gregor.

La primera semana fue muy agitada para ella, ya que ninguno de los mellizos dormía mas que unas pocas horas. En la mayoría de las ocasiones, una vez alimentados, volvían a dormir plácidamente. Pero Elizabeth comenzó a conocer con mayor profundidad el comportamiento de cada uno de los pequeños. Victoria, más taciturna y calmada, Edward algo imprevisible y obstinado.

Solo después de las primeras dos semanas, Elizabeth pudo comprender con mayor profundidad la personalidad de cada uno, aprendiendo como influir en sus temperamentos, logrando obtener más tiempo para sí misma. Fue allí cuando pudo comenzar a husmear las anotaciones personales de Greg.

Comenzó leyendo un pequeño libro. Su tapa dura estaba desgastada considerablemente, deshilachándose en los bordes y extremos. Tanto el lomo como la tapa del libro se encontraban en blanco, sin ningún tipo de anotación o aclaración. Al abrirlo, pudo notar que el papel se encontraba notoriamente gastado y amarillento, evidenciando la antigüedad del manuscrito.

La primera página, contenía un trazo irregular y algunos manchones de tinta sobre el borde inferior izquierdo, como si alguien hubiese testeado la pluma antes de comenzar a escribir.

Elizabeth iba a girar la página pero se percató que la contratapa contenía una inscripción sobre uno de los márgenes. La caligrafía era clara y prolija, pero los años habían provocado que la tinta fuese absorbida progresivamente por la contratapa, y ahora era apenas visible. El texto era muy breve, contenía las palabras: «solo cenizas y polvo».

Ella se detuvo algunos segundos leyéndolas lentamente, por dentro repetía «solo cenizas y polvo», mientras sus labios se movían pausadamente, emulando el sonido de esas palabras. Tardó un instante en reconocer el motivo por el cual esas letras sonaban familiares.

Al volver a leerlas, esta vez en voz baja dijo:—…𝘴𝘰𝘭𝘶𝘮 𝘤𝘪𝘯𝘦𝘳𝘦 𝘦𝘵 𝘱𝘶𝘭𝘷𝘶𝘴…— mientras recorría la inscripción con su vista.

No logró reconocer rápidamente el origen, ya que la primera vez que leyó esa frase había sido en latín, grabadas sobre la lápida de Gregor. Y había sido Edahi quien intentó traducirlas para ella.

Giró la página y se encontró con un pequeño párrafo, esta vez bastante más claro y legible que la inscripción anterior.

En el centro de la hoja, comenzaba: «𝘓𝘢 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘵𝘦 𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘢 𝘤𝘶𝘦𝘴𝘵𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘱𝘦𝘤𝘵𝘪𝘷𝘢𝘴, 𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘰𝘫𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯𝘦𝘴 𝘮𝘦 𝘷𝘦𝘯, 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘦𝘴 𝘮𝘪 𝘧𝘪𝘯. 𝘗𝘦𝘳𝘰 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘴𝘦 𝘦𝘯𝘤𝘶𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢 𝘢𝘯𝘵𝘦 𝘮í, 𝘦𝘴𝘵𝘰 𝘯𝘰 𝘦𝘴 𝘮á𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘤𝘰𝘮𝘪𝘦𝘯𝘻𝘰. 𝘌𝘯 𝘶𝘯𝘢𝘴 𝘩𝘰𝘳𝘢𝘴, 𝘮𝘪 ú𝘭𝘵𝘪𝘮𝘰 𝘴𝘶𝘴𝘱𝘪𝘳𝘰 𝘴𝘦 𝘦𝘷𝘢𝘱𝘰𝘳𝘢𝘳á 𝘥𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘮𝘶𝘯𝘥𝘰, 𝘱𝘰𝘳 𝘦𝘭𝘭𝘰 𝘦𝘴𝘵𝘦 𝘦𝘴 𝘮𝘪 𝘮𝘢𝘯𝘪𝘧𝘪𝘦𝘴𝘵𝘰, 𝘮𝘪 ú𝘭𝘵𝘪𝘮𝘢 𝘷𝘰𝘭𝘶𝘯𝘵𝘢𝘥, 𝘮𝘪 𝘦𝘹𝘱𝘳𝘦𝘴𝘪ó𝘯 𝘧𝘪𝘯𝘢𝘭 𝘥𝘦 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘰».

Luego, con un pequeño espacio una firma indicaba: «𝘌𝘥𝘸𝘢𝘳𝘥 𝘍𝘳𝘢𝘯𝘤𝘪𝘴 𝘎𝘳𝘦𝘨𝘰𝘳«.

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Greensleeves (canción)

Greensleeves – Canción Inglesa

Greensleeves (en español, mangas verdes) es una canción y melodía tradicional del folklore inglés, popularizada durante finales del siglo XV y a lo largo de todo el siglo XVI. Fue ampliamente difundida tanto en el ámbito social, así como en los ejércitos que la cantaban para rememorar amores que habían dejado atrás antes de partir a la guerra.

«My Lady Greensleeves» como representación en 1864 pintada por Dante Gabriel Rossetti.

El origen de la canción Greensleeves

La leyenda, muy extendida, asegura que fue compuesta por el Rey Enrique VIII de Inglaterra (1491-1547) para su amante y futura reina consorte Ana Bolena.

Ana, que era la hija más joven de Tomás Bolena, primer conde de Wiltshire, rechazaba los intentos de Enrique de seducirla. A este rechazo aparentemente se alude en la canción, cuando el autor escribe «cast me off discourteously» (me repudias descortésmente). No se sabe si la leyenda es cierta, pero la canción todavía se asocia comúnmente a dicha dama en la opinión pública.

Probablemente circuló en forma de manuscrito, como mucha música de uso social, mucho antes de que fuera impresa. Una canción con este nombre se registró en la London Stationer’s Company (Compañía de Impresores de Londres) en 1580, como A New Northern Dittye of the Lady Greene Sleeves. No se conoce ninguna copia de esa impresión. En la obra conservada A Handful of Pleasant Delights (1584) aparece como «A New Courtly Sonnet of the Lady Green Sleeves. To the new tune of Green sleeves».

Es discutible si esto sugiere que había en circulación una vieja canción de Greensleeves o cuál de ellas es la melodía que nos es familiar.

Greensleeves – Letra

Ay, mi amor, me haces mal
Para repudiarme descortésmente.
Porque te he amado mucho y mucho tiempo,
Deleitándose en su compañía.
(Estribillo)
Greensleeves fue toda mi alegría
Greensleeves fue mi deleite,
Greensleeves era mi corazón de oro
¿Y quién sino mi señora Greensleeves ?
Tus votos has roto, como mi corazón
Oh, ¿por qué me cautivaste tanto?
Ahora me quedo en un mundo aparte
Pero mi corazón permanece cautivo.

(Estribillo)
He estado listo en tu mano,
Para conceder todo lo que quisieras,
He apostado tanto la vida como la tierra,
Para tener tu tu amor y buena voluntad.
(Estribillo)
Si así lo pretendes desdeñar,
Más me embelesa,
Y aun así sigo siendo
Un amante en cautiverio.
(Estribillo)
Mi hombre fue vestido todo de verde
Y siempre te ha esperarado;
Todo esto fue valiente para ser visto,
Y sin embargo, no me amarías.
(Estribillo)
No podrías desear nada terrenal,
pero aun así lo tenías de buena gana.
Tu música aún para tocar y cantar;
Y sin embargo, no me amas.
(Estribillo)
Bueno, rezaré a Dios en las alturas
para que veas mi constancia,
Y que una vez antes de morir
Te comprometas a amarme.
(Estribillo)
Ah, Greensleeves, ahora adiós, adiós,
A Dios le pido que properes,
Porque sigo siendo tu verdadero amante
Ven una vez más y ámame.
(Estribillo)

Fragmento N°308

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La fecha se aproximaba, habían transcurrido unos diez días desde que el 𝘎𝘰𝘥 𝘰𝘧 𝘓𝘶𝘤𝘬 amarró en el puerto de Jamestown.

En ese tiempo, Roos se había mantenido notablemente auspicioso respecto al viaje. Aprovechaba cada situación para repasar los detalles del plan que llevarían a cabo una vez que zarparan.

En todo ese tiempo, Roos se había reunido una sola vez con el capitán del «galeón» ingles. Al día siguiente de haberlo conocido, visitó el muelle para cerrar formalmente el trato, temiendo que el sujeto no recordara una sola palabra de lo que habían acordado la noche anterior.

A pesar de que el capitán inglés había estado completamente ebrio apenas hace algunas horas, el sujeto recordaba con gran minuciosidad las palabras que habían fluido entre trago y trago.

El inglés no lo hacía por gratitud al prójimo, el acuerdo implicaba una suma de dinero por cada persona que subiera al barco en el trayecto de Jamestown a Nueva Ámsterdam. Para desgracia de Roos, el alcohol no le había hecho olvidar la suma que implicaba cada pasajero.

Roos Vermeulen regateó en la medida que pudo, y de mala gana aceptó el pago, el cual hizo con las mismas monedas que había robado al sujeto la noche anterior.

Luego de esa pequeña reunión, le transmitió a Gijs y Lievin los detalles del acuerdo, y comenzaron los preparativos necesarios antes de la partida.

Había algunos detalles adicionales en el acuerdo. Por un lado, todo aquel que subiera a bordo, además de pagar su pase, debería desempeñar un rol útil en la tripulación. El 𝘎𝘰𝘥 𝘰𝘧 𝘓𝘶𝘤𝘬 no era una nave de pasajeros, era un mercante armado al servicio de la corona inglesa, y su capitán no quería holgazanes a bordo. Por ello Roos indicó a sus amigos que en cuanto pisaran la borda, deberían trabajar en los roles que les fueran designados según las necesidades de la nave.

Otra de las condiciones que había impuesto el capitán inglés, era respecto a sus comodidades a bordo.  En su visita a la nave, Roos había tenido la oportunidad de observar el lugar donde dormiría él y sus compañeros, y en ese momento le había costado imaginar como era que tres personas podrían caber allí, incluso de pie.

Pero al fin de cuentas, zarparían en unas pocas horas, y habían aprovechado sus últimos minutos en Jamestown para despedirse de la ciudad y brindar por su nueva suerte en la taberna.

Utilizando el dinero de los ingleses, Roos había invitado varias rondas con las últimas monedas que quedaban. Una tras otra, pero para sorpresa de Lievin, él no bebía tanto:—¿Qué ocurre? es la primera vez que no disfrutas un buen trago pagado con dinero ajeno.—

Riendo Roos dijo:—Aún me cuesta recuperarme de la última noche que estuvimos aquí.—

—Es la edad, los años están cayendo sobre ti, viejo amigo.— dijo Gijs mientras vaciaba su botella de licor.

Roos sonrió con frialdad diciendo:—A quien la edad ha golpeado es a tí, me cuesta creer cómo harás para subir al 𝘎𝘰𝘥 𝘰𝘧 𝘓𝘶𝘤𝘬, viejo.—

Gijs, con su sentidos adormecidos por la bebida, lanzó una carcajada sacudiendo sus brazos, rociando el contenido de su botella sobre la mesa.

Lievin detectó una pizca de enojo en la mirada de Roos, pero continuó la charla:—Solo espero dos cosas cuando zarpemos, que podamos dormir al menos unas horas, y que este pueblo se hunda en el infierno.—

Roos rió por dentro al recordar el habitáculo en el cual dormirían. «Será un milagro si logras dormirte allí», pensó mientras observaba a Gijs.

Bostezando, Gisj se puso de pie y dijo:—Creo que iré a regar el césped de Jamestown por última vez.— y giró para dirigirse a la puerta trasera de la taberna y salir.

—Apresúrate, en unos minutos debemos estar en el muelle, y a tu paso llegaremos para el amanecer viejo.— dijo Roos.

Gisj encogió sus hombros mientras abandonaba el lugar a pasos lentos por la salida.

Lievin volvió a sentir cierto odio en las palabras de Roos. Lo observó, pero este se mantenía con sus manos cruzadas, mirando fijamente a un punto neutro sobre la mesa.

Al percatarse que era observando, Roos dijo:—Creo que yo también iré a desagotar antes de que nos vayamos de este maldito lugar.—

Se irguió y salió por el mismo camino que Gijs segundos antes.

Lievin observó el vaso de Roos, estaba completamente lleno. Casi no había tomado un sorbo en toda la noche.

En cuanto salió al exterior, Roos pudo observar que Gijs se encontraba con su cuerpo recostado sobre una de las paredes de la taberna, mientras jugaba con el chorro de su orina haciendo círculos imaginarios sobre la grava.

Roos se acercó por detrás, sus pisadas hicieron que Gijs volteara.

—No me gusta que me observen mientras hago lo mío.— dijo el viejo Gijs.

—No te preocupes, será rápido.— Respondió Roos.

Mientras caminaba hacia Gijs, recordaba el precio que el capitán les impuso por cada pasajero a bordo. Había tenido que mentir respecto a esa cifra, ya que incluso con lo que habían robado, solo alcanzaba para dos pases en el 𝘎𝘰𝘥 𝘰𝘧 𝘓𝘶𝘤𝘬. Por otro lado, uno de los requisitos que había obviado contar a sus compañeros, era que el capitán inglés había sido muy terminante al ordenar que solo subirían a bordo aquellos que además de pagar, pudieran trabajar, lo cual dejaba con pocas perspectivas al viejo Gijs.

Antes de que Gijs pudiese notarlo, Roos metió su mano en el interior de su chaqueta y sacó una pequeña daga. En un solo movimiento, la hundió en la espalda de su compañero, a la altura de los riñones.

Con su otra mano, sostuvo la cabeza de Gijs, tapando su boca y sosteniendo su cuerpo para evitar que cayera despatarrado sobre el suelo.

Mientras su viejo amigo se retorcía, Roos acompañó el cuerpo hasta que este quedó plácidamente acostado sobre la grava, sin causar sonido alguno.

No podían llevar a Gijs con ellos, pero tampoco podían dejarlo atrás, en la misma ciudad que sus enemigos, con toda la información que Gijs conocía respecto al plan de contactar a Cees, el hijo del Hein Piet.

Satisfecho, limpió la daga con la camisa de Gijs, y regresó a la taberna.

Al entrar, Lievin preguntó sorprendido:—¿Gijs?—

Roos dijo desentendido mientras sonreía:—Está haciendo su porquería, al parecer la comida le ha caído mal, te sugiero que no te acerques.—

Roos tomó el saco con sus pertenencias mientras decía:—Pidió que carguemos sus cosas, nos alcanzará en el muelle.—

Lievin asintió y tomó la bolsa de su amigo mientras ambos se dirigían hacia la puerta principal de la taberna. 

Mientras caminaban hacia el muelle, Lievin no podía evitar sentir que algo no estaba bien.

Avanzaron a lo largo del amarradero, y al llegar junto a la cubierta del  𝘎𝘰𝘥 𝘰𝘧 𝘓𝘶𝘤𝘬, encontraron al capitán esperando  de pie junto a su nave.

El inglés dijo:—Buenas noches caballeros.—

Roos se limitó a responder:—Solo dos, según lo acordado.—

Al momento de oír esas palabras, Lievin se percató de lo ocurrido, y un escalofrío trepó por su columna mientras cargaba en su mano la bolsa que había pertenecido a Gijs.

Haciéndose a un lado, el capitán dijo:—Todos a bordo, zarpamos.—

Dándole una palmada en la espalda a Lievin, Roos indicó:—Rápido chico, tu primero.— y ambos comenzaron a trepar la escalerilla hacia la cubierta de la embarcación.

Con cada nuevo escalón que trepaba, la duda y el miedo de Lievin se acrecentaba. En cambio, por dentro Roos solo pensaba en que ahora estarían más cómodos en el pequeño habitáculo donde dormirían.

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.