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Fragmento N°1

«Lee la historia a partir de aquí, espero lo disfrutes, buen viaje.»

El efecto prologando del sol despierta sensaciones confusas en el cuerpo de un hombre. La exposición prolongada genera fastidio en una fase temprana, similar al que genera una mosca al revolotear alrededor, luego uno no comprende si es el calor abrasador o una fiebre interna lo que comienza a generar un malestar que distrae al vigía de su labor.

Para colmo, estaban abandonando las Antillas, y la brisa que suele recorrer los recodos y orillas de las islas e islotes abriéndose pasos entre la vegetación costera , dio paso al mar abierto, interminable, y para mal de Coise, que se encontraba en la cofa cumpliendo su ronda, también dio paso a la calma. Fue como si alguien obstruyera el fuelle que les brindaba esa adictiva y ocasional, pero refrescante brisa.

Lo que inquietaba al capitán Gregor, es el cansancio que culmina al final de una ronda de guardia en el palo mayor, el agotamiento genera que los hombres se distraigan, que quieran hacer lo posible para cumplir su turno y descender a reposar para que otro marinero asuma la guardia. Necesitaba que Coise estuviese alerta, ya que su situación no era la mejor de todas.

Después de 7 meses guerreando y pillando en las Antillas, la corona española le había puesto un precio a su cabeza, a la cabeza de sus hombres, y a su barco. Hubiese preferido hacer los preparativos necesarios para partir, pero la codicia le jugó una mala pasada, y la búsqueda de una nueva víctima los hizo estacionarse mas de lo requerido en esas aguas.

Su plan era regresar con su último botín al páramo (así le decían sus hombres a la bahía escondida detrás de bancos de arena y ciénagas, que usaban para repostar) recoger el fruto de esos 7 arduos meses y llevarlo al enclave que poseían cerca de Ozouri, en la costa occidental de África.

Pero sus cálculos no contemplaron que el opulento de Felipe III declarara la guerra a las provincias unidas, Inglaterra y Francia, luego de 12 años de paz. Para su pesar, él no era completamente inglés, era mitad escocés, pero su tripulación era una maraña de ingleses, franceses, e incluso algunos de sus hombres eran provenientes de la región del puerto de Naarden.

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Fragmento N°250

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Luego de la descarga de las baterías de estribor, Hein ordenó corregir el rumbo:—Enderézalo, no se escaparán.—dijo dirigiéndose al timonel.⠀

Instantáneamente un golpe de timón provocó que la proa de El Mercurio penetrara en el océano al cambiar el curso. Luego la nave se estabilizó y quedó por detrás de El Retiro, con sus cañones frontales apuntando a su popa. ⠀

Hein volvió a dirigirse al timonel:—Colócanos detrás hasta que el curso no sea sostenible luego flanquéalos y ponnos junto a ellos para abordar.—⠀

El timonel asintió y afirmó el timón, como si Piet Hein pudiese percibir la firmeza con la cual comprendía sus obligaciones. Sin mirar al sujeto, Hein descendió del alcázar e interceptó a su oficial, Jameson.⠀

Dirigiéndose a su subordinado dijo:—Quiero que todos los cañones de proa apunten al timón, no me interesa el daño estructural, debemos inmovilizarlos.—⠀

Jameson asintió y respondió tibiamente:—Si dañamos su timón podremos abordarlos fácilmente capitán pero…—⠀

Hein lo interrumpió mientras lo fulminaba con su mirada:—¿Pero qué oficial? , ¿cuál es su preocupación?—⠀

Evadiendo los ojos de su superior, Jameson respondió:—La nave quedará inutilizada, tardaremos semanas en reparar el daño para luego usar la embarcación. Los superamos ampliamente, podemos abordarlos sin causar tanto daño.—⠀

Hein posó una mano sobre el hombro de Jameson. El oficial se estremeció al sentir el contacto físico con su capitán. Piet Hein ordenó:—Míreme a los ojos oficial.—⠀

Jameson alzó su vista lentamente y confrontó con la mirada del holandés, entonces Hein dijo:—No habrá mañana para esa nave, una vez que hayamos acabado con todos los que se encuentran allí, arderá hasta convertirse en cenizas. ¿Está claro?—⠀

Jameson titubeó:—Pero señor…es probable que su hija se encuentre a bordo.—⠀

El holandés apretó sutilmente el hombro de Jameson mientras afirmaba:—He dicho que no habrá mañana. ¿Está claro?—⠀

Jameson dijo:—Como usted ordene señor.—⠀

—Creo que tiene una orden que cumplir.— insistió Hein.⠀

Jameson afirmó y giró para dar las indicaciones correspondientes a las cuadrillas que manipulaban los cañones de proa.⠀

Mientras, Piet Hein comenzó a acariciar la empuñadura del sable que pendía de su cintura. Al hacerlo, recordó el encuentro con El Celta en el establo de la guarnición, sus sentidos revivieron el momento en el que ambos se enfrentaron. En su mente, emergió el instante en el que acabó con uno de sus tripulantes, y como luego extrajo su sable del cuerpo del sujeto. El recuerdo se manifestó tan vívido que creyó olfatear el olor a pólvora y fuego de ese momento.⠀

Sin percatarse, una sonrisa emergió en su rostro.

Procesando…
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Fragmento N°249

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Los instintos de un marino se refinan luego de años de vivir en el mar. El cuerpo desarrolla tal sensibilidad, que llega a determinar con notoria exactitud la velocidad, trayectoria o profundidad con tan solo percibir el vaivén de las olas, la dirección y fuerza del viento, o decenas de otros estímulos.

En su mente, Gregor realizaba numerosas aproximaciones, tratando de resumir toda la información que se arremolinaba en sus pensamientos. El ruido y la sintonía de las olas le permitía tener un vago acercamiento de la velocidad a la cual se movían. Para poder realizar un cálculo más certero, liberó sutilmente el cabo de la balsa que acababa de encender, y trató de interpretar a qué velocidad se alejaba esta del bote en el cual se encontraba.⠀

Al estar algo más seguro de sus cálculos, alzó su vista para ver la silueta de la nave holandesa. Trató de imaginar cuántas naves del tamaño de El Retiro cabían en el espacio que había ahora entre ambas embarcaciones, y cuánto tiempo tardaría Hein en cubrir esa distancia. Finalmente alzó su vista, y trató de captar el movimiento de las velas que se encontraban completamente expandidas sobre él.⠀

Gregor respiró profundamente, luego de que su pecho exhalara completamente el aire, y dijo suavemente: —Aquí vamos.—⠀

Su mano liberó completamente el cabo, y la cuerda comenzó a atravesar una arandela incrustada sobre la borda del bote. El aro de hierro, era usado como guía para evitar que la fricción que generaba la balsa alejándose quemara las manos de Greg. La plataforma comenzó a distanciarse rápidamente mientras El Retiro avanzaba. A medida que la distancia aumentaba, la cuerda se mantenía tensa, pero su propio peso hacía que rozara el agua y comenzara a empaparse.⠀

En simultáneo, Greg acercó la segunda balsa al borde del bote, y se dispuso a abrir el compartimiento de la base para encender la mecha dentro del cofre. Con su vista periférica mantenía la atención en la plataforma que se alejaba.⠀

Abruptamente el sonido de los cañones holandeses volvió a interrumpir en la noche, ahora desde las baterías de proa. Si bien la cantidad de cañones en la parte frontal era sustancialmente menor a las baterías laterales, varios proyectiles destrozaron las ventanas de los compartimientos traseros de El Retiro, arrojando al mar un sin fin de escombros.

Uno de los disparos pasó volando algunos pies por sobre él e impactó en el agua por delante de la nave. Una fina lluvia cubrió su cuerpo, generada por la salpicadura del proyectil errante, Greg se encogió sobre la cajuela de la plataforma para evitar que la mecha se humedeciese.⠀

Inmediatamente la réplica de El Retiro retumbó al realizar una descarga con sus cañones de popa contra la nave de Hein. Gregor aprovechó para terminar de encender la segunda plataforma. Pero el ruido de la cuerda de la primera balsa le hizo percatarse que se estaba aproximando al máximo de su extensión. Liberó el cabo por completo y la cuerda tocó el agua, hundiéndose bajo la plataforma que se encontraba a varias decenas de pies de Greg. ⠀

La cuerda mojada bajo el agua cumpliría el rol de un ancla, colaborando a que la plataforma sostuviera en parte su posición, evitando que el viento o el mar la alejasen de su curso de colisión.⠀

Liberada la primera, concentró su atención en la segunda balsa, volvió a realizar sus estimaciones, pero esta vez forzó los cálculos hacia abajo. Trataría de aumentar las posibilidades lanzando las plataformas en base a diferentes estimaciones. Rápidamente cerró el cofre para que la mecha no se mojara, y liberó el cabo.⠀

La segunda plataforma comenzó a alejarse, siguiendo el curso de su gemela. Detrás de ambas, El Mercurio se aproximaba cortando el océano.⠀

Procesando…
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Fragmento N°248

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En cuanto El Retiro giró a babor, el pequeño bote se estremeció al ser remolcado por la estructura de la nave. El oleaje que generaba la estela, hacía que la diminuta embarcación se tambalease sutilmente. Tras del bote, las 4 balsas con los explosivos era remolcadas conectadas por diferentes cuerdas que las mantenían unidas a la embarcación de Greg. En cuanto El Retiro comenzó a completar el giro alejándose de los holandeses, una pausa de incertidumbre rodeó a Gregor.⠀

Era crucial que la nave de Hein no intentase interceptarlos desde el flanco, sino que comenzara a perseguirlos por detrás para colocarse a la par y abordarlos. En un contexto normal, sería sumamente imprudente aproximarse por detrás, pero Greg confiaba en que el viejo Hein no resistiría la tentación de acabar rápidamente con un rival en notoria inferioridad numérica, de armas, y con impedimentos de navegación. ⠀

Gregor se encontraba del lado opuesto, por lo cual no lograba divisar a sus enemigos. Cuando el viraje finalizó, pudo observar hacia la popa y divisar los movimientos de sus perseguidores.⠀

El Mercurio pareció ladearse levemente tratando de colocarlos en rango, pero el giro de El Retiro lo tomó por sorpresa y la nave holandesa debió interrumpir su maniobra para no perder el ángulo de disparo. Gregor dudó un segundo, en cualquier instante Hein debería decidir si su nave completaría la aproximación desde uno de los costados, o enderezaría su curso para comenzar a perseguirlos. Para sorpresa de él, la nave holandesa abrió fuego desde su posición ambigua.⠀

Gregor atinó a cubrirse recostándose sobre el fondo del bote, cuando varios proyectiles impactaron sobre la popa de El Retiro. Los destrozos provocaron que varios fragmentos y trozos de mamparos cayeran al mar y comenzaran a flotar detrás de ellos. Luego de esa andanada, la nave holandesa comenzó a enderezarse detrás de ellos.⠀

Gregor dijo en voz baja para sí mismo:—Así es maldito, acércate.—⠀

Para fortuna de ellos, los fragmentos que se habían desprendido luego de los numerosos disparos recibidos, funcionarían como camuflaje para las balsas que se irían aproximando a la nave holandesa una vez que Greg las liberase. Aún restaban varios minutos para que amaneciera, por lo cual no sería claro para sus enemigos distinguir entre los fragmentos y los explosivos.⠀

Greg tiró de una de las cuerdas y aproximó una de las balsas al borde del bote. Una vez que la tuvo firme junto a él, abrió el compartimiento que se encontraba en su base con la mecha. Junto a sus pies se encontraba una lámpara cubierta por una lona para impedir que su luz fuese avistada. En cuanto detectara el momento, encendería la mecha y liberaría la barcaza para que esta quedase en curso de colisión con El Mercurio. La clave radicaba en cuándo encender la mecha del explosivo y liberar la balsa, demasiado pronto y el barril estallaría entre ambas naves, demasiado tarde y estallaría por detrás de los holandeses.⠀

Mientras Greg observaba la proa de El Mercurio, respiró hondo y encendió la primera de las balsas.

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Fragmento N°247

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En cuanto Elizabeth tomó uno de los palanquines, fue el tirón necesario para que el cañón rompiera la inercia y se moviese hasta su posición de disparo. La mano derecha de Favre se encontraba imposibilitada de realizar cualquier esfuerzo. Si bien no había perdido demasiada sangre, algunas de las esquirlas habían dañado sus articulaciones y no podía contraer su puño.⠀

El galo quedó inmóvil observando su mano e intentando que esta reaccionase. Mientras tanto, Elizabeth se percató de lo que estaba sucediendo y ocupó el lugar del artillero caído para lograr alimentar el arma lo más pronto posible. Ella había oído los disparos de la nave de su padre y El Retiro, sabía que en cuanto ellos estuviesen listos para disparar, era altamente probable que El Mercurio también lo estuviese. Repentinamente su cuerpo tambaleó cuando la nave dio un giro brusco a babor y comenzó a separarse de la ruta de intercepción de los holandeses.⠀

Mientras finalizaba la tarea de recarga junto a otros tres marineros Elizabeth alzó la voz para que Favre la oyera:—¿Gregor está demente? Estamos dándoles la espalda, ¡exponiendo el timón!—⠀
Favre se había apoyado contra uno de los mamparos mientras mordía un trozo de su camisa para vendar su brazo. Al lograr extraer un retazo de su manga, liberó su boca y respondió:—Confíe Srta Hein, es parte del plan.—⠀

Ella frunció el ceño, desconocía lo que Gregor tramaba, los detalles de la maniobra habían sido coordinados mientras yacía en el camarote principal junto a Mnyma y Edahi. Finalmente tomó el lugar de Antoine, y se colocó detrás de la culebrina para poder disparar, pero el ángulo de tiro había cambiado. Al girar a babor, habían dejado fuera de rango a las baterías de estribor, y ahora la popa de la nave estaba expuesta al fuego de todos los cañones holandeses.⠀

Elizabeth cerró los ojos, fue como si anticipara el impacto de lo que sabía estaba por suceder. Su reloj interno le indicaba que dispararían en cualquier instante.⠀

Numerosas detonaciones resonaron a la distancia, y un segundo más tarde la estructura entera de la nave se estremeció al ser alcanzada en la parte trasera. El cambio de curso también generó que El Retiro redujera su silueta, exponiendo solo la popa, sustancialmente más angosta que la eslora completa. En contraposición, la popa dejaba vulnerable el timón de la nave, y sus mamparos eran menos resistentes a los proyectiles.⠀

Algunos disparos sin embargo, lograron conseguir el ángulo suficiente como para penetrar por estribor antes de que la nave terminara de completar el giro para alejarse de los holandeses. Las descargas alcanzaron la batería del extremo opuesto, la más cercana a la popa, diezmando a sus operadores. ⠀

En el caos, Elizabeth no logró percatarse qué tan grave era el daño para los marinos. Una niebla fina de pólvora quemada y humo cubría la cubierta interior.⠀

Volvió a elevar su voz consultando a Favre:—¿Eso también ha sido parte del plan?— en referencia al daño sufrido por la popa.⠀

El galo trataba de anudar su improvisado vendaje mientras respondía:—Aunque usted no lo crea, la respuesta es sí, Srta Hein.—⠀

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Fragmento N°246

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Al avistar a su presa, el clima sobre la nave holandesa cambió sustancialmente. El silencio y la cautela dieron paso al ajetreo previo a la batalla y un sin fin de gritos y órdenes que cruzaban toda la nave. Hein aguardaba sobre el alcázar, con su vista fija en la embarcación de El Celta, se mantenía inmóvil observando los movimientos de la nave. Súbitamente la primera respuesta de El Retiro los alcanzó, y una ráfaga de proyectiles impactó en diversos puntos de la estructura de El Mercurio. Un disparo destrozó la barandilla del alcázar, pasando a tan solo unos pasos de donde se encontraba.⠀

El timonel agachó su cabeza al sentir la madera crujir y estallar a su lado, su reacción provocó que girase el timón involuntariamente algunos grados a estribor. Hein, sosteniendo su vista al frente dijo:—¡Mantenlo firme maldita sea!—⠀

El marino agachó su cabeza en silencio y volvió a enderezar el rumbo.⠀

El oficial holandés Jameson se aproximó al alcázar, y desde la cubierta alzó su vista para hablar con Hein:— Debemos colocarnos de lado para poder utilizar todos nuestros cañones de babor.—⠀

Piet Hein replicó sin mirarlo,:—Esto no terminara con fuego de cañones, sino con el filo de mi espada.—⠀

Luego volteó sutilmente su cabeza para volver a dirigirse al timonel:—Mantenlo firmo, es una orden.—⠀

En ese instante, una segunda descarga de los cañones de proa de El Mercurio se sucedió, y casi inmediatamente llegó la respuesta de El Retiro. Jameson elevó su voz para que Hein pudiese escucharlo:—¡Si continuamos en curso recto no podremos utilizar nuestros cañones! ¡Solo las baterías de proa podrán responder el fuego!—⠀

Piet Hein comprendía que su oficial estaba en lo cierto, el curso que llevaban emparejaba las cosas a favor de El Celta. Una tercera andanada los impactó, y un proyectil alcanzó la proa penetrando por la abertura en el mascarón, barriendo con dos marinos que se encontraban manipulando una de las baterías. Entonces Hein decidió cambiar su perspectiva.⠀

Doblando en hombres y cañones a su enemigo, los holandeses no necesitarían más que una descarga completa de sus cañones de babor para generar el destrozo suficiente. Luego podrían abordarlos, y aunque incluso muchos perecieran, los números a su favor eran considerables. Pero había un detalle, debían colocarse de lado.⠀

—Cuatro cuartas estribor.— Ordenó Piet Hein.⠀

La intención de Hein era interceptar el curso de Gregor y los suyos, ladeándose sutilmente hasta quedar a la par de su nave.⠀

El timonel comenzó a girar y un sacudón se generó cuando la proa de El Mercurio zozobró el penetrar en el océano con el cambio de trayectoria. Luego se estabilizó y comenzó a posicionarse de forma paralela a El Retiro. ⠀

Hein medía el movimiento con su vista, según iban completando la maniobra, cada vez más cañones iban teniendo en rango a su enemigo. Aguardaba el momento en que la mayoría de las baterías estuviesen en condiciones disparar, pero algo lo alertó. Sutilmente, El Retiro comenzó a girar a babor, alejándose de ellos. Al interrumpir su curso recto, los holandeses corrían el riesgo de sobrepasarlos y colocarse por delante mientras intentaban posicionarse paralelos.⠀

Furioso Hein gritó:—¡Fuego!—⠀

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Fragmento N°245

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El bote se agitaba constantemente, El Retiro generaba un oleaje a su alrededor al romper la corriente, que provocaba que la pequeña embarcación se sacudiese y chocase contra el casco constantemente. Habían descendido la diminuta barca por sobre la borda, haciéndola pender de los andamios hasta que esta tocó el mar. Una vez que el bote quedó flotando junto a El Retiro, Gregor descendió rápidamente y se colocó a bordo para poder estabilizarla. Al lograr sostener el curso para evitar el constante golpeteo contra el casco, Arthur y algunos de los hombres ayudaron a bajar las plataformas con los toneles de pólvora.⠀

Todos los movimientos eran realizados desde la cara opuesta a la que se encontraba la nave holandesa, y los hombres manipulaban las plataformas de la manera más rápida posible para evitar que sean divisadas por Hein. Al descender la primera plataforma, Gregor la tomó de un cabo y la ató a la parte trasera del bote para que la barcaza con el tonel de pólvora en su parte superior, quedase anclada en fila india detrás de él. Eran unas estructuras muy inestables, de bajo perfil, apenas lo suficientemente amplias para contener un barril en su interior y la caja con el sistema de ignición. No habían tenido mucho tiempo para prepararlas, y las tablas que conformaban la base estaban sujetas de manera irregular y desprolija. A último momento, Gregor había sugerido hacer un pequeño ajuste, y ordenó colocar diferentes clavos sobre toda la estructura de balsa, incluso sobre el tonel.⠀

El plan era complejo, y dependía demasiado de un detalle. Todo se basaba en la idea de que el viejo Hein intentaría abordarlos y acabar con ellos uno a uno, lentamente, causándoles el mayor dolor posible. Greg sabía que el viejo lo haría de ese modo, algo en su interior se lo indicaba, y la imagen de su mirada sádica se lo recordaba cada vez que ese pensaba en Piet Hein. ⠀

Greg repasaba la manera en la cual había explicado su idea. «Jamás podremos causarle suficiente daño a El Mercurio en una pelea de igual a igual con sus cañones. En cuanto seamos avistados, no podremos huir, ya que sin la mesana somos al menos un nudo más lentos. Y en el momento en el que nos alcance, no tendremos oportunidad contra una nave con casi el doble de hombres que nosotros. Así fue como surgió el improvisado plan.⠀

Gregor desde el bote, manipularía las cuatro plataformas que habían llegado a construir. Al encontrarse con los holandeses en un ángulo perpendicular, Greg ordenó girar a estribor para que El Mercurio se colocase detrás de ellos y comenzara a perseguirlos por detrás.(Debajo de la imagen, el fragmento continúa)⠀



Luego, cuando la distancia entre ambas naves comenzara a acortarse, Greg encendería las mechas en las cajas de las barcazas, y las iría liberando una a una. La distancia entre ambas naves sería clave, si Gregor liberaba las balsas demasiado pronto, estas estallarían en el espacio entre ambas naves. Si las liberaba demasiado tarde, la nave holandesa sobrepasaría las plataformas, y estas estallarían por detrás.⠀

Para disminuir este riesgo, los clavos cumplirían la función de anclaje. En caso que El Mercurio chocase contra una de las plataformas, esta se incrustaría en su casco, y si soportaba el tiempo suficiente, estallaría una vez que la mecha se consumiese por completo. A su vez, Gregor mantenía las cuatro plataformas unidas al bote de el por un cabo de guía, esto le era de utilidad para lograr sostener el curso de las barcazas. Pero las guías no eran lo suficientemente extensas, por lo cual en algún punto debería soltarlas y esperar que las olas, el destino, y la suerte estén de su lado. (Debajo de la imagen, el fragmento continúa)⠀



La voz de Arthur emergió entre los ruidos de los cañones que detonaban constantemente del otro lado de la cubierta respondiendo el fuego enemigo. El joven dijo:—Esa fue la ultima capitán.—⠀

Gregor respondió:—Todo a babor, debemos colocarlos detrás nuestro.—⠀

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Fragmento N°244

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Al abandonar el camarote de Gregor, Elizabeth se adentró en el corredor interno de la nave y quedó en completa soledad. Detrás de sí, Mnyma yacía junto a Edahi encerrados en el habitáculo del capitán, pero ella no tuvo demasiado tiempo para pensar en ellos. Una estruendo se oyó y la estructura de la embarcación crujió a su alrededor, haciendo rechinar las paredes del pasillo, provocando que los mamparos temblasen. ⠀

Al sentir los disparos de los cañones, Elizabeth comprendió que la amenaza era real, habían sido descubiertos y se enfrentarían de forma definitiva a la nave que la había acogido tanto tiempo. Su mente aún se debatía por dentro, tratando de resolver las ideas en conflicto que la atormentaban. Quedó allí, inmóvil, de pie en el corredor, mientras ideas, frases e imágenes atravesaban sus pensamientos, confundiendo sus sentidos. Un interrogante se presentaba reiterativamente en sus pensamientos:»¿Es mi padre?».⠀

A pesar de todo, la duda habitaba dentro de ella, y la acosaba en el momento menos oportuno, en la antesala de la batalla contra ese hombre. Nuevamente la nave se sacudió cuando las culebrinas de El Retiro realizaron una segunda descarga. Fue como si el estallido de los cañones la llamara, invitándola a acercarse, seduciéndola con cada detonación.⠀

Elizabeth avanzó algunos pasos y giró en el mamparo que daba a la galería de tiro. En cuanto giró, pudo observar el ajetreo de la cubierta de tiro, y si bien reinaba el caos, notó a simple vista que cada cuadrilla sostenía su posición y mantenía constantemente alimentados los cañones. El suelo se encontraba completamente cubierto de restos de pólvora desprendidos de cada detonación, hollín, manchones de sangre y numerosos fragmentos de madera desprendidos de cada impacto. Una voz capturó su atención.⠀

—Srta Hein, su asistencia no me vendría nada mal.— dijo Fausto.⠀

Elizabeth se percató que Fausto se encontraba asistiendo a otro marino en el suelo a su lado. Al enfocar su vista, pudo apreciar la herida en el abdomen del hombre, y como un objeto se encontraba incrustado allí. Ella se inclinó a su lado y dijo:—¿Qué debo hacer?—⠀

—En cuanto retire el trozo de madera, cubre la herida rápidamente.— indicó Fausto mientras con su vista señalaba un rollo pequeño de vendaje que se encontraba en el suelo junto al cuerpo inconsciente del marinero. Sin mediar palabra Fausto extrajo el fragmento, dándole apenas un instante a ella para tomar la venda y cubrir la herida. En cuanto Elizabeth colocó la tela sobre el cuerpo del marinero, esta se empapó inmediatamente en la sangre que emanaba copiosamente de la herida. Mientras sostenía la presión, Fausto tomó otro vendaje de mayor tamaño y rodeo el tórax del sujeto para contener su hemorragia. Luego tomó al sujeto por debajo de las axilas y lo arrastró unos pasos para depositarlo contra la pared. Mirando a Elizabeth dijo:—Deberá bastar para que pueda revisarlo con mayor detenimiento más tarde.—⠀

Ella asintió en silencio, mientras Fausto giraba y se dirigía al otro extremo de la cubierta, desde donde provenían gritos agonizantes de otro marinero.⠀

Luego la voz de Favre la ensordeció: —¡Sigamos machacando la proa de esa bonita nave!¡fuego!—⠀

Y esta vez el estruendo de los cañones a pocos pies de distancia la aturdió por completo. Al tratar de volver en sí , Elizbeth observó sus manos impregnadas de la sangre del sujeto que acababa de asistir y giró para encontrar a Favre en el caos de la galería de tiro.⠀

El galo se encontraba justo detrás de ella, tirando con todas su fuerzas del cordaje para colocar de nuevo el cañón en su posición.⠀

Ella se aproximó y alzando su voz dijo:—Parece que necesita ayuda, espero que no le moleste la asistencia de una dama.—⠀

No se sentía más aturdida, ni confundida. Al acercarse al cañón y tomar uno de los palanquines para ayudar a Favre, su mente se calmó. Una extraña sensación de emoción y adrenalina la invadían al manipular la batería, y eso era casi tan fuerte como el miedo que sentía por Piet Hein.⠀

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Fragmento N°243

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Sus manos ardían, la textura rugosa y áspera de la cuerda de la cual tiraban cortaba su piel, mientras toda la cuadrilla tensaba los palanquines para volver a colocar en posición el cañón. Favre comprendía que no podía desatender su tarea al mando de su culebrina, si él dejaba su puesto para atender al marinero caído, ya serían dos hombres menos alimentando la batería. ⠀

Una voz lo tranquilizó:—Usted no es el único con problemas señor— dijo Fausto al aparecer por detrás para colocarse junto al sujeto herido y comenzar a examinar su cuerpo.⠀

—¿Qué tan mal es?— dijo Favre, mientras gruñía, producto del esfuerzo que conllevaba mover la pieza de artillería.⠀

Fausto se limitó a decir:—Debo sacarlo de aquí para poder atenderlo.—⠀

Tomando al sujeto por debajo de las axilas, Fausto recogió el cuerpo inconsciente y lo arrastró para llevarlo algunos pasos hacia atrás, lejos de los movimientos de la cuadrilla que manipulaba las culebrinas. Al pasar a su lado, Favre pudo observar el estado del marino, y se percató del daño que el fragmento había causado en su cuerpo. Un trozo de madera se había desprendido de uno de los mamparos, incrustándosele a la altura de la cadera. Si bien no era de tamaño considerable, en pocos segundos había emanado una cantidad considerable de sangre de la herida.⠀

En cuanto Fausto continuó atendiendo al marinero detrás de él, Favre perdió de vista la escena y no pudo apreciar más detalles.⠀

Para cuando el galo volvió a concentrarse completamente en su tarea de artillero, pudo apreciar que en esos pocos segundos la situación había cambiado. El Mercurio se había aproximado considerablemente y ahora comenzaba a ladearse para lograr tenerlos en rango con todos sus cañones de babor.⠀

Smith, que se encontraba a su lado comandando su grupo, dijo:—¡Intentan ponernos en rango de disparo!—⠀

Favre comprendía la jugada, pero por dentro su alma imploraba que Gregor estuviese cumpliendo con su parte del plan. Los holandeses intentarían colocarse de lado antes de abordarlos, y en el instante previo a que ambas naves quedaran una junto a la otra, les lanzarían una andanada con todo su poder de fuego. Luego les sería fácil tomar a punta de espada los restos de El Retiro.⠀

Haciendo caso omiso a la advertencia de Smith, Antoine enfocó su vista en la proa aún visible de la nave de Hein, y volvió a alzar su grito de guerra:—¡Sigamos machacando la proa de esa bonita nave!¡fuego!—⠀

En el mismo instante que El Retiro realizaba su tercera descarga, El Mercurió les devolvió una andanada con sus baterías de proa. Inmerso en su mente, abstrayéndose del sonido de los destrozos y el grito de sus hombres, Favre sonrió al pensar: «Estamos recargando más rápido que esos malditos. Habiendo estado a la defensiva ya van tres descargas por lado.»⠀

Nuevamente la cubierta crujió cuando todas las baterías retrocedieron al disparar, mientras eran golpeados en simultáneo por los proyectiles holandeses.⠀

Al intentar tirar de los palanquines para colocar el cañón en su posición, el brazo de Favre cedió. Su mano derecha se encontraba cubierta de suciedad, restos de pólvora, y una pasta negra viscosa conformada por astillas y su propia sangre. Intentó tirar de la cuerda nuevamente pero sus dedos no respondían.⠀

Cerró sus ojos para realizar su máximo esfuerzo, pero una voz femenina captó su atención.

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Fragmento N°242

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Luego de la segunda descarga, una cortina de humo se expandió por todo el habitáculo. Favre volvió a acercarse de manera apresurada hacia la apertura de la tronera, y asomó su cuerpo para observar al exterior. Durante un segundo no logró divisar a la nave holandesa, pero luego pudo apreciar su silueta. El Mercurio avanzaba sobre el océano, recortando rápidamente la distancia entre ambas naves. El galo pudo apreciar que había algunos daños superficiales sobre su proa donde antes solía estar el bauprés. Favre se percató que el orificio que le habían ocasionado en el primer encuentro en la bahía de Tortuga, podía ser un punto débil donde concentrar el fuego.⠀

Mientras su cuadrilla recargaba el cañón, él continuaba analizando la situación, exponiendo su cuerpo, asomándose por la tronera. ⠀

Alzando su voz , ordenó:—Concentren el fuego sobre la proa.—⠀

Mientras el galo observaba, una bocanada de humo emergió de la nave holandesa, y luego de un instante una explosión de astillas se originó cuando los proyectiles impactaron contra el lateral de El Retiro. Nuevamente algunos fragmentos golpearon el cuerpo de Favre, pero este se mantuvo estoico, observando a sus enemigos. Los holandeses continuaban aproximándose, pero no intentaban colocarse de lado, paralelos a ellos para poder tenerlos en rango con todos sus cañones. Por el contrario, parecían intentar aproximarse a toda velocidad, dispuesto a abordarlos rápidamente.⠀

Por algún motivo que el galo desconocía, Greg había anticipado que el viejo Hein intentaría realizar un abordaje antes que acabarlos a distancia con sus cañones. Favre esbozó una tibia sonrisa y pensó: » El capitán tenía razón, esperemos que su idea funcione.»⠀

La voz de Smith lo volvió a enfocar:—¡Listos para otra descarga!—⠀

Antoine giró y volvió a colocarse en la parte trasera de su culebrina para apuntar, elevando su voz dijo:—¡Que esos malditos paguen el precio que se debe si quieren nuestras cabezas! ¡fuego!—⠀

Varios proyectiles lograron impactar en la misma zona, penetrando la parte frontal ya maltrecha de la nave holandesa, destrozado una sección del castillo de proa.⠀

Al intentar recargar, el galo tomó uno de los palanquines y al tirar de él notó que requería de una fuerza mayor a la vez anterior. Fue en ese momento cuando se percató que uno de los marineros de su cuadrilla había sido alcanzado por un fragmento de gran tamaño desprendido de la estructura de la nave. El sujeto se encontraba recostado junto a la culebrina, sus compañeros no intentaban socorrerlo ya que todos estaban concentrados en la tarea de colocar el cañón en su posición de disparo.⠀

Mientras Favre tiraba de los palanquines, gritó:—¡Herido! Fausto, ¡¿dónde demonios estás?!.—

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Fragmento N°241

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En el instante en el cual el disparo holandés penetró el casco, una explosión de fragmentos de madera cubrió a los marineros que se encontraban más cerca. El proyectil había ingresado justo entre la batería comandada por Favre, y la dirigida por Smith. En su camino destrozó la tronera de la cual emergía el cañón que el galo manipulaba, haciendo estallar el marco de esta en una nube de astillas. La mano que Favre mantenía sobre la estructura del cañón fue alcanzada por numerosas esquirlas, incrustándose varias en su antebrazo.⠀

El galo contuvo su dolor, y lanzó un grito que cubrió todos los rincones de la galería de tiro:—¡Fuego!—⠀

Al unísono, todas las culebrinas recularon cuando cada cuadrilla disparó. La estructura entera de la nave rechinó al sentir la tensión de los palanquines tirando de sus anclajes, y una humareda general cubrió a todos los marineros de la cubierta inferior. En cuanto la primera descarga se sucedió, instintivamente todos los marineros comenzaron el proceso de recarga, alimentando nuevamente sus cañones, preparándolos para el próximo disparo.⠀

Al ver que su cuadrilla se encontraba enfocada en la tarea de alistar el cañón, Favre trató de ver el daño de su brazo. Su mente se encontraba algo nublada, producto del shock y la la nube de pólvora circundante. Enfocó su vista, y pudo apreciar que el daño no era significativo, pero numerosos trozos de madera yacían sobre su antebrazo y mano. —Maldita sea.— dijo en voz baja casi inaudible al ver sus heridas.⠀

Smith se encontraba asistiendo la recarga de su culebrina junto con su equipo, y pudo notar al galo observando su brazo. —¿Se encuentra bien señor?—⠀

Favre respondió:—Un rasguño, no te detengas, continúa.—⠀

Smith, asintió y volvió a concentrarse en sus tareas. Poco a poco todas las cuadrillas comenzaron a completar el proceso de recarga, y volvieron a colocar los cañones en posición tirando de los palanquines para poder volver a realizar una nueva descarga.⠀

Mientras Favre asistía a su equipo para que completaran la tarea de recargar el cañón, la nave de Hein logró descargar otra andanada sobre ellos. Hubo un estallido de trozos y fragmentos que se desprendieron de la estructura producto del impacto, pero ninguno de los proyectiles logró adentrase en el interior de la nave.⠀

Smith alzó la voz para dirigirse a Favre mientras tironeaba de los palanquines de su cañón:—Que Dios nos ayude cuando estén paralelos.—⠀

Antoine comprendía que por ahora El Mercurio se encontraba en trayectoria perpendicular hacia ellos, y solo los tenía a tiro con sus cañones frontales. Pero en cuanto estuviesen paralelos y pudiese tenerlos en rango de sus baterías laterales, la historia cambiaría considerablemente.⠀

Favre volvió a arengar a los hombres de la cubierta:—¿Qué esperan señores? ¿tenerlos tan cerca como para oler su apestoso aliento? ¡fuego!—⠀

Una vez más una humareda generalizada cubrió toda la galería de tiro cuando los cañones trinaron al disparar. ⠀

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.