Fragmento N°1

El Llamado del Ocaso

«Lee la historia de El Llamado del Ocaso a partir de aquí, espero lo disfrutes, buen viaje. Si eres nuevo en la historia, te sugiero visitar previamente la sección «¿Cómo Leer?» para sacar el máximo provecho de la lectura.

El efecto prologando del sol despierta sensaciones confusas en el cuerpo de un hombre. La exposición prolongada genera fastidio en una fase temprana, similar al que genera una mosca al revolotear alrededor, luego uno no comprende si es el calor abrasador o una fiebre interna lo que comienza a generar un malestar que distrae al vigía de su labor.

Para colmo, estaban abandonando las Antillas, y la brisa que suele recorrer los recodos y orillas de las islas e islotes abriéndose pasos entre la vegetación costera , dio paso al mar abierto, interminable, y para mal de Coise, que se encontraba en la cofa cumpliendo su ronda, también dio paso a la calma. Fue como si alguien obstruyera el fuelle que les brindaba esa adictiva y ocasional, pero refrescante brisa.

Lo que inquietaba al capitán Gregor, es el cansancio que culmina al final de una ronda de guardia en el palo mayor, el agotamiento genera que los hombres se distraigan, que quieran hacer lo posible para cumplir su turno y descender a reposar para que otro marinero asuma la guardia. Necesitaba que Coise estuviese alerta, ya que su situación no era la mejor de todas.

Después de 7 meses guerreando y pillando en las Antillas, la corona española le había puesto un precio a su cabeza, a la cabeza de sus hombres, y a su barco. Hubiese preferido hacer los preparativos necesarios para partir, pero la codicia le jugó una mala pasada, y la búsqueda de una nueva víctima los hizo estacionarse mas de lo requerido en esas aguas.

Su plan era regresar con su último botín al páramo (así le decían sus hombres a la bahía escondida detrás de bancos de arena y ciénagas, que usaban para repostar) recoger el fruto de esos 7 arduos meses y llevarlo al enclave que poseían cerca de Ozouri, en la costa occidental de África.

Pero sus cálculos no contemplaron que el opulento de Felipe III declarara la guerra a las provincias unidas, Inglaterra y Francia, luego de 12 años de paz. Para su pesar, él no era completamente inglés, era mitad escocés, pero su tripulación era una maraña de ingleses, franceses, e incluso algunos de sus hombres eran provenientes de la región del puerto de Naarden.

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