Fragmento N°123

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—¡Por Dios!, ¿Que te ha pasado?— dijo alarmado Gregor dirigiéndose a Mnyma.

Haciendo caso omiso a la pregunta, Mnyma afirmó:—Voy a liberar los pasadores para que puedan ingresar.— Súbitamente el pequeño volvió a desaparecer dentro de la oscuridad del corredor, fuera del alcance de la vista de Greg. La luz que se filtraba por el pesado enrejado solo dejaba ver una pequeña sección del suelo inundado del angosto corredor, por fuera de esa sección iluminada, todo simulaba ser una niebla oscura que había absorbido al pequeño.

Un chirrido tosco y pesado se oyó cuando dos pasadores de hierro macizo y corroído liberaron las bisagras de la trampilla.

Greg tanteó con una de sus manos el enrejado, y notó que a pesar de ser extremadamente pesado cedía ante su esfuerzo, ya libre del yugo de ambos pasadores. —¿Mnyma?— consultó Greg en voz baja.

No hubo respuesta, solo el mar ocupó el silencio que se generó durante los segundos que Greg esperó.

El Celta giró y observó a sus hombres, mirando directo a los ojos de Favre dijo:—Armados y listos.— Volvió a enfocarse en la trampilla, tomó uno de los pesados barrotes del enrejado y tiró de el para abrirla.

La rejilla de hierro era sumamente pesada, pero hizo su mayor esfuerzo para solo utilizar una mano al abrirla, en la otra llevaba empuñado su sable. Los barrotes eran muy anchos y conformaban un diseño burdo, el agua de mar los había pulido e impregnado de algas, lo cual generaba que fueran extremadamente escurridizos.

Al girar sobre las toscas bisagras, Greg percibió que pese al oxido y la corrosión, ambas bisagras fluían notoriamente bien, para sus adentros pensó:»No hace mucho tiempo fue utilizada» y una sensación de alerta emergió en su interior, el temor a volver a perder a uno de los suyos volvió a encenderse como una hoguera.

Al superar los noventa grados, acompañó la rejilla suavemente hasta que esta hizo contacto con la roca mohosa, evitando así cualquier ruido. Antes de ingresar volvió a mirar a Favre, en tono firme indicó:—Aguarda mi señal, si algo no anda bien, arroja una granada, vuela el maldito túnel, … luego ya sabes que hacer.—

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