Fragmento N°130

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Greg estaba expectante, cada fibra muscular se encontraba contorsionada y el sudor comenzaba a generar pequeños manchones en su camisa.

Había detectado tres guardias, dos parecían estar discutiendo ante el portón de ingreso, mientras otro deambulaba sobre la muralla interior que delimitaba el patio, frenando cada algunos pasos para girar y volver tras sus pies.

Internamente Greg pensó, «solo tres afuera, pero… ¿Cuántos dentro?». Un golpe sutil en su hombro captó su atención, al voltearse Favre y Umbukeli se encontraban junto a él.

El galo sentenció:—Hecho.—

 Greg desvió su mirada para observar el lugar donde el cuerpo del soldado yacía, al no encontrar el cadáver volvió a Favre: —A lo nuestro… tres sujetos afuera, dos parecen hablar sobre algo que no logro descifrar, se encuentran en la entrada, a unos setenta pies mirando al noroeste.— El somalí y el galo asintieron.

Greg prosiguió:—Un tercer hombre vigila las almenas sobre la.—

Antoine consultó:—¿Solo tres?—

—Así parece mi estimado.— afirmo Greg dubitativo.

—Aunque aún no sabemos que nos espera dentro.— remató luego de un segundo de pausa.

Favre recogió uno de los sacos que llevaba consigo y comenzó a distribuir las flechas entre los tres. Greg tomó un puñado y las depositó en el carcaj que llevaba cruzado en su espalda junto a su arco, mientras contaba los proyectiles, Favre habló:—¿Noticias del perro Hein?—

Secamente Greg respondió:—Nada aún, pero estará allí, en algún lugar, aguardando su oportunidad. Solo esperemos que nuestra pequeña sorpresa lo entretenga lo suficiente.— El galo sonrió mientras revisaba su morral.

Greg retomó:—Cuando el guardia de la muralla voltee, encárguense de los dos sujetos de la entrada, acercándose por detrás siguiendo la línea del muro.—

Favre consultó:—¿el del muro es suyo capitán?—

Greg asintió en silencio, y se recostó sobre el marco para volver a espiar al exterior, mientras observaba a ambos sujetos dijo:—El de la izquierda es tuyo Antoine, el de la derecha déjaselo a Umbukeli.— En la oscuridad el somalí sonrió, y sus dientes blancos como el mármol brillaron a la luz de luna.

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