Fragmento N°146

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Por un instante Greg percibió una duda en el holandés, y aprovechó esa pausa.

Se adelantó un paso más diciendo:—Como hombres de guerra, no usaremos armas de cobardes, nada de pistolas, solo espadas, ¿cierto?.— Hein frunció el ceño y suspiró fastidiado:—Con gusto daría la orden para que mis hombres abran fuego y me libren de tu existencia, pero eso me quitaría el placer de matarte con mis manos.— —Pues bien, con espadas será.— dijo Greg, mientras daba un paso más.

Estaba junto al bebedero, podía observar las bengalas sobre la base del rectángulo de piedra, cubierto de hojas y ramas secas. Distraídamente observó hacia el techo, y agradeció por que la estructura del establo estuviese derruida y su techado completamente destruido.

Comenzó a desabrochar su cinturón del cual pendían sus pistolas, mientras Hein procedía a hacer lo mismo. Mientras El Celta se despojaba de sus armas de fuego, validó que la mecha lenta de sus pistolas estuviesen encendidas, apenas tendría un segundo para hacer su jugada, luego todo sería suerte e improvisar para salvar sus vidas.

Por el rabillo del ojo observó que Hein entregaba sus pistolas al gigante que se encontraba a su lado, dándole levemente la espalda. Por dentro pensó: «¡Es ahora!». Rápidamente agachó su cuerpo y tomó una de las bengalas que se encontraban en el fondo del abrevadero. Cada bengala tenía un pequeño cabo de madera, que funcionaba como guía para aproximar su trayectoria, en el extremo del cabo un recipiente contenía la pólvora que impulsaba el pequeño proyectil, y de dicho recipiente se desprendía una pequeña mecha.

Colocó el cabo en el piso, aferrándolo con su pie, mientras con su otra mano tomó su pistola por el cañón, e inclinó la mecha de combustión lenta para encender la bengala. Como la mecha de la bengala demoraría segundos en consumirse, se arriesgó y la encendió por la base, por lo cual fue un milagro que el recipiente no estallará en su cara.

Con un zumbido ruidoso, la bengala se impulsó, quemando las manos de Greg, pero desprendiéndose del suelo, atravesando el techo destrozado del establo e iluminando la noche.

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