Fragmento N°151

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Hicks estaba tenso, sentado sobre la proa del bote, alerta y expectante ante cualquier sonido o movimiento que se diera. A su lado, Mnyma, combatía el aburrimiento amartillando y desmartillando la pistola que Greg le había obsequiado antes de irse. Ambos compartían la diminuta embarcación a la espera de que Greg, Favre y Umbukeli regresaran con Edahi.

Fastidiado por el repetitivo «click» que se generaba cada vez que Mnyma retraía y amartillaba el arma, Hicks dijo:—Pequeño, si oigo una vez más ese sonido, yo mismo te entregaré a los holandeses.— Deprimido, Mnyma colocó el arma sobre su regazo e inclinó su cabeza en silencio.

Hicks observó a Mnyma unos segundos, parecía frágil, contrariado, los fantasmas de su encuentro cercano con la muerte aún estaban allí.

Arrepentido, Hicks dijo:—Esta bien, puedes seguir jugando, pero te enseñaré como hacerlo para que no destroces su mecanismo.— El pequeño alzó su cabeza y sus ojos brillaron entusiastas en la noche. Hicks se acercó y se sentó a su lado:—Bien, este mecanismo debe retraerse sutilmente de este modo.— mientras retraía el martillo.

Continuó:—Siempre debes constatar que la mecha sea lo suficientemente larga como para lograr encender la cazoleta, cargada con la medida justa de buena pólvora.— señalando el pequeño receptáculo en la base el cañón.

Mnyma asintió en silencio.

Hicks concluyó:—Y por último asegúrate de dar en el blanco, no te apresures, respira profundo y apunta bien.— Mnyma volvió a asentir y sonrió.

Hicks observó a su diminuto compañero, se compadeció del niño, ningún pequeño debería ver o sufrir lo que a él le había tocado.

Repentinamente los ojos del Mnyma brillaron tomando un tono rojizo, y Hicks se percató de la bengala que ahora los iluminaba y ascendía en la noche.

Sabía lo que la señal significaba, hubo una breve pausa y luego el ruido de las culebrinas de El Retiro tronaron a lo lejos.

Pero el sonido que alertó a Hicks fue otro, el ruido mucho más cercano de disparos.

Tomó unas granadas de la gaveta y dirigiéndose a Mnyma dijo:—Quédate aquí, y no hagas ruido.— bajó del bote y descendió por el túnel.

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