Fragmento N°154

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Podía oírse con claridad el ruido de las tropas que se organizaban fuera del establo. Un sargento o teniente bramaba en voz alta tratando de organizar a sus hombres, Greg pudo oír con claridad sus órdenes.

Favre afirmó:—Cuando ingresen, no importará si somos ingleses, escoceses u holandeses…, nos colgarán a todos.— Greg dudó algunos segundos.

Otro disparo pasó trinando por sobre sus cabezas.

Greg apuntó hacia el grupo de Hein y descargó una vez más su pistola. El proyectil destrozó parte de una mampara de madera que resguardaba a los holandeses, pero no hirió a ninguno. Gregor entregó su pistola a Umbukeli, este le devolvió otra arma cargada, y extendió su otra mano abierta para que Greg pudiese verla. Sobre la palma de su amigo somalí, pudo observar un puñado de pequeños proyectiles redondeados, los contó en silencio, eran seis.

Se dirigió a Favre:—Antoine, nosotros abriremos la brecha, Umbukeli llevará a Edahi. Necesitamos movernos rápido.— Favre asintió y tomó la pistola que Umbukeli estaba recargando, mientras el somalí se inclinaba para tomar a Edahi.

Otro disparó tronó desde el extremo de la habitación, pero esta vez Greg no respondió. Luego de algunos segundos otro proyectil le sucedió, tampoco hubo respuesta de Gregor.

Favre, consultó a Greg:—¿Capitán?— Gregor dijo:—Se paciente Antoine, se paciente.— Hubo un nuevo disparo, y esta vez dos marineros se desprendieron del grupo principal y recorrieron unos pasos para atrincherarse algunos corrales más adelante mientras Hein y el resto los cubrían.

Favre volvió a observar a Greg:—¡Capitán, están avanzando!.— Greg respondió terminante:—¡Paciencia!— Los dos marinos que se habían adelantado, volvieron a salir de sus posiciones para flanquearlos, pero esta vez Greg asomó su cuerpo y disparó al sujeto más cercano.

El impacto fue en la cadera, ingresando desde el costado y destrozando sus órganos internos, pero no hubo orificio de salida por lo cual el proyectil quedó alojado en su interior. Dirigiéndose a Favre, Greg dijo:—No puedo darles desde aquí, los necesito cerca.— Por dentro pensaba: «Van dos, quedan cuatro».

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