Fragmento N°167

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Luego de que Elizabeth abandonara la cubierta y se adentrara en el interior de la nave, Arthur se dirigió al alcázar para retomar el control.

Colocándose junto al timonel, dijo:—Debemos aguantar hasta que el capitán de la segunda señal.—

Hizo una pausa para respirar profundamente, luego completó:—Diez grados a babor.—

Con un suave golpe, el timonel ejecutó la orden. Lentamente El Retiro amplió el ángulo de aproximación hacia el galeón holandés, si bien se acercaban cada vez más, lo iban haciendo de manera tal que parecían estar trazando una parábola en su rumbo. En un momento, llegarían al punto máximo de aproximación en el cual quedarían extremadamente cerca de el Mercurio, la nave de Hein. Más allá de ese punto, la trayectoria que llevaban los alejaría poco a poco.

Aunque su tripulación había logrado responder el fuego rápidamente y ahora ambas naves se disparaban mutuamente, la nave holandesa aún estaba anclada lo cual otorgaba una ventaja a El Retiro. Al estar en pleno movimiento podían flanquear a sus enemigos y colocarse en un punto ciego donde ellos no pudieran contraatacar. Como cualquier embarcación, los cañones holandeses estaban desplegados a los lados, tanto a babor como a estribor. Cada cañón disponía de unos cuarenta y cinco grados de amplitud por lo cual había dos puntos ciegos definidos claramente, la proa y la popa de la nave. Tanto en la proa como en la popa, la artillería montada era escasa o de bajo calibre, ya que las tácticas habituales consistían en combatir enfrentando los laterales de las naves y acribillándose unos a otros.

Trazar un curso perpendicular como el que estaban haciendo era un riesgo, y Arthur lo sabía, estarían extremadamente cerca para aprovechar el punto ciego.

El primer oficial holandés a cargo, se percató de la jugada, y Arthur podo ver como a toda velocidad sus tripulantes trataban de izar la mayor y elevar anclas para romper la inercia del galeón.

El Retiro había dejado de disparar, contenía sus cañones aguardando el momento. Cuando la proa de el Mercurio quedó enfrentada a la batería de estribor, por dentro Arthur pensó:»Es ahora».

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