Fragmento N°177

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Se sentía furioso, no lograba comprender ¿por qué Umbukeli había abandonado a Gregor y a los suyos?. La ira creció dentro de su cuerpo y tomó posesión de él, dejando atrás el miedo que lo había inmovilizado hacia un instante.

Mnyma empuño con fuerza la pistola que lleva en su mano y alzando su voz gritó dirigiéndose hacia la oscuridad por donde Umbukeli había desaparecido: —¡Pues bien, vete yo no los abandonaré!—

Volteó y observó la entrada del túnel que daba hacia el establo, y esta vez en voz más baja para si mismo, dijo:—No soy un cobarde.—

El pequeño, hizo una pausa y para si mismo completó:—Jamás seré un cobarde.—

Respiró profundamente para encontrar el valor y la fuerza necesaria para enfrentar el peligro que yacía más allá del umbral del túnel. Avanzó en dirección hacia el final del pasadizo, dando algunos pasos y luego deteniéndose para oír con mayor claridad los sonidos que emergían desde el establo en llamas. Según se acercaba, pudo oír con claridad el crujir de las llamas devorando lo que quedaba del lugar y los gritos de los hombres que se encontraban combatiendo.

En el último tramo, el humo intenso llegó hasta él, rodeándolo por completo, llevándole un aroma cargado de sudor, sangre y fuego. En su mente, la idea de girar y huir tomó forma, pero por dentro se repitió: «Jamás seré un cobarde».

Cruzó el umbral e ingresó al establo. Inmediatamente el calor abrasador cegó sus ojos y lo obligo a cubrirse con su mano. Pudo percibir en su piel el fuego intenso ahogando su cuerpo y las voces de los hombres que se encontraban luchando en las inmediaciones.

Intentó descubrir su rostro y enfocar su vista para lograr divisar a Greg y a Favre. Su mirada demoró algunos segundos en acostumbrarse al entorno, pero rápidamente logró distinguir un cuerpo, inerte y recostado sobre el suelo.

Percibió la misma sensación que al ver al nativo hacía unos instantes, su rostro y su vestimenta le resultaban familiares.

Al enfocar su vista, logró distinguirlo, y una parte de si mismo se agrietó al reconocer el cuerpo sin vida de Hicks, recostado y abatido por Hein.

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