Fragmento N°20

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El sol del mediodía azotaba la playa de manera abrasadora, provocando un efecto incandescente al reflejarse sobre la arena, generando sobre la costa una atmósfera similar al mismísimo infierno.

Nock gestionaba su fuerza de trabajo, en la periferia de la selva, donde la vegetación se fusionaba paulatinamente con la arena, una cuadrilla de hombres entremezclados con prisioneros recolectaba madera con sus hachas. Él comprendía que una viga decente podía hacer la diferencia en altamar, convirtiéndose en un andamio, un remo, o lo que fuese que necesitaran. Otra cuadrilla había encontrado la desembocadura de un riachuelo, y río arriba un estanque donde llenaban los barriles de agua, para transportarlos rio abajo e ir cargándolos en los botes que los llevarían a El Retiro.

Nock prestó atención al tiempo que tardaba en regresar la cuadrilla de aguateros, y estimó que el viaje de ida y vuelta al estanque les tomaba unos treinta minutos, les llevaría todo el día llenar los barriles.

Y finalmente la Srta Hein se encontraba en los botes, junto a la mujer nativa y dos ayudantes. La tarea de las damas era asegurar los barriles y las vigas de madera una vez arriba de las barcazas, para que la utilización del espacio fuera optima, y no se mecieran en el viaje de regreso.

Nock la observó, bajo el sol implacable, la mujer parecía aguantar el ritmo de trabajo, habían comenzado temprano por la mañana y jamás se había quejado o pedido de beber, se había arremangado y atado la falda a la altura de las rodillas para que las costuras no molestaran su labor. No podía decir lo mismo de Du Toit, el hombrecillo caminaba torpemente, trastabillando, y empapado de su propio sudor había solicitado agua en tantas ocasiones que Nock había perdido la cuenta.

Percibió su técnica de anudar, y miró como manipulaba las amarras con habilidad, si él lo hubiese hecho, no se hubiese notado diferencia alguna.

Giró sobre sus pies, pues le pareció oír un ruido entre la maleza costera, creyó ver movimiento entre los arbustos, pero el sol liquidaba su vista, y no le permitía enfocar. Desistió y siguió guiando la cuadrilla de trabajadores.

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