Fragmento N°230

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Al rodear la primer isla, quedaron completamente fuera de la vista de El Mercurio. El ritmo a cual navegaban disminuyó levemente al recoger la mesana, y un silencio sepulcral invadió toda la nave. El próximo islote se encontraba muy cerca, y Gregor estimó que llegarían a él en breve. Según los cálculos de Gregor, lograrían arribar al próximo recodo incluso antes de que El Mercurio pudiese girar el islote inicial y tenerlos al alcance de la vista nuevamente. Mientras la proa de El Retiro se abría paso entre el oleaje, podía percibirse como el fuego rojizo que decoraba el horizonte se iba apagando lentamente hasta que la noche llegó a ellos.⠀

Al quedar completamente a oscuras, el silencio fue aún más evidente, solo interrumpido por algún ruido ocasional del oleaje rompiendo contra el casco. Los hombres se encontraban tensos, Gregor podía percibir en ellos el nerviosismo típico antes de una batalla, los movimientos repetitivos y espasmódicos de cada marinero expectante.⠀

Arthur se encontraba junto a la barandilla de estribor, guiando las tareas de un grumete cuyo labor era monitorear el calado de la zona que se encontraban navegando. Al acercarse a ambos, Greg dijo:—¿Cuánta profundidad?—⠀

Arthur aguardó a que el grumete finalizara su tarea, el marino se encontraba manipulando un cabo que en su extremo contenía una plomada maciza. A lo largo de la cuerda se encontraban una serie de nudos que hacían referencia a la distancia que había de un extremo al otro. Al percibir que la plomada tocaba fondo, el marinero giró e informó la distancia a Arthur, pero fue tan bajo que Greg no logró oírlo. Cada hombre respetaba la orden de no comunicarse salvo aproximándose estrechamente uno al otro.⠀

Arthur se acercó a Greg y dijo:—No es grave aún, pero perdemos profundidad rápidamente, hay varios pies de distancia respecto a la última medición.—⠀

Greg respondió:—Debemos monitorear el calado constantemente, si no queremos quedar encallados.—⠀

Por dentro Gregor pensaba: «Si encallamos, no habrá ningún milagro que nos salve, será una masacre.»⠀

Arthur asintió al confirmar la orden de Greg, y giró para continuar dándole algunas indicaciones al grumete.⠀

Mientras continuaban surcando los bancos de arena, Greg se dirigió nuevamente al alcázar y mantuvo su mirada hacia la popa. La primera isla era una sombra oscura en la lejanía, pero mantenía su vista en ella tratando de percibir si El Mercurio aparecería repentinamente rodeando ese trozo de tierra. Finalmente El retiro comenzó el rodeo de la segunda isla del cayo, y al completar el giro también perdieron de vista el primer islote.⠀

Gregor suspiró aliviado, sabía que no era ninguna garantía, pero se sentía reconfortado por cada palmo de tierra que colocaba entre él y sus enemigos.

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