Fragmento N°231

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En cuanto perdieron de vista a El Retiro luego de que este se ocultase detrás de la primera isla, Jameson temió observar la reacción de Hein. Posado en el alcázar junto a su capitán, el joven oficial holandés supuso que el viejo Hein lo azotaría por no haber alcanzado su objetivo antes del anochecer, pero no fue así. Piet Hein se limitó a guardar su catalejo, quedando pensativo con su vista fija en el cielo durante algunos segundos, por dentro pensaba: «¿Qué tramas maldito?, ¿qué sorpresa tienes para nosotros?».⠀

Luego de sus últimos dos encuentros, el holandés había desarrollado un cauto respeto por Gregor y sus hombres. Si bien por dentro se deleitaba, pensando en el dolor que le infligiría con sus propias manos a El Celta cuando lograse atraparlo, había comprendido a la fuerza que no era un simple guerrero. La última escaramuza en el establo de la guarnición provocó una ira demencial en su interior, pero la persecución le había otorgado el tiempo suficiente para reflexionar acerca de su contrincante.⠀

Repentinamente Hein dijo:—Oficial Jameson.—⠀

Sorprendido Jameson respondió:—Diga capitán.—⠀

—¿Qué cree que intentará ese maldito escocés? ¿Cómo cree que nos evadirá en la noche?.— consultó Hein a su oficial.⠀

El joven oficial pensó sus palabras, se sentía intrigado por ser consultado por Piet Hein, luego de una pausa dijo:—Si fuese él, buscaría escabullirme entre los islotes y bancos de arena, evitando ser divisado desde una distancia lejana por la protección del cielo nocturno.—⠀

Piet Hein alzó nuevamente su vista, la noche era calma pero sucesivos bancos de nubes se interponían entre ellos y la preciada luz lunar.⠀

Luego de contemplar las nubes que se encontraban sobre ellos, Hein insistió:—Eso está más que claro, trate de que sus próximas palabras contengan algo de estrategia y originalidad.—⠀

Jameson tragó saliva, su cuerpo se tensó, y una gota de sudor corrió por su frente mientras pensaba qué respondería.⠀

Hein dejó de observar el cielo y lentamente colocó la vista en su oficial. Bajo la intermitente luz de la luna, los ojos del holandés tenían un sutil resplandor que hizo estremecer a Jameson.⠀

—¿Y bien?— insistió Hein.⠀

Jameson forzó su mente en busca de una respuesta, finalmente dijo:—Tal vez espera que lo sigamos a través de las aguas costeras capitán, y que encallemos mientras vamos tras él.—⠀

Hein se acercó a su oficial aún más, pudo notar como el sudor cubría la frente de Jameson y las pequeñas gotas reflejándose en su piel. Piet Hein posó una mano sobre el hombro del oficial y percibió como este se estremecía, dijo:—Esa observación, sí contiene algo de estrategia y originalidad.—⠀

Jameson relajó su cuerpo, fue como si lo hubiesen liberado de una carga titánica que se ejercía sobre sus hombros.⠀

Hein ordenó:—Oficial, sugiero que se apresure a obtener una medida precisa del calado de estas aguas.—

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