Fragmento N°239

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Durante los primeros minutos, Mnyma se mantuvo ocupado revisando las pertenencias de Gregor que se encontraban sobre la mesa. Luego de indagar los mapas desplegados, y husmear en los estantes que se encontraban en el camarote, Mnyma fue perdiendo interés paulatinamente. Elizabeth se encontraba junto a Edahi, ocupaba su mente atendiendo al nativo, cambiando regularmente el paño sobre su frente febril, y dándole de beber para recomponer su cuerpo.⠀

Al aburrirse por completo de las pertenencias de Gregor, el pequeño se sentó junto a Elizabeth.⠀

Luego de algunos minutos observando como ella limpiaba los vendajes del nativo, Mnyma consultó:—¿Sobrevivirá?—⠀

La pregunta tomó por sorpresa a Elizabeth, su mente se encontraba en trance, ocupada en su repetitiva pero vital tarea, alejando sus pensamientos. Respondió:—La fiebre ha descendido, y ha logrado hidratarse un poco, tal vez lo logre.—⠀

Mnyma asintió, dejó caer su cuerpo sobre uno de los costados de la litera donde Edahi se encontraba recostado. Luego de algunos minutos el pequeño quedó completamente dormido.⠀

Al estar virtualmente a solas, Elizabeth detuvo sus tareas, y trató de pensar en todo lo ocurrido. Su mente comenzó a recorrer nuevamente los últimos meses desde que se había separado de la flota holandesa para regresar a Europa. Volvió a recordar las palabras que había leído en la carta de su padre, antes de que Gregor los interceptara: «…una vez que tengas la llave en tu poder, mata a la niña, acaba con la maldita bastarda, antes de sepa la verdad de la llave y de su madre…» .⠀

Su recuerdo era vívido, podía percibir las linéas sobre el papel, el trazo de la caligrafía fina y elegante de Piet Hein en cada palabra. Inconscientemente cerró sus puños con fuerza, conteniendo sus emociones.⠀

Repentinamente un sonido extraño llamó su atención, similar a un chirrido. Volvió a enfocar sus sentidos y logró escuchar a los hombres hablar enérgicamente con tono de alarma. Elizabeth se puso de pie y se dirigió a la puerta del camarote para inspeccionar, pero un estruendo lejano se oyó, esta vez no tan lejano. Inmediatamente una vibración sacudió la estructura del barco cuando este fue alcanzado y llegó hasta el camarote donde se encontraban.⠀

Ella quedó inmovilizada, sabía lo que significaba ese estruendo y el impacto que acababan de recibir. Piet Hein los había encontrado.⠀

El golpe despertó a Mnyma, y el pequeño se irguió adormecido preguntando: —¿Qué ha sido eso Srta Hein?—⠀

Elizabeth se acercó a él y respondió:—Puede que tengamos algunos problemas. Necesito que te quedes aquí Mnyma, iré a ver qué ha ocurrido.⠀

—No quiero quedarme solo.— protestó el joven.⠀

Ella, con voz calma, indicó:—No estarás solo, Edahi se encuentra aquí. Necesito que cierres la puerta desde adentro y no la abras a menos que Gregor o yo te lo pidamos.—⠀

Mnyma frunció el seño en señal de protesta, y volvió a asentir.⠀

Elizabeth dijo:—Recuerda, cierra la puerta, y no salgas. No importa lo que escuches, no la abras hasta que Gregor o yo regresemos.—⠀

Luego abrió la puerta del camarote, y la cerró detrás de sí.⠀

Al dar unos pocos pasos en el corredor, pudo escuchar el ruido del cerrojo a sus espaldas, bloqueando el camarote de Greg.⠀

Procesando…
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