Fragmento N°243

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Sus manos ardían, la textura rugosa y áspera de la cuerda de la cual tiraban cortaba su piel, mientras toda la cuadrilla tensaba los palanquines para volver a colocar en posición el cañón. Favre comprendía que no podía desatender su tarea al mando de su culebrina, si él dejaba su puesto para atender al marinero caído, ya serían dos hombres menos alimentando la batería. ⠀

Una voz lo tranquilizó:—Usted no es el único con problemas señor— dijo Fausto al aparecer por detrás para colocarse junto al sujeto herido y comenzar a examinar su cuerpo.⠀

—¿Qué tan mal es?— dijo Favre, mientras gruñía, producto del esfuerzo que conllevaba mover la pieza de artillería.⠀

Fausto se limitó a decir:—Debo sacarlo de aquí para poder atenderlo.—⠀

Tomando al sujeto por debajo de las axilas, Fausto recogió el cuerpo inconsciente y lo arrastró para llevarlo algunos pasos hacia atrás, lejos de los movimientos de la cuadrilla que manipulaba las culebrinas. Al pasar a su lado, Favre pudo observar el estado del marino, y se percató del daño que el fragmento había causado en su cuerpo. Un trozo de madera se había desprendido de uno de los mamparos, incrustándosele a la altura de la cadera. Si bien no era de tamaño considerable, en pocos segundos había emanado una cantidad considerable de sangre de la herida.⠀

En cuanto Fausto continuó atendiendo al marinero detrás de él, Favre perdió de vista la escena y no pudo apreciar más detalles.⠀

Para cuando el galo volvió a concentrarse completamente en su tarea de artillero, pudo apreciar que en esos pocos segundos la situación había cambiado. El Mercurio se había aproximado considerablemente y ahora comenzaba a ladearse para lograr tenerlos en rango con todos sus cañones de babor.⠀

Smith, que se encontraba a su lado comandando su grupo, dijo:—¡Intentan ponernos en rango de disparo!—⠀

Favre comprendía la jugada, pero por dentro su alma imploraba que Gregor estuviese cumpliendo con su parte del plan. Los holandeses intentarían colocarse de lado antes de abordarlos, y en el instante previo a que ambas naves quedaran una junto a la otra, les lanzarían una andanada con todo su poder de fuego. Luego les sería fácil tomar a punta de espada los restos de El Retiro.⠀

Haciendo caso omiso a la advertencia de Smith, Antoine enfocó su vista en la proa aún visible de la nave de Hein, y volvió a alzar su grito de guerra:—¡Sigamos machacando la proa de esa bonita nave!¡fuego!—⠀

En el mismo instante que El Retiro realizaba su tercera descarga, El Mercurió les devolvió una andanada con sus baterías de proa. Inmerso en su mente, abstrayéndose del sonido de los destrozos y el grito de sus hombres, Favre sonrió al pensar: «Estamos recargando más rápido que esos malditos. Habiendo estado a la defensiva ya van tres descargas por lado.»⠀

Nuevamente la cubierta crujió cuando todas las baterías retrocedieron al disparar, mientras eran golpeados en simultáneo por los proyectiles holandeses.⠀

Al intentar tirar de los palanquines para colocar el cañón en su posición, el brazo de Favre cedió. Su mano derecha se encontraba cubierta de suciedad, restos de pólvora, y una pasta negra viscosa conformada por astillas y su propia sangre. Intentó tirar de la cuerda nuevamente pero sus dedos no respondían.⠀

Cerró sus ojos para realizar su máximo esfuerzo, pero una voz femenina captó su atención.

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

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