Fragmento N°252

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Desde el parapeto podía observarse todo el campo que rodeaba la ciudad. En el límite del bosque, pequeños hilos de humo provenientes de las fogatas emanaban de entre las tiendas de campaña de los españoles. En esas primeras horas de luz, una fina niebla cubría el suelo, otorgándole una teatralidad fantasmal a la escena que presenciaba el teniente Cees Hein.⠀

Sus manos se encontraban apoyadas sobre la roca de una de las troneras, observando pensativo. A los pocos minutos de amanecer, el campamento enemigo comenzó a retomar la actividad habitual. Desde hacía semanas la situación se había estancado, las tropas españolas habían cercado la ciudad de Bergen op Zoom evitando que esta fuese reabastecida por tierra. En cuanto el asedio comenzó, Cees Hein fue destacado a la defensa de la ciudad como segundo al mando bajo el coronel Sir Robert Henderson. Si bien la ciudad estaba bloqueada por tierra, la situación no era la misma por mar. ⠀

Bergen op Zoom era uno de los baluartes holandeses en la frontera belga. Una ciudad fortificada sobre una de las tantas bahías formadas en el delta de los ríos Mosa, Rin y Escalda. Los tres ríos, conformaban un sinfín de islas y estrechos antes de que sus aguas se adentraran por completo en el mar del Norte. El acceso por mar era controlado por los holandeses, permitiendo que fuesen abastecidos desde el delta, mientras por tierra era cercados por el ejercito español.⠀

Cada mañana, Cees subía al parapeto e inspeccionaba las posiciones enemigas. Esa día, antes de trepar a la almena, pudo percatarse que una nave holandesa ingresaba en el puerto, seguramente con provisiones y refuerzos. Luego de varios minutos observando a sus enemigos, una voz tras de él lo interrumpió:—Buenos días teniente.— dijo el sargento al ingresar en la almena.⠀

Cees giró y asintió en señal de saludo, luego volteó para continuar observando.⠀

El sargento volvió a hablar:—Una carta llegó para usted con las provisiones de la mañana.—⠀

Cees giró nuevamente y observó al soldado, era un joven pálido y alto, pero de contextura atlética. Al notar que él giraba, el sargento abrió un sacó que pendía de su cintura y extrajo un puñado de cartas, revisó cuidadosamente las inscripciones en ellas y luego tomó una. Tendió su mano para entregar la carta indicada diciendo:—Es esta señor.—⠀

Cees extendió su brazo para tomarla, cuando la tuvo en su mano dijo:—Gracias sargento, puede continuar con sus tareas.—⠀

El joven afirmó, para luego girar y descender rápidamente de la almena por la escalera caracol.⠀

No fue necesario que leyera las notas por fuera, distinguió rápidamente la caligrafía y los trazos de la misma. Hacia meses que no recibía novedades de su padre, la comunicación con el Caribe no era la mejor, y resultaba difícil encontrar un puerto confiable desde el cual enviar correspondencia. Antes de abrirla, leyó en su mente la inscripción por fuera garabateada con pluma: «Vicealmirante de la flota de la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales, Hein Piet.»⠀

Rompió el sello y abrió la carta, la misma iniciaba diciendo: «Fernando de Noronha, dieciocho de febrero del año mil seiscientos veintidos…»⠀

Cees hizo una pausa para maldecir en voz baja:—Hace casi seis endemoniados meses.—⠀

Luego continuó leyendo.⠀

Procesando…
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