Fragmento N°253

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Percatarse que casi habían transcurrido seis meses desde que la carta había sido redactada por su padre hasta el momento en el que llegó a él, los fastidió internamente. Mientras sostenía el trozo de papel, por dentro pensaba la infinidad de cosas que podría haber atravesado su padre durante todo el tiempo transcurrido hasta que la nota llegara a sus manos. Decidió no sacar conclusiones apresuradas y continuó leyendo: «Cees, espero que mis palabras te encuentren bien, seré breve ya que no quisiera distraerte de tu deber.»⠀

Cees sonrió sutilmente, la falsa modestia de su padre le generaba gracia. En voz suave dijo para si mismo: —Seré breve ya que tengo otros asuntos más importantes.— ⠀

No le molestaba que Piet Hein vaya al punto del asunto, ya que él mismo también hubiese sido directo y conciso a la hora de escribirle. Continuó leyendo, el primer párrafo iniciaba diciendo: «La niña ha cumplido la mayoría de edad bajo mi observación, en cuanto pueda partirá rumbo Europa junto con la custodia de mi secretario personal. El Sr Du Toit te entregará nuevas ordenes y algunas de mis pertenencias personales. Espero que puedas realizar la tarea que te he encomendado sin ningún tipo de duda o remordimiento.»⠀

Enviar una nota a través del océano infinito hasta el extremo opuesto del mundo implicaba que ese trozo de papel debía haber atravesado numerosas manos hasta llegar a él. Por ese motivo, las palabras de Piet Hein eran evasivas, simples y carentes de sentido para la lectura de cualquier espía o curioso que se hubiese atrevido a romper el sello de la carta en su viaje hasta Bergen op Zoom. Volvió al sonreír cuando trató de realizar una estimación de cuántas personas habrían abierto la carta antes que él. Cees volvió a leer con detenimiento las palabras «pertenencias personales» y «la tarea que te he encomendado», para él tenían mucho sentido esas palabras, pero a pesar de ello su mirada no se inmutó y continuó leyendo las líneas finales: «Partiré en unos cinco meses aproximadamente, en cuanto mis responsabilidades para la compañía hayan finalizado aquí en Fernando de Noronha. Si la duda llegase a visitar tu mente, recuerda todo lo que está en juego, y la fortuna que vendrá.»⠀

Luego finalizaba con la firma sin más que decir. Cees quedó algunos minutos pensativo, mientras el sol se alzaba entre las colinas al horizonte. Un mirlo emergió entre el campamento español y sobrevoló el campo muerto entre la fortaleza y las tiendas enemigas. Luego se posó sobre la almena y quedó observando a Cees. El ave batió sus alas y emprendió vuelo de nuevo en dirección al bosque. Cees giró y observó que un soldado había subido a la torre para realizar el cambio de guardia, en su mano, el sujeto llevaba una antorcha nueva para reponer la que se había consumido durante la noche.⠀

—Disculpe señor, no quise interrumpirlo, es mi ronda.— dijo el joven.⠀

Cees respondió:—No hay problema. La antorcha por favor.— dijo abriendo su mano para que el soldado se la entregara.⠀

El joven extrañado extendió su mano para dársela. Con un movimiento cuidadoso, Cees acercó la nueva antorcha al fuego marchito de la que ya se encontraba en la pared de la almena. Al acercarla, encendió inmediatamente, irradiando calor y luz sobre su cuerpo. Tomando la carta, la acercó al fuego y observó como el papel se consumía deshaciéndose cenizas. Cuando el fuego logró incinerar la carta por completó, extendió la antorcha hacia el soldado diciendo:—Gracias.—⠀

Sin comprender, el joven tomó nuevamente la antorcha. Cees inclinó su cabeza en señal de saludo, y se dirigió a la escalera caracol para descender de la plataforma. Mientras descendía, trataba de imaginar en dónde se encontraría su padre en este momento.⠀

Procesando…
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