Fragmento N°260

El Llamado del Ocaso

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La proa desfigurada de El Mercurio se acercaba hacia ellos zozobrando a medida que cada vez más agua se filtraba por el casco destrozado. Imposibilitados de maniobrar a causa del timón averiado, Greg esperaba agazapado en la cubierta junto con todos sus hombres listos para repeler el abordaje de los holandeses. En cuanto la nave estuvo en rango de sus mosquetes, los hombres apostados en la cofa de El Retiro, abrieron fuego con sus armas para comenzar a equilibrar los números entre las fuerzas de Hein y Greg. Seguidamente, varias descargas de armas de pequeño calibre respondieron el fuego desde El Mercurio.⠀

Greg esperaba un factor determinante en la lucha que se avecinaba. Piet Hein se encontraba acorralado, su única esperanza era lograr abordar y capturar El Retiro antes que su nave se hundiese. Los números favorecían al holandés, pero incapaz de maniobrar con normalidad, estaban a merced de una última descarga de los cañones de Gregor antes de que lograsen acoplarse y abordar.⠀

Observando sobre la barandilla, Greg consultó a Favre:—¿Quién a quedado al mando en la galería de tiro?—⠀

El galo respondió:—Smith coordinaba a los hombres en cuanto abandoné mi posición.—⠀

Gregor asintió y luego volvió a observar la figura de a nave holandesa que se estremecía a medida que se aproximaba, mientras numerosos disparos se intercambiaban entre ambas tripulaciones.⠀

Favre volvió a hablar:—Aunque tal vez la Srta Hein haya tomado el mando.—⠀

Greg giró para observar a Antoine:—¡¿Elizabeth?!—⠀

Favre trató de excusarse:—Ella apareció sin previó aviso capitán.— mientras se encogía de hombros.⠀

Antes de que Gregor pudiese protestar, la detonación de todas las baterías los ensordeció. El Retiro se estremeció y disparó quemarropa a la nave holandesa que se encontraba apenas a una decena de pies de distancia. Mientras una nube de humo y astillas cubría ambas naves, Greg pudo observar un pequeño rayo de luz en el horizonte. Estaba amaneciendo.⠀

Una vez que las baterías de El Retiro descargaron su fuego contra la nave holandesa, una cortina de humo cubrió el mar que aún separaba ambas embarcaciones. Un silencio espectral tomó lugar y solo el sonido de la madera holandesa chirriar producto de la fatiga se oyó, mientras los restos de El Mercurio se aproximaban lentamente. Greg trató de oír, pero solo llegaron a él algunos murmullos imprecisos y los gritos agonizantes de un sujeto herido. Por dentro pensó: «Tal vez ese viejo este muerto».⠀

Incluso los disparos habían cesado, ya que el humo impedía a los tiradores detectar sus potenciales blancos. Greg asomó levemente su cabeza, y pudo observar que los restos estaban tan cerca que un hombre atlético podría haber cubierto la distancia con un salto.⠀

Repentinamente oyó un zumbido en el aire, y un ruido metálico lo sobresaltó cuando un gancho de abordaje cayó junto a su pie y luego retrocedió al ser tirado del otro extremo de la cuerda. El gancho pasó a unas pulgadas de su bota y luego se trabó sobre la barandilla. En ese momento Greg se puso de pie y alzó su brazo para dar una estocada a la cuerda y cortar el gancho de abordaje. Un sujeto emergió de los restos de la nave holandesa gritando desaforadamente con un alfanje en su mano.⠀

Un disparo desde la cofa alcanzó al marino holandés a la altura de la clavícula y el hombre cayó al mar por el estrecho espacio que aún había entre ambas naves. Greg gritó:—¡Ningún holandés pisará esta nave!—⠀

Su grito provocó que sus hombres vitorearan a su alrededor.⠀

Mientras sus palabras emergían de su garganta, un sinfín de ganchos de abordaje cayó del cielo desparramándose por toda la cubierta, mientras numerosos marinos holandés se arrojaban sobre ellos.⠀

Procesando…
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