Fragmento N°269

El Llamado del Ocaso

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En un instante, el proyectil liberado por el arma de Elizabeth cubrió la corta distancia que la separaba de Piet Hein. Durante una minúscula pausa, mientras el disparo recorría su trayectoria, una breve pero ingenua ilusión la atravesaba. «Tal vez fallé», pensó para sus adentros. Pero conocía sus habilidades, y pocos segundos antes había acertado un disparo a un marinero en pleno movimiento. Por lo cual, su ilusión se desmoronó al oír el crujido de la bala incrustarse en su objetivo.⠀

Aún con sus ojos cerrados, Elizabeth Hein se sobrecogió al percatarse de un repentino silencio luego de su disparo. Tanto los hombres de El Retiro como los holandeses estaban atónitos al ver caer a ambos capitanes en combate, y una delicada e inestable pausa se presentó para ambos bandos. El silencio fue tal, que ella creyó haber sido herida, o estar inconsciente producto de alguna detonación, incapaz de percibir correctamente lo que la rodeaba. ⠀

Al abrir sus ojos, alzó lentamente la vista, buscando encontrar una explicación a lo ocurrido. Al mirar a su alrededor, se percató que estaba siendo observada por todos los hombres que se encontraban sobre la cubierta. Lo único que se oía además de silencio, eran las llamas y el ruido de la madera ardiendo en los restos de El Mercurio que continuaba anclado a la nave por algunos ganchos de abordaje. Muchos hombres se mantenían aún en guardia, observándola a ella, expectantes ante el mínimo signo de riesgo para reanudar la batalla.⠀

Luego se percató de lo inevitable, y pudo observar el centro de la escena sobre la cubierta, el cuerpo de Greg junto al cuerpo de su padre. Acostados uno junto al otro, ambos ligeramente de costado observándose mutuamente.⠀

Otra lágrima emergió para acompañar la primera, dibujando un canal sobre su rostro agrietado.⠀

Elizabeth dejó lentamente el mosquete en el suelo, y comenzó a bajar las escalinatas del alcázar. Durante todo ese tiempo, ningún marinero se movió. Fue como si todos, amigos y enemigos, respetaran ese momento para ella.⠀

Al descender a la cubierta, algunos hombres se abrieron hacia los costados para dejarla pasar, y ella se adentró hacia donde ambos cuerpos se encontraban. Al acercarse, pudo percibir que ambos respiraban, pesada e intermitentemente. El disparo había alcanzado a Hein en el pecho, en un punto cercano al corazón, pero al parecer no había dado de lleno en el vital órgano ya que el viejo Hein aún estaba con vida.⠀

Ella se inclinó junto a Gregor, la espada incrustada en su espalda le impedía recostarse hacia atrás, por lo cual estaba levemente ladeado. Con sangre en su boca, dijo entre dientes:—Ant… Antoine.—⠀

El galo se encontraba lo suficientemente cerca para oír la voz de Greg, y se aproximó de inmediato.⠀

En ese instante Piet Hein intentó moverse, y estiró su brazo para tratar de tomar su espada que se encontraba a un cuerpo de distancia. Solo uno de sus brazos parecía tener movimiento, el otro se encontraba aparentemente inerte. El holandés arrastró su cuerpo con su vista fija en el sable, luego su manó logró tomar la empuñadura del arma mientras gruñía de furia con su boca abarrotada de sangre. Ese pequeño gesto provocó que muchos tripulantes de El Mercurio consideraran volver a la batalla.⠀

Elizabeth movió su cuerpo unos pasos hacía la dirección donde se encontraba su padre, y tomando su brazo rompió en llanto mientras gritaba:—¡Basta!, ¡basta por dios! !por favor basta!.—⠀

El dolor en sus palabras fue suficiente para mantener nuevamente todos inmóviles, expectantes ante la escena, debatiéndose sobre como proseguir.⠀

Hein balbuceó:—Niña…—⠀

Ella pudo percibir un leve forcejeó de su padre tratando de liberar su mano y el sable, pero la pérdida de sangre lo había debilitado por completo y pudo contenerlo sin mucho esfuerzo. Mientras Hein intentaba tomar su arma, Elizabeth dijo entre lágrimas:—¿Por qué me odias tanto? ¿Qué es lo que te he hecho? ¡Basta por favor!.—⠀

Piet Hein giró levemente para observarla, y mirándola a los ojos volvió a hablar. Esta vez su voz sonó diferente, pudo completar sus palabras sin interrupciones, y en un tono apenas audible dijo:—…eres igual a tu madre…—⠀

Luego ella pudo sentir como el brazo que retenía de su padre se relajaba, y el sonido de su respiración se perdía en el silencio.⠀

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

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