Fragmento N°283

El Llamado del Ocaso

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Mientras oía atentamente las indicaciones de Favre, ella se sentía incomoda, inquieta, deseaba con todas sus fuerzas estar sola consigo misma algunos segundos. Desde que había despertado luego de escapar por poco de los restos de El Mercurio en llamas, había reprimido gran parte de sus emociones para afrontar lo que estaba ocurriendo. Deseaba estar en solitario, ordenar sus sentimientos, recordar lo ocurrido, y tratar de asimilar todo lo que había acontecido en las últimas horas.⠀

El galo aprovechó la ocasión para contarle algunos detalles más sobre los sucesos que se habían desencadenado luego de que ella quedara inconsciente. Mientras brindaba las indicaciones respecto al lugar de descanso de todos los caídos, comenzó a relatarle lo ocurrido:⠀

—.El lugar no se encuentra muy lejos de aquí, ya que como comprenderá no podíamos desatender las reparaciones de la nave ni la custodia de nuestros cautivos.—⠀

Ella escuchaba atentamente, pero no podía evitar sentir una desesperada sensación por dentro de escapar hacía algún lugar lejano de todas las personas que la rodeaban en ese momento.⠀

Antoine prosiguió:—En cuanto los holandeses abandonaron el combate, supe que las reparaciones demorarían cuanto menos un mes. Por ese motivo una de las prioridades fue dar santa sepultura a todos los cuerpos. Caso contrario nos arriesgaríamos a que las enfermedades comiencen a esparcirse mientras realizamos los arreglos necesarios a la nave.—⠀

Ella preguntó:—¿Por qué los marineros de mi padre parecen arrepentirse de haber arrojado las armas?—⠀

—No lo sé con exactitud.— dijo Favre, —Pero intuyo que algunos hombres entre sus filas tienen una visión diferente a la del oficial Jameson, y no están de acuerdo en haberse rendido frente a sus enemigos. Pero por otro lado, y esto es lo que más me preocupa, creo que al estar bajo nuestra custodia se han percatado de la dimensión real de nuestra fuerza.—⠀

Elizabeth lo observó pensativa, no estaba segura de a que se refería Antoine.⠀

Él remató:—Nuestras filas son apenas un puñado de hombres, algunos incluso heridos como es el caso de Arthur. Si tan solo hubiese consenso entre ellos, podrían revelarse sin grandes esfuerzos.—⠀

Ella afirmó:—Por eso era necesario que intercediera ante el oficial Jameson.—⠀

Favre asintió completando:—El oficial le tiene una gran estima Srta Hein, y sospecho que es lo único que mantiene a raya el deseo de nuestros prisioneros de liberarse.—⠀

Favre examinó con cautela el rostro de ella, había algunos rastros de cansancio, las cuencas de sus ojos se encontraban marcadas con mayor notoriedad, y su mirada era evasiva, observando hacia diferentes puntos sin enfocarse en algo especifico.⠀

El galo prosiguió:—Regresando al otro asunto, detrás de la tienda donde despertó hay una hondonada antes de toparse con la línea de árboles. La vegetación no es muy espesa y a los pocos pasos verá que se abre un claro donde podrá distinguir claramente el lugar. —⠀

Elizabeth comenzó a respirar levemente más rápido y un hilo de sudor bajaba por su espalda.⠀

Favre hizo una pausa diciendo:—¿Se encuentra bien?—⠀

Ella asintió:—Sí, es solo el calor. Si no requieres mi colaboración, quisiera ir ahora.—⠀

Antoine sonrió y dijo:—Ya ha colaborado demasiado, confío en que encontrará el lugar por su cuenta y podrá distinguir donde descansa Gregor.—⠀

Elizabeth intentó devolver la sonrisa pero un gestó tosco y nervioso se dibujó en su cara. Giró y se dirigió a la tienda donde había despertado. Atravesó la carpa y cubrió el trecho que la separaba de la hondonada rápidamente. Mientras caminaba, aceleraba el paso cada vez más, como si quisiese huir de algo.⠀

Un recuerdo invadió su mente, pudo repentinamente sentir el olor a pólvora y fuego calando en sus sentidos, reviviendo el momento en el que su padre atravesaba la espalda de Gregor con su sable mientras Greg giraba para proteger a Arthur. Aceleró aún más, podía observar los primeros árboles a pocos pies de distancia. Su camisa estaba empapada de sudor, más de lo que el calor podía provocar.⠀

Podía recordar el filo del sable emergiendo por delante del estómago de Gregor, y los intentos inútiles de él por zafarse del golpe mortal.⠀

Súbitamente atravesó la primera línea de árboles y quedó bajo la protección de la vegetación. Allí se detuvo en seco, respiraba agitadamente, como si algo estuviese obstruyendo su tráquea.⠀

El recuerdo del cuerpo de Gregor, siendo abandonado por su fuerza, perdiendo el control de sus extremidades, fue cediendo lugar a la figura de su padre. Rememoró la imagen de Piet Hein, de pie a través de la mira de su mosquete. Su padre erguido, sosteniendo lo que quedaba de vida de Gregor en la punta de su sable, mientras ella observaba todo con su arma. Y al recordar el momento en el cual apretó el mecanismo del mosquete, sus ojos se cerraron. ⠀

Al revivir el momento en el que su disparo impactaba el pecho de su padre, sus fuerzas la abandonaron y cayó de rodillas en el suelo arenoso. Recordó sus últimas palabras:»…eres igual a tu madre…». Palabras que sonaban notoriamente humanas a pesar de que venían de su padre.⠀

Luego vino a su mente las últimas palabras de Greg mientras su vida se desvanecía sobre la cubierta de El Retiro: «…confiarán en ti…como nosotros lo hemos hecho.»⠀

Elizabeth elevó ambas manos a su rostro y lo cubrió, pero las lágrimas se escurrían por los pliegues de sus dedos.⠀

Yacía sola, de rodillas en el suelo, cubierta bajo la sombra intermitente de las palmeras que cubrían el cielo sobre su cabeza.. Una terrible angustia se anudaba en su garganta, incapaz de contener su dolor, ahora devenido en llanto.⠀

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

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