Fragmento N°305

El Filo del Tiempo

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Algunos segundos transcurrieron mientras Antoine observaba a Elizabeth con ambos niños.  Finalmente el galo dijo:—Sé que Gregor hubiese deseado que el niño se llamara como su padre.—

Ella se percató que jamás había oído el nombre del padre de Greg, durante sus charlas el tema había sido algo evasivo, y nunca habían hablado abiertamente de su pasado.

Notando su silencio, Favre continuó:—Además de ser su padre, también fue capitán antes que él, llegué a conocerlo muy bien, era un gran hombre.—

El galo giró, fue a buscar una silla, luego se aproximó nuevamente a su lado y se acomodó pesadamente mientras bostezaba una vez más:—Su nombre era Edward, sin él yo no estaría aquí.— dijo mientras sonreía toscamente.

—Greg no mencionó mucho sobre su padre en nuestras conversaciones. Tal vez porque el mío ocupó más lugar en nuestras charlas.— respondió ella con un gesto irónico.

Favre acotó:—La gran mayoría de los hombres llegaron a conocer a Edward. Tanto Edahi, Fausto, Umbukeli, hasta incluso Arthur compartió cierto tiempo con él. Pero las circunstancias que generaron su muerte son sucesos que Greg prefería no recordar.—

El niño había saciado su apetito y ahora comenzaba a acurrucarse en busca del calor del cuerpo de Elizabeth, en un santiamén quedó completamente dormido.

Antoine continuó:—Si bien Greg no solía hablar mucho de su padre, el viejo Edward está presente en gran parte de todas las cartas y documentos de navegación. Él mismo confeccionó la gran mayoría de los mapas y archivos sobre estos mares.—

Acariciando la diminuta cabeza del niño, Elizabeth dijo:—Pues será Edward Hein entonces.—

Pero no pudo evitar una sensación extraña al decir en voz alta el apellido Hein.

Ignorando su incomodidad, el galo prosiguió:—Gregor solía escribir mucho sobre su padre en su diario, o incluso cuando utilizaba los documentos del viejo. Ya sea corroborando sus observaciones o realizando anotaciones complementarias.—

El comentario de Favre captó su atención, en sus meses varados en Jamestown, Elizabeth había tenido poco tiempo libre como para revisar las pertenencias de Gregor. Y al avanzar su embarazo, comenzó a pasar más tiempo en el almacén, aislada del resto. 

—Si no es molestia, me gustaría revisar esos documentos, tal vez pueda encontrar algo que sea útil, y conocer más sobre el pasado de Gregor.— comentó Elizabeth.

El tiempo había avanzado tan rápido, y con sucesos tan caóticos para ellos, que pocos recordaban que Elizabeth y Gregor apenas habían llegado a conocerse antes de que el destino los distanciara irremediablemente.

Favre había inclinaba su cabeza lentamente para erguirla repentinamente cuando oía la voz de Elizabeth. Con sus ojos entreabiertos respondió:—Diré a Arthur que traiga mañana los libros que pueda, no será molestia.—

Ella sintió un brote de satisfacción. Le esperaban días arduos recuperándose y cuidado de ambos mellizos. La reconfortaba la idea de que la lectura le permitiera distraerse un poco.

Ya con sus ojos cerrados, el galo consultó:—Ya sabemos que el niño se llamara Edward, ¿qué hay de la niña?—

Ella corrió sutilmente la sábana que cubría a la pequeña para ver su rostro, acariciando su sien sonrió mientras respondía:—Su nombre lo he sabido desde el momento en que supe que era una niña, Victoria será su nombre, al igual que mi madre.—

Volvió a ocultar su pequeña cabeza bajo la sábana para que continuara durmiendo junto a su hermano. Luego, al no obtener ninguna respuesta de Favre, alzó su vista para observarlo. 

Pero el galo se encontraba dormido, con su cabeza inclinada pesadamente hacia abajo, sus brazos cruzados sobre el pecho, mientras un ronquido sutil sonaba como una sinfonía al ritmo de su respiración.

Procesando…
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