Fragmento N°308

El Filo del Tiempo

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La fecha se aproximaba, habían transcurrido unos diez días desde que el 𝘎𝘰𝘥 𝘰𝘧 𝘓𝘶𝘤𝘬 amarró en el puerto de Jamestown.

En ese tiempo, Roos se había mantenido notablemente auspicioso respecto al viaje. Aprovechaba cada situación para repasar los detalles del plan que llevarían a cabo una vez que zarparan.

En todo ese tiempo, Roos se había reunido una sola vez con el capitán del «galeón» ingles. Al día siguiente de haberlo conocido, visitó el muelle para cerrar formalmente el trato, temiendo que el sujeto no recordara una sola palabra de lo que habían acordado la noche anterior.

A pesar de que el capitán inglés había estado completamente ebrio apenas hace algunas horas, el sujeto recordaba con gran minuciosidad las palabras que habían fluido entre trago y trago.

El inglés no lo hacía por gratitud al prójimo, el acuerdo implicaba una suma de dinero por cada persona que subiera al barco en el trayecto de Jamestown a Nueva Ámsterdam. Para desgracia de Roos, el alcohol no le había hecho olvidar la suma que implicaba cada pasajero.

Roos Vermeulen regateó en la medida que pudo, y de mala gana aceptó el pago, el cual hizo con las mismas monedas que había robado al sujeto la noche anterior.

Luego de esa pequeña reunión, le transmitió a Gijs y Lievin los detalles del acuerdo, y comenzaron los preparativos necesarios antes de la partida.

Había algunos detalles adicionales en el acuerdo. Por un lado, todo aquel que subiera a bordo, además de pagar su pase, debería desempeñar un rol útil en la tripulación. El 𝘎𝘰𝘥 𝘰𝘧 𝘓𝘶𝘤𝘬 no era una nave de pasajeros, era un mercante armado al servicio de la corona inglesa, y su capitán no quería holgazanes a bordo. Por ello Roos indicó a sus amigos que en cuanto pisaran la borda, deberían trabajar en los roles que les fueran designados según las necesidades de la nave.

Otra de las condiciones que había impuesto el capitán inglés, era respecto a sus comodidades a bordo.  En su visita a la nave, Roos había tenido la oportunidad de observar el lugar donde dormiría él y sus compañeros, y en ese momento le había costado imaginar como era que tres personas podrían caber allí, incluso de pie.

Pero al fin de cuentas, zarparían en unas pocas horas, y habían aprovechado sus últimos minutos en Jamestown para despedirse de la ciudad y brindar por su nueva suerte en la taberna.

Utilizando el dinero de los ingleses, Roos había invitado varias rondas con las últimas monedas que quedaban. Una tras otra, pero para sorpresa de Lievin, él no bebía tanto:—¿Qué ocurre? es la primera vez que no disfrutas un buen trago pagado con dinero ajeno.—

Riendo Roos dijo:—Aún me cuesta recuperarme de la última noche que estuvimos aquí.—

—Es la edad, los años están cayendo sobre ti, viejo amigo.— dijo Gijs mientras vaciaba su botella de licor.

Roos sonrió con frialdad diciendo:—A quien la edad ha golpeado es a tí, me cuesta creer cómo harás para subir al 𝘎𝘰𝘥 𝘰𝘧 𝘓𝘶𝘤𝘬, viejo.—

Gijs, con su sentidos adormecidos por la bebida, lanzó una carcajada sacudiendo sus brazos, rociando el contenido de su botella sobre la mesa.

Lievin detectó una pizca de enojo en la mirada de Roos, pero continuó la charla:—Solo espero dos cosas cuando zarpemos, que podamos dormir al menos unas horas, y que este pueblo se hunda en el infierno.—

Roos rió por dentro al recordar el habitáculo en el cual dormirían. «Será un milagro si logras dormirte allí», pensó mientras observaba a Gijs.

Bostezando, Gisj se puso de pie y dijo:—Creo que iré a regar el césped de Jamestown por última vez.— y giró para dirigirse a la puerta trasera de la taberna y salir.

—Apresúrate, en unos minutos debemos estar en el muelle, y a tu paso llegaremos para el amanecer viejo.— dijo Roos.

Gisj encogió sus hombros mientras abandonaba el lugar a pasos lentos por la salida.

Lievin volvió a sentir cierto odio en las palabras de Roos. Lo observó, pero este se mantenía con sus manos cruzadas, mirando fijamente a un punto neutro sobre la mesa.

Al percatarse que era observando, Roos dijo:—Creo que yo también iré a desagotar antes de que nos vayamos de este maldito lugar.—

Se irguió y salió por el mismo camino que Gijs segundos antes.

Lievin observó el vaso de Roos, estaba completamente lleno. Casi no había tomado un sorbo en toda la noche.

En cuanto salió al exterior, Roos pudo observar que Gijs se encontraba con su cuerpo recostado sobre una de las paredes de la taberna, mientras jugaba con el chorro de su orina haciendo círculos imaginarios sobre la grava.

Roos se acercó por detrás, sus pisadas hicieron que Gijs volteara.

—No me gusta que me observen mientras hago lo mío.— dijo el viejo Gijs.

—No te preocupes, será rápido.— Respondió Roos.

Mientras caminaba hacia Gijs, recordaba el precio que el capitán les impuso por cada pasajero a bordo. Había tenido que mentir respecto a esa cifra, ya que incluso con lo que habían robado, solo alcanzaba para dos pases en el 𝘎𝘰𝘥 𝘰𝘧 𝘓𝘶𝘤𝘬. Por otro lado, uno de los requisitos que había obviado contar a sus compañeros, era que el capitán inglés había sido muy terminante al ordenar que solo subirían a bordo aquellos que además de pagar, pudieran trabajar, lo cual dejaba con pocas perspectivas al viejo Gijs.

Antes de que Gijs pudiese notarlo, Roos metió su mano en el interior de su chaqueta y sacó una pequeña daga. En un solo movimiento, la hundió en la espalda de su compañero, a la altura de los riñones.

Con su otra mano, sostuvo la cabeza de Gijs, tapando su boca y sosteniendo su cuerpo para evitar que cayera despatarrado sobre el suelo.

Mientras su viejo amigo se retorcía, Roos acompañó el cuerpo hasta que este quedó plácidamente acostado sobre la grava, sin causar sonido alguno.

No podían llevar a Gijs con ellos, pero tampoco podían dejarlo atrás, en la misma ciudad que sus enemigos, con toda la información que Gijs conocía respecto al plan de contactar a Cees, el hijo del Hein Piet.

Satisfecho, limpió la daga con la camisa de Gijs, y regresó a la taberna.

Al entrar, Lievin preguntó sorprendido:—¿Gijs?—

Roos dijo desentendido mientras sonreía:—Está haciendo su porquería, al parecer la comida le ha caído mal, te sugiero que no te acerques.—

Roos tomó el saco con sus pertenencias mientras decía:—Pidió que carguemos sus cosas, nos alcanzará en el muelle.—

Lievin asintió y tomó la bolsa de su amigo mientras ambos se dirigían hacia la puerta principal de la taberna. 

Mientras caminaban hacia el muelle, Lievin no podía evitar sentir que algo no estaba bien.

Avanzaron a lo largo del amarradero, y al llegar junto a la cubierta del  𝘎𝘰𝘥 𝘰𝘧 𝘓𝘶𝘤𝘬, encontraron al capitán esperando  de pie junto a su nave.

El inglés dijo:—Buenas noches caballeros.—

Roos se limitó a responder:—Solo dos, según lo acordado.—

Al momento de oír esas palabras, Lievin se percató de lo ocurrido, y un escalofrío trepó por su columna mientras cargaba en su mano la bolsa que había pertenecido a Gijs.

Haciéndose a un lado, el capitán dijo:—Todos a bordo, zarpamos.—

Dándole una palmada en la espalda a Lievin, Roos indicó:—Rápido chico, tu primero.— y ambos comenzaron a trepar la escalerilla hacia la cubierta de la embarcación.

Con cada nuevo escalón que trepaba, la duda y el miedo de Lievin se acrecentaba. En cambio, por dentro Roos solo pensaba en que ahora estarían más cómodos en el pequeño habitáculo donde dormirían.

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

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