Fragmento N°313

El Filo del Tiempo

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“Al correr la cortina, tu madre me recibió recostada con una leve sonrisa. Tu parto no fue sencillo, luego de que llegaras a este mundo la fiebre invadió el cuerpo de Megan, y a pesar de que con el correr de los días parecía recuperarse, cada mejora era seguida de periodos de fiebre intensa. Jamás pudo abandonar su lecho y ese era uno de los motivos por el cual nos vimos obligados a repostar en el cabo.

—¿Cómo te encuentras querida?— pregunté de manera pausada y clara.

Ella sonrió nuevamente, esta vez de manera más intensa, pero luego sus ojos se cerraron y volvió a caer en un sueño profundo.

—Estuvo consciente algunos minutos a primera hora de la mañana capitán, y desde ayer no ha tenido más fiebre.— comentó Fausto a mis espaldas mientras acomodaba un paño húmedo sobre la frente de Megan.

Detrás de mí escuche pasos, al girar Favre se encontraba de pie en la entrada de la tienda.

—¿Mandó a llamarme capitán?— consultó el galo.

—Así es, ¿has terminado con el oficial holandés?— pregunté.

En silencio Antoine asintió.

—¿Cuáles te han parecido sus intenciones Antoine?— 

Favre respondió sin dudarlo:—La mirada de ese tal Hein dice mucho más de lo que sus palabras permiten entender. Si bien mostró interés por las provisiones y la ayuda que podemos brindarle, sus ojos parecían más preocupados por examinar nuestras armas, el perímetro y nuestros hombres.—

Maldiciendo por dentro dije:—Como lo sospechaba.—

—Intentó hacer algunas preguntas respecto a la cantidad de hombres que podrían ayudar a cargar las provisiones al Mauritius, pero al ver que comenzaba a sospechar sus intenciones, abandonó rápidamente el tema y volvió a hacer preguntas triviales sobre la cantidad de agua dulce y alimentos que podríamos disponer.— completó el galo.

—¿Qué opinas?— consulté.

Encontrándose de hombros, Antoine cruzó sus brazos y dijo:—Estos hombres están desesperados capitán, hay algo de verdad en ello, desconozco el motivo pero veo hambre y angustia en sus miradas. Por algún motivo. se encuentran al borde de sus recursos, y temo que la desesperación pueda hacer que cometan un acto de estupidez.—

—Ve al punto Antoine.— arrojé.

El galo suspiró profundamente, luego dijo:—En fin, sospecho que nos atacarán si les damos un momento de vulnerabilidad, y si fuera ellos aguardaría a dos momentos cruciales. O bien puede ser en cuanto debamos desmantelar nuestras defensas para cargar los cañones de tierra a El Retiro, o en cuanto hagamos el intercambio de provisiones. Probablemente de noche para compensar la inferioridad numérica, si es que es verdad que son solo sesenta tripulantes, cosa que dudo mucho capitán—

Pensativo dije:—Imaginaba algo similar.—

Comencé a caminar por la tienda mientras pensaba en nuestras próximas decisiones.

—Antoine, ¿cuánto crees que tardaríamos en volver a cargar todo a bordo si de ello dependiera nuestra vida?— consulté.

Favre abrió su boca para responder, pero antes de que una palabra emergiera lo interrumpí.

—Comienza a cargar las provisiones en cuanto anochezca, sin antorchas, todo debe ser en el más absoluto silencio y oscuridad. Comienza por el té, las especias y todo lo que hicimos descender para reacomodar la bodega. Deja para el final los cañones, puede que los necesitemos en algún momento de la noche.— 

El galo asintió diciendo:—Creo que es la mejor decisión capitán, solo en caso de que hayamos malinterpretado los movimientos de nuestros vecinos, podemos dejar las provisiones prometidas en tierra al momento de partir. Y de ese modo no faltaríamos a nuestra palabra.—

—Correcto, procede de ese modo. Una cosa más Antoine, te necesito en El Retiro para cubrirnos en caso de que sea necesario, y para cuidar de Megan y Aidan mientras yo dirijo a los hombres aquí en la playa.—

—Delo por hecho capitán, impartiré las órdenes e iré inmediatamente a El Retiro para tomar el control del mismo.—

—Perfecto, si ves a Umbukeli llámalo, quiero hablar con él lo más pronto posible.— dije para concluir.

Favre asintió y giró para salir de la tienda.

Mientras meditaba rápidamente sobre el estado de la situación, la voz de Fausto volvió a interpelarme.

En voz baja el médico se dirigió a mí—Capitán, en este estado la Srta Megan necesitará reposo en tierra rápidamente, su condición se deteriorará si debiera pasar una o dos semanas en altamar.— 

—Lo sé, en cuanto cambiemos rápidamente de posición podremos volver a tierra algunos días. Por lo pronto necesitaré que prepares el traslado de Megan y Aidan a mi camarote en la nave.—

—Como ordene capitan.— afirmó Fausto.

Mientras ayudaba al médico a preparar la camilla para el traslado de Megan, Umbukeli ingresó en la tienda diciendo:—La mitad de los cañones se encuentran cargados con metralla y apuntan tierra adentro capitán. Favre me ha indicado que desea verme.—

—Así es, necesito que tú y Edahi hagan una pequeña tarea en cuanto oscurezca. Deben montar guardia en las inmediaciones del campamento de los holandeses e informarme de cualquier movimiento extraño, trata de averiguar cuántos son y cualquier información relevante.—

—Cómo ordene capitán.— sin más palabras el somalí giró y salió a paso acelerado de la tienda.»

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A medida que se acercaba de nuevo al Mauritius, Piet Hein repetía constantemente en su cabeza los datos de vital importancia que acababa de memorizar.

A unos cien pasos, logró ver que ya habían desembarcado varios de sus compañeros y que sobre la jungla costera se estaba montando un improvisado campamento. Justo en el perímetro de la vegetación, se encontraba de pie el capitán Olivier Van Noort discutiendo con otro de sus oficiales.

Al verlo aproximarse, interrumpió la charla con el oficial y giró para enfrentar a Hein, sin ningún preámbulo preguntó:—¿Y bien? ¿Cuántos hombres tienen esos malditos?—

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.

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