Fragmento N°83

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Greg y Edahi atravesaban el mercado que rodeaba la plazoleta principal de la ciudadela.

Un sinfín de puestos se aglutinaban sobre la calle, cada cual con un comerciante ofreciendo joyas, artesanías, pescado, carne seca, telas y especias.

Sobre el final de la calle, el corredor se abría hasta desembocar en una plazoleta de adoquines, en cuyo centro se erguía una plataforma sobre la cual desfilaban esclavos que se estaban ofreciendo.

Un esclavista dirigía la subasta, en ese preciso instante, mientras ellos tomaban la esquina de la plazoleta, estaba comenzando la puja por una mujer negra y su bebé en brazos.

Gregor alzó la mirada al escenario y observó a la mujer con su bebe, dijo a Edahi:— Siempre me dio mala espina, nada bueno puede suceder en un lugar donde se comercia con el alma de un hombre.—

Mientras caminaban Edahi dijo:—Los esclavos existen porque hay hombres que los venden, hombres que los compran, y hombres que los usan, capitán. ¿Cuál es más culpable?—

Greg echó un último vistazo a la mujer y su hijo antes de doblar en la esquina y darles la espalda: —Si fuese por mí, arrojaría al fondo del mar a todos.— Continuaron por la calle secundaria alejándose, el murmullo quedó atrás y las casas amplias y locales comenzaron a dar lugar a pequeñas cabañas.

Edahi cortó el silencio y consultó:— Lo que no comprendo del todo capitán, es ¿Por qué teniendo poco tiempo y estando en un lugar tan arriesgado tenemos que ir esta taberna de mala muerte?—

Greg lo miró y sonrió pícaramente mientras respondía y caminaba:— De más está decir que nos vendrá bien tomar un trago, pero verás mi amigo, si algo he aprendido del perro viejo de mi padre, es que la mejor forma de encontrar información preciada y actualizada es intercambiando tragos con otros marineros en la taberna más espantosa y del bajo mundo que uno pueda encontrar.—

Edahi asistió y dijo:— ¿seguro que no se trata solo de beber?—

Greg frenó en la puerta, sobre la entrada había un cartel que indicaba:»La Barracuda». Dijo:— Vamos amigo, demasiadas preguntas.— y le dio una palmada a Edahi en la espalda para que ingresara.

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