Fragmento N°85

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Edahi y Greg se habían posicionado en un rincón alejado de la taberna, sentados en dos taburetes alrededor de una pequeña mesa maltratada.

Detrás de ellos se encontraba una mesa extensa, con cinco sujetos que hablaban en español y portugués. Habían terminado de comer y conversaban acaloradamente, escuchando a uno de ellos que estaba particularmente exaltado diciendo:—¡Toda la flota del rey Felipe quiere su cabeza!, lo han cazado por los siete mares y aún no han podido dar con él.—

Otro de los integrantes, de aspecto algo más refinado que el resto, dijo: —He oído que la recompensa por su cuello es su mismo peso en oro.—

El individuo del extremo de la mesa afirmó :— Si así fuese, le daría un banquete y algunas cervezas antes de entregarlo.— Toda la mesa irrumpió en un estallido de carcajadas y exabruptos, golpeando sus vasos contra los tablones, derramando ron, y haciendo caer algunos cubiertos al suelo.

El mismo que se encontraba exaltado dijo:— Nunca comprendí , porque lo apodan «El Celta».—

El señor refinado tomó la palabra:—He llegado a saber que su padre era escocés, y de allí «El Celta».— Hubo un silencio, y el hombre continuó:—También lo apodan Celta, debido a los tatuajes celestes que decoran su cuerpo y rostro, es un salvaje.—

Greg, simulando estar ebrio alzó la voz y sin mirarlos dijo:— Ese salvaje merece dormir por siempre en el fondo del mar, saqueó nuestra nave cuándo nos dirigíamos hacia aquí, todo el que navegue al sur del Ecuador está en manos de esa anguila maldita.— Los sujetos de la mesa quedaron en silencio.

Greg giró y simuló casi perder el equilibrio en el movimiento, mientras con voz de aparente ebriedad dijo:— Si alguna vez vuelvo a ver a ese Celta, no importa el costo, pondré una bala entre sus ojos.—

Y volvió a girar para dirigirle la mirada a Edahi, sonriendo en voz baja dijo:— Y así es como se siembra el rumor de que el Celta es un despiadado y viaja al sur.— Repentinamente un cantinero se acercó a la mesa y con un acento extraño dijo:— ¿Qué les sirvo?— Greg miró al sujeto de pies a cabeza, era gigante, de ojos pequeños y cabello rojizo.

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