Fragmento N°215

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Al descender la escalinata, Greg comenzó a recorrer su mente, reviviendo los fragmentos de la charla que había sostenido con Elizabeth. En el poco tiempo que la conocía, la había notado por demás nerviosa al momento de contarle acerca de la llave que simulaba ser un prendedor, como si la muerte se arremolinase a su alrededor cuando comenzó a hablar de ello. Greg se dirigió a la puerta de su camarote, estaba decidido a comprender qué era lo que torturaba su mente, y por qué el terror la invadía al hablar acerca de su padre y ese prendedor.

Mientras repasaba en su mente las palabras que diría, una idea emanó en su interior y lo detuvo en seco en medio del corredor, a pocos pasos de la puerta del camarote de Elizabeth. Para sus adentros, Greg pensó: «¿Qué haría el viejo en esta situación?».

El recuerdo de su padre hizo que aferrase con fuerza la empuñadura de su chafarote, como si estuviese buscando fuerza en el tacto con su arma.

Cambió de planes, volvió a avanzar pero esta vez no se detuvo en la puerta del camarote de Elizabeth.

Continuó hasta el final del corredor e ingresó en su propio habitáculo. Al entrar, pudo ver que Edahi continuaba inconsciente, recostado en su litera. Greg se dirigió al cofre que se encontraba junto a su escritorio. Abrió el baúl y con su manó hurgó entre sus objetos personales, corrió hacia un costado unos pergaminos amarillentos y extrajo con cuidado un sable que allí se encontraba.

Lo colocó sobre el escritorio, y desabrochó el chafarote que llevaba montado sobre su cintura para colocarlo sobre el escritorio también. Al ver un arma al lado de la otra sobre la vetusta madera, pudo percibir con claridad las diferencias que arrojaban. El chafarote era sustancialmente más robusto, ancho, de una curvatura leve, y a la vista pesado. Un arma que destacaba por su poder y no por su agilidad.

Volvió a tomar el sable, alzándolo y examinándolo. Era un arma fina, delgada y curva, sustancialmente más ligera pero firme.

Era el sable de Nock, quien antes había pertenecido a su padre. Ahora era de él, le pertenecía, e iba hacerle honor a ese derecho.

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